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Plan
Puebla-Panamá:
Esta es sólo una
de tantas diversas anécdotas que he acumulado en los últimos dos
años, desde que el Banco Interamericano de Desarrollo me designó
coordinador del equipo de apoyo del Plan Puebla-Panamá (PPP), una
iniciativa de integración regional que promueve la cooperación
entre los ocho países mesoamericanos (Panamá, Nicaragua, El
Salvador, Guatemala, Costa Rica, Honduras, Belice y México).
Frecuentemente leo en los medios de la región, o en sitios de
Internet de todo el mundo, los más disparatados mitos sobre el
plan. Una de las fábulas
más repetidas es que el PPP va a financiar toda suerte de
represas hidroeléctricas que terminarán por anegar cuanto sitio
arqueológico y reserva ecológica existe entre Puebla y Panamá.
La realidad es mucho menos alarmante: el PPP no va a financiar
ninguna represa, porque desde un principio se propuso evitar los
proyectos de generación de electricidad. Y no porque la región
mesoamericana no necesite servicios eléctricos de buena calidad,
más confiables y baratos. El alto costo de la energía es uno de
los factores que le resta competitividad a sus economías. El
impacto lo pagan tanto las empresas como las familias. En donde el PPP sí
está ayudando es en facilitar la integración energética de la
región. Uno de sus proyectos, el Sistema de Interconexión Eléctrica
para los Países de América Central (SIEPAC), creará una línea
de transmisión eléctrica que vinculará a Panamá, Costa Rica,
Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, reforzando sus
respectivas redes de transmisión nacionales. El SIEPAC propiciará
la formación de un mercado mayorista regional para transacciones
de electricidad. De esta manera, por ejemplo, cuando una
distribuidora enfrente un pico de demanda que supera la capacidad
de generación disponible en su propio país, podrá adquirir
electricidad en otro país. No sólo se contará con un suministro
más confiable sino que se lograrán economías de escala que
facilitarán las inversiones en centrales generadoras más
grandes, más eficientes y más limpias. Los costos de la
electricidad tenderán a caer, beneficiando eventualmente a las
economías y a los consumidores. Otro mito sobre el
PPP es que es una iniciativa engendrada en Washington que no
admite ni discusiones ni modificaciones. La realidad es que el
plan es propiedad de los países mesoamericanos y será lo que
ellos quieran que sea. Su progreso refleja la voluntad de la región
de lograr una mayor integración. Asimismo el PPP admite cambios y
añadidos. Por ejemplo, en las consultas entre los gobiernos y la
sociedad civil surgió el tema de la electrificación rural. Si
bien este ha sido un asunto tradicionalmente considerado como una
responsabilidad de orden nacional, los países mesoamericanos han
resuelto cooperar en la medida de lo posible para ampliar la
cobertura de los servicios eléctricos en zonas rurales, donde
suele concentrarse la pobreza. En octubre de este año celebrarán
en Guatemala una reunión para impulsar el aprovechamiento de
fuentes de energía renovables, tales como la solar, eólica,
biomasa y geotérmica. La colaboración
impulsada por el PPP no se limita a la infraestructura o el
comercio. Con apoyo del BID, los países ya están trabajando en
programas de desarrollo sostenible y gestión de cuencas
multinacionales, como en la región del Trifinio entre Guatemala,
El Salvador y Honduras. Estos proyectos abarcan desde la
conservación del medio ambiente hasta el uso sostenible de los
recursos naturales, la prevención de desastres y el combate a la
pobreza. En pocas palabras, el PPP brinda una oportunidad para que
los países mesoamericanos trabajen en conjunto para lidiar con
desafíos compartidos. ¿Resolverá el PPP
todos los problemas de la región mesoamericana? Desde luego que
no. Pero representa un compromiso con la integración y la
modernización. Cabe señalar que esta no es la única región del
mundo que está haciendo esfuerzos en ese sentido. En América del
Sur, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, está
impulsando la Iniciativa de Integración de la Infraestructura
Regional Sudamericana. El diagnóstico del nuevo gobierno brasileño
es simple: la infraestructura deficiente limita las posibilidades
de integración y crecimiento de los países sudamericanos. La
propuesta de Lula: hay que mejorar las conexiones viales,
ferroviarias, fluviales y energéticas entre los 12 países de la
región. El PPP aspira a más que la integración de la infraestructura. Su propósito es avanzar en la construcción de una región más próspera, más segura y más justa. Los países mesoamericanos -sus gobiernos, sus ciudadanos y sus organizaciones- serán los que marquen el paso. *Marcelo Antinori es coordinador del equipo del BID para el Plan Puebla-Panamá y jefe de la División de Infraestructura y Mercados Financieros del Departamento Regional de Operaciones 2 del BID Pagina
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