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Plan Puebla-Panamá:
mitos y realidad

por Marcelo Antinori*

Recientemente visité el sitio arqueológico de Tikal, una de las joyas más brillantes de la cultura maya. Mi guía, un joven guatemalteco, me acompañó hasta la cima de uno de los antiguos templos, desde donde observamos la sobrecogedora belleza del bosque de El Petén. Le comenté al guía mi admiración por su región, y grande fue mi sorpresa cuando me contestó: "Sí, lástima que todo va a quedar inundado por el Plan Puebla-Panamá".

Esta es sólo una de tantas diversas anécdotas que he acumulado en los últimos dos años, desde que el Banco Interamericano de Desarrollo me designó coordinador del equipo de apoyo del Plan Puebla-Panamá (PPP), una iniciativa de integración regional que promueve la cooperación entre los ocho países mesoamericanos (Panamá, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Honduras, Belice y México). Frecuentemente leo en los medios de la región, o en sitios de Internet de todo el mundo, los más disparatados mitos sobre el plan.

Una de las fábulas más repetidas es que el PPP va a financiar toda suerte de represas hidroeléctricas que terminarán por anegar cuanto sitio arqueológico y reserva ecológica existe entre Puebla y Panamá. La realidad es mucho menos alarmante: el PPP no va a financiar ninguna represa, porque desde un principio se propuso evitar los proyectos de generación de electricidad.

Y no porque la región mesoamericana no necesite servicios eléctricos de buena calidad, más confiables y baratos. El alto costo de la energía es uno de los factores que le resta competitividad a sus economías. El impacto lo pagan tanto las empresas como las familias.

En donde el PPP sí está ayudando es en facilitar la integración energética de la región. Uno de sus proyectos, el Sistema de Interconexión Eléctrica para los Países de América Central (SIEPAC), creará una línea de transmisión eléctrica que vinculará a Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, reforzando sus respectivas redes de transmisión nacionales.

El SIEPAC propiciará la formación de un mercado mayorista regional para transacciones de electricidad. De esta manera, por ejemplo, cuando una distribuidora enfrente un pico de demanda que supera la capacidad de generación disponible en su propio país, podrá adquirir electricidad en otro país. No sólo se contará con un suministro más confiable sino que se lograrán economías de escala que facilitarán las inversiones en centrales generadoras más grandes, más eficientes y más limpias. Los costos de la electricidad tenderán a caer, beneficiando eventualmente a las economías y a los consumidores.

Otro mito sobre el PPP es que es una iniciativa engendrada en Washington que no admite ni discusiones ni modificaciones. La realidad es que el plan es propiedad de los países mesoamericanos y será lo que ellos quieran que sea. Su progreso refleja la voluntad de la región de lograr una mayor integración. Asimismo el PPP admite cambios y añadidos. Por ejemplo, en las consultas entre los gobiernos y la sociedad civil surgió el tema de la electrificación rural. Si bien este ha sido un asunto tradicionalmente considerado como una responsabilidad de orden nacional, los países mesoamericanos han resuelto cooperar en la medida de lo posible para ampliar la cobertura de los servicios eléctricos en zonas rurales, donde suele concentrarse la pobreza. En octubre de este año celebrarán en Guatemala una reunión para impulsar el aprovechamiento de fuentes de energía renovables, tales como la solar, eólica, biomasa y geotérmica.

La colaboración impulsada por el PPP no se limita a la infraestructura o el comercio. Con apoyo del BID, los países ya están trabajando en programas de desarrollo sostenible y gestión de cuencas multinacionales, como en la región del Trifinio entre Guatemala, El Salvador y Honduras. Estos proyectos abarcan desde la conservación del medio ambiente hasta el uso sostenible de los recursos naturales, la prevención de desastres y el combate a la pobreza. En pocas palabras, el PPP brinda una oportunidad para que los países mesoamericanos trabajen en conjunto para lidiar con desafíos compartidos.

¿Resolverá el PPP todos los problemas de la región mesoamericana? Desde luego que no. Pero representa un compromiso con la integración y la modernización. Cabe señalar que esta no es la única región del mundo que está haciendo esfuerzos en ese sentido. En América del Sur, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, está impulsando la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana. El diagnóstico del nuevo gobierno brasileño es simple: la infraestructura deficiente limita las posibilidades de integración y crecimiento de los países sudamericanos. La propuesta de Lula: hay que mejorar las conexiones viales, ferroviarias, fluviales y energéticas entre los 12 países de la región.

El PPP aspira a más que la integración de la infraestructura. Su propósito es avanzar en la construcción de una región más próspera, más segura y más justa. Los países mesoamericanos -sus gobiernos, sus ciudadanos y sus organizaciones- serán los que marquen el paso.

*Marcelo Antinori es coordinador del equipo del BID para el Plan Puebla-Panamá y jefe de la División de Infraestructura y Mercados Financieros del Departamento Regional de Operaciones 2 del BID

Pagina Vinculante:
http://www.iadb.org/ppp/

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