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Salud Flaco, pero che, mirame a los ojos...
por Carlos Palleiro, desde México

Querido amigos, se murió JUCECA, Julio César Castro. Estaba en mi trabajo y de repente entró un mail del petiso Ariel Hernández, y sin más: "Flaco: Una fea. Ayer murió Juceca.", no pude no leer la noticia.

¿Qué queda de aquél Uruguay? El de Capagorry, Capita, el Flaco Zitarrosa, el Flaco Denry Torres, el Pacho Barnes, Carlitos Pieri, el Cholo Loureriro, el Bolsa Carrozzzino, el Flaco Pollini, Daniel Waskman, Elina Berro, Mónica, el petiso Rial, el viejo Club de Teatro, la vieja revista Misia Dura, la Claraboya Amarilla, el Galpón Chico, Pepe El Oriental Vázquez, Camerata, la vieja barra de ARCA, con el timonel al frente, el Padrino Beto Oreggioni, y los que todavía andamos por ahí el Colo, el Pastilla Fornaro, el Cuque Sclavo, el Ruffinelli, la rubia Alicia Migdal, el profesor Juan Flo, Anhelo Hernández, el Gordo Darnet, el Nestor Silva, el Pancho Graells, el Monteagudo, el Canario Campaña, Cardillo, el loco MAR, Minguito, el flaco Alíes, el Corto Buscaglia, y el grande, el Flaco Denevi. En fin, qué paliza de nostalgia, y para rematar les mando una carta de papel que me dio el Flaco Juceca cuando llevé mi exposición "Qué treinta años no es nada", en marzo de 2001, y además. dos portadas de Don Verídico 1. Una es de la que habla el Flaco en su carta, la otra creo que él nunca la vio. Valen las dos.

Y sobre la pregunta inicial, yo me respondo, queda el cariño de todo un pueblo por el Flaco Juceca que siempre fue nuestro emblema.

Salud Flaco, pero che, mirame a los ojos, viste, por aquello de la cuestión. El Flaco Palleiro

Montevideo marzo 27 de 2001, carta de Juceca a Carlos Palleiro, durante una de sus visitas a Uruguay, cuando expuso sus diseños gráficos en el atrio de la IMM.

Querido amigo y compañero Palleiro
Te escribo esta cartita porque no sé dónde podré verte antes de que te vayas, y si te veo no sabré cómo decirte lo mucho que me gustó encontrarte y escucharte, disfrutar tu obra magnífica. La claridad, la firmeza y convicción de tu discurso, me pareció ejemplar en estos tiempos, y en estos pagos, donde muchos, poco menos que se andan disculpando por haber pensado en un futuro mejor para la humanidad, como avergonzados, como si todo hubiera sido un gran equívoco, un error a enmendar mediante el silencio, o lo que es peor, disfrazarlo con una risita de "fue sin querer, no me di cuenta, me engañaron". En lo que me es personal, creo deberle a mi Partido Comunista Uruguayo gran parte de lo bueno que puedo tener, y nada de lo malo que seguramente tengo. Podía no entender todo 1o que decía Arismendí, pero sabía de qué se trataba, y más allá de algunos resultados que siempre es cómodo mostrar después que se jugó el partido (sé jugó El Partido, digo también), tenía, tuvimos y tenemos razón. Tu presencia, tu vida, tu obra; son, para mí, reivindicatorias de una línea de pensamiento y acción, a la que, modestamente, sigo firmemente adherido.

En otro momento, si las vueltas de la vida nos arriman, y si coincidimos en la hora de tomarnos una, recordaremos lugares y amigos, aquella caminata de Aguas Dulces a Cabo Polonio, y te contaré lo que sigo haciendo en el humor, en el amor, escribiendo y actuando, buscando, asombrado siempre de esta maravilla que es la vida, y admirando a quienes como tú, saben qué hacer con ella.

Te adjunto la primera tapa que ideaste para mi primer libro, y que ante mi tonta pretensión de que Don Verídico no fuera identificado con "un rostro", cambiaste por la del tipo montado en la caldera. ¡La guardé durante treinta años, carajo! Aquí te la reintegro.

Un abrazo fraterno de tu amigo Julio César Castro Juceca

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