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Requiem
para
Hacia ella caminé con menos de dos años el primer día que me lancé a la aventura. La reclamé más de una vez en cumpleaños varios, porque la extrañaba. La habían traído mis abuelos. No era esclava pero ella no sabía muy bien distinguir entre eso y el servicio a sus patrones. Llevó a mi madre a la escuela cuando ésta tenía 10 años solamente y ella 20. Siempre quedó junto a nosotros, mi familia, aunque jamás aceptó vivir bajo el mismo techo. Ya jubilada nos siguió visitando, y la acompañé innúmeras veces a la Caja Rural cuando quedaba en Uruguay casi Julio Herrera, donde hasta hace un tiempo se tramitaban los pasaportes. Allí trabajaba Juan Angel Silva. El insigne creador de Morenada. El amigo de quien yo solo, y luego mi madre y mi hermano por añadidura, llamarían Yaya. El que nos hacía pasar -¿nos dejaba colar?- porque ya era mayor y no podía estar mucho parada. Ahora se nos fue Juan Angel. Y se me murió otro poquito de Yaya. A pesar de haber llegado a sus 83, un cáncer le hizo decir adiós. Adiós. Casi no me queda nada. No tengo fotos, ni siquiera la Credencial, porque cédula de identidad nunca tuvo. Algún sobrino que ya no existe se quedó con su carné de jubilada. Se me sigue muriendo, y no sé qué lamentar más. Chau Juan Angel, ya que te vas a juntar con ella ¿no le decís que la extraño, tanto como ahora empezamos a extrañarte a ti? LA ONDA® DIGITAL |
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