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Estados
Unidos y los procesos
Esa
dirección es todavía válida en la política exterior brasileña.
Visto de cerca, un buen entendimiento entre los dos países también
conviene por igual a ambos presidentes. Se trata, ante todo, de un
dato cartográfico: son dos masas territoriales con enormes
dimensiones y grandes contingentes poblacionales que necesitan
mantener lazos estrechos, a pesar de las divergencias. Tal
como la «secular rivalidad» con la Argentina, la «tradicional
amistad» de Brasil con Estados Unidos constituye, en gran medida,
un estereotipo ideológico manipulado las más de las veces con el
objetivo de influir en la política
exterior y pautar, de acuerdo con determinados intereses, la
marcha de las relaciones internacionales dentro del hemisferio. En
realidad, las relaciones entre Brasil y EEUU no fueron siempre tan
amistosas, ni las relaciones con la Argentina tan ásperas. En el
siglo XIX,
el gobierno brasileño suspendió tres veces (1827, 1847 y 1869)
las relaciones diplomáticas con EEUU pese a que desde 1848 ya
destinara a ese mercado la mayor parte de sus exportaciones,
principalmente de café. Las relaciones entre ambos países
mejoraron después de 1870, y el alineamiento con EEUU durante la
primera mitad del siglo XX
fue reflejo de una
complementariedad económica en la que las ventas de Brasil dependían
entre 60% y 70% de las exportaciones de café y, en igual proporción,
del merca-do norteamericano. Sin embargo, así como en el siglo XIX
Brasil reaccionó
frente al predominio de Gran Bretaña, con la que entró en
conflicto desde 1844 al rechazar las presiones para reanudar el
Tratado de Comercio de 1827, tampoco aceptó pasivamente la
hegemonía de EEUU, sobre todo a partir de 1951 cuan-do Getúlio
Vargas, al volver al poder, intentó completar su tarea previa
consolidando el proceso de industrialización promovido desde 1930
como un proyecto de Estado. Geografía y políticas de Estado Acertadamente,
el periodista argentino Mariano Grondona 1
observó que no
puede hablarse de una política externa de Fernando Henrique
Cardoso u otra de Luiz Inácio Lula da Silva, puesto que Brasil,
cualquiera sea su gobierno, desarrolla sus relaciones exteriores
como política de Estado, manteniendo una línea
de continuidad aun dentro de los cambios que puedan producirse.
Por
cierto, el país pone énfasis en América del Sur, aunque no a
causa de dar por «perdido»
su proyecto hegemónico en América Latina del Norte (México),
América Central y el Caribe –con excepción de Cuba, en manos
de EEUU–, como sugiere Grondona añadiendo que, fuera de
Colombia, «América del Sur es el área donde Brasil puede
aspirar aún a un papel hegemónico, dividiéndose de
este modo el hemisferio occidental en dos porciones: el Norte
‘norteamericano’, y el Sur ‘brasileño’». Más bien,
Brasil no da por «perdido» su proyecto hegemónico en América
Latina del Norte, porque, desde el tiempo de la monarquía, en el
siglo XIX,
nunca aspiró a tener injerencia en esa región, siempre
considerada área de influencia de EEUU. El concepto de América
del Sur estuvo latente en todo momento en la política exterior
brasileña, al contrario de la noción de América Latina,
demasiado genérica y sin consistencia respecto de los reales
intereses económicos y políticos brasileños, que siempre se restringieron,
particularmente, a los países de la Cuenca del Plata, o sea
Argentina, Uruguay y Paraguay. Conforme ha señalado João Augusto
de Araújo Castro, embajador en Washington (1971-1975), Brasil jamás
consideró sus relaciones con EEUU como un capítulo de las
relaciones entre EEUU y América Latina.«Brasil desea cooperar
con todos los países del hemisferio, pero no quiere ser
confundido con ninguno de ellos, ni siquiera admitiría ser
confundido con la ‘totalidad’
del hemisferio»2 .
Esto reflejaba no solo la resistencia brasileña a diluirse dentro
de América Latina, sino también el rechazo a tal concepto,
difundido por otra parte durante la ocupación de México
(1862-1867)
por las tropas de Napoleón III, cuando instalaron y sostuvieron a
Maximiliano de Austria. La
percepción de dos Américas, distintas no por sus orígenes étnicos
o diferencia de idiomas sino por la geografía, fue lo que siempre
modeló la política exterior de
Brasil, que desde el siglo XIX
se abstenía de
cualquier involucramiento en América del Norte, América Central
y el Caribe mientras resguardaba a América del Sur como su área
de influencia. En
1849, cuando Inglaterra anexó la Costa de Mosquitos, en
Nicaragua, Brasil apoyó la protesta estadounidense, pero dejando
en claro que no participaría en una guerra y reservando su «facultad
de obrar conforme a sus intereses y a la
dignidad de la Corona Imperial»3
. También en 1861
no aceptó la invitación del
secretario de Estado norteamericano, W.H. Seward, para intervenir
junto con EEUU contra la ocupación de México por las fuerzas de
Napoleón III, aunque el emperador Don Pedro II personalmente no
aprobase la instalación de un
régimen monárquico bajo la dominación de Francia 4
; se alegó que no
había
mayor interés en la cuestión. De manera que los intereses de
Brasil se restringían primordialmente a la Cuenca del Plata y, en
cierta medida, a los demás países de América del Sur. La política exterior del barón de Río Branco (1903-1912), continuando la tendencia de la diplomacia del Imperio (1822-1889), siguió orientaciones similares, al considerar las Américas como una especie de condominio en el que Brasil ejercería libremente su influencia sobre el Sur, mientras EEUU mantendría bajo su tutela el Norte, el Centro y el Caribe. Cuando en 1903 Panamá se separó de Colombia con el apoyo estadounidense, Río Branco, no obstante lamentar el acontecimiento, en lugar de protestar reconoció la nueva República, en acuerdo con la Argentina y Chile, para mantener la unidad con los cuales pretendió establecer un pacto de cordial inteligencia, conocido por las iniciales de éstos como ABC. En 1910, Brasil no atendió a un pedido de buenos oficios de Nicaragua para impedir que un barco de guerra norteamericano continuara. Apoyando
una insurrección local 5
. Pero en 1908
reaccionó enérgicamente contra la actitud de EEUU, que estaba a
punto de favorecer a Perú en el litigio sobre los
territorios de Purus y Juruá. En esa oportunidad afirmó el «derecho
nuestro (brasileño)
a operar en política en esta área sin tener que pedir licencia o
dar explicaciones» al gobierno norteamericano, que no debía
involucrarse «para aumentar desacuerdos nuestros, en las
cuestiones en que estamos empeñados»6
En
1909 Brasil estaba dispuesto a romper relaciones con EEUU si el
presidente William Howard Taft ejecutaba el ultimátum dado a
Chile para el pago de un millón de dólares, reclamado por la
empresa norteamericana Alsop & Co.7 En
1935, al constatar que Brasil era excluido de una conferencia económica
sobre
la cuestión del Chaco, Oswaldo Aranha, entonces embajador en
Washington, advirtió al secretario de Estado que «nada explica
nuestro (brasileño) apoyo a EEUU en las cuestiones de América
Central, sin una actitud recíproca de apoyo al Brasil en la América
del Sur»8 .
Posteriormente, como canciller de Getúlio Vargas (1930-1945) firmó
con Enrique Ruiz-Guiñazú, par de la Argentina, el Tratado del 21
de noviembre de 1941, con el objetivo de «establecer en forma
progresiva un régimen de intercambio libre, que permita llegar a
una unión aduanera ... abierta a la adhesión de los países limítrofes»;
o sea, a la adhesión de los países de América del Sur. Ese
Tratado no se concretó porque pocas se-manas después, en diciembre de 1941, Japón atacó la base
norteamericana en Pearl Harbor, dando al presidente Roosevelt el
pretexto para vencer las tendencias
aislacionistas e involucrar a EEUU en la guerra contra el Eje, «como
una cruzada, con el lema de que América irá a liberar a Europa
del yugo alemán»9
Intentos de
integración Los factores políticos y económicos de nuevo impidieron que ese entendimiento avanzara. Pero en 1986 los presidentes Raúl Alfonsín (1983-1989) y José Sarney (1985-1990) decidieron integrar los dos países en un mercado común abierto a otras naciones de la región 12 , renovando, sin conocerlo, la iniciativa de 1941. Ese objetivo fue cimentado, en noviembre de 1988, por el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, por medio del cual ambos países se compro-metieron a formar un espacio económico común, en el plazo de 10 años, que los presidentes Carlos Menem (1989-1990) y Fernando Collor de Melo (1990-1992) decidieron reducir a 5, hasta diciembre de 1994, adaptando los objetivos del Tratado de 1988 a las políticas de apertura económica y reforma arancelaria, de modo de acelerar en ambos países la liberalización comercial. El proceso de integración, hasta entonces más o menos adelantado por medio de protocolos sectoriales, asumió un carácter librecambista, de apertura general, sin protección sectorial y sin comercio administrado (salvo el automotriz), aunque con excepciones. Uruguay y Paraguay, en marzo de 1991, se unieron con la celebración del Tratado de Asunción, que determinó la constitución del Mercado Común del Sur (Mercosur), mediante la eliminación automática de los gravámenes y demás restricciones al comercio, y el establecimiento de un arancel común a más tardar el 31 de diciembre de 1994. El
proyecto no era formar una simple área de libre comercio, sino
constituir la raíz de un futuro mercado común, base de un Estado
supranacional como la Unión Europea. De
ahí que Brasil, bajo la conducción del canciller Celso Amorim,
en 1993 iniciara negociaciones para armar una red de acuerdos de
libre comercio con los países de la Comunidad Andina de Naciones
(CAN) y crear en un plazo de 10 años el Área de Libre Comercio
Sudamericana (Alcsa). Este proyecto desarrolló y amplió la
Iniciativa Amazónica, que Brasil lanzara en 1992, tras la
celebración del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan).
Y probablemente el anuncio del presidente Itamar Franco
(1992-1995), en octubre de 1993, haya incidido, entre otros
factores, para que el presidente Bill Clinton (1993-2001)
procurase revitalizar la Iniciativa para las Américas lanzada por
George Bush (1989-1993) en 1990, proponiendo a fines de 1994 la
formación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), de
hecho una ampliación del Tlcan que abarcaría todo el hemisferio para 2005. La
cuestión ALCA/Mercosur se tornó así el principal nervio de la
rivalidad entre Brasil y EEUU, por involucrar profundas
contradicciones y entrelazamientos de intereses económicos, políticos
y estratégicos. El establecimiento del Alcsa, teniendo como núcleo
el Mercosur, no convenía a EEUU, representaba un gran obstáculo
a su proyecto de integración hemisférica subordinada y otorgaría
más
bargain power a
Brasil y los demás Estados de la región del que tendrían
individualmente en cualquier negociación que fuesen a encarar
hacia el ALCA 13 ,
en el cual por otro lado Brasil no tenía interés, ya que no podía
permitir, como lo hizo Argentina, que su parque industrial se
desmantelara y quedara convertido en chatarra bajo una devastadora
reducción de aranceles y soportan-do crecientes saldos negativos
en su balanza comercial. El embajador Samuel Pinheiro Guimarães,
uno de los encargados de las negociaciones de los acuerdos de
integración Brasil-Argentina, en 1986-1987, cuando aún era
consejero-jefe de la División Económica de Itamaraty, denunció
el ALCA como parte de la estrategia de mantenimiento de la hegemonía
política y económica de EEUU, «que realizaría su designio histórico
de incorporación subordinada de América Latina a su territorio
económico y a su área de influencia político-militar»14
e insistió en que
Brasil debía abandonar los entendimientos para su implementación:
«El ALCA llevará a la desaparición del Mercosur», advirtió. Dada
la preocupación de gran parte del empresariado brasileño frente
a los riesgos de la propuesta norteamericana y las crecientes
dificultades del Mercosur, desencadenadas por la devaluación del
real en 1999, el presidente Cardoso comenzó a hacer énfasis en
la idea de América del Sur y en el proyecto del Alcsa,
promoviendo una reunión de los jefes de Estado, a realizarse en
Brasilia en septiembre de 2000. Antes del encuentro, lo definió
como una «reafirmación de la propia identidad de la América del
Sur como región», donde la democracia y la paz permitirían una
integración cada vez más intensa entre países que conviven en
vecindad. Y realzó: «La vocación de la América del Sur es la
de ser un espacio económico integrado, un mercado ampliado por la
reducción o eliminación de trabas y obstáculos al comercio, y
por el perfeccionamiento de las
conexiones físicas en transportes y comunicaciones»15
. El fundamento para esa integración económica sería el Mercosur, y dentro de éste el Brasil, que lo impulsaba no solamente por motivos económicos y comerciales sino también por razones políticas y geopolíticas. «Mercosur es más que un mercado; es, para Brasil, un destino», dijo Cardoso en 2001 16 . Y esta frase, expresando la continuidad esencial de la política exterior brasileña, repercutió en EEUU 17 , lo que llevó a Henry Kissinger a constatar que el Mercosur tendía a presentar los mismos rasgos de la UE, que buscaba definir una identidad política distinta de EEUU, si no una manifiesta oposición. «Especialmente en Brasil hay líderes atraídos por la perspectiva de una América Latina políticamente unificada que choca con EEUU y con el Tlcan», observó Kissinger. Según percibió, mientras se concebía el ALCA como un área de libre comercio, el Mercosur representaba una unión aduanera, que por su naturaleza tendría un arancel externo común más alto que el vigente entre los Estados asociados, buscando evolucionar hacia un mercado común; señalaba que ello no sería conveniente, porque probablemente afirmaría la identidad latinoamericana como separada y, de ser necesario, opuesta a EEUU y al Tlcan. «... Todo esto ha creado un potencial de disputas entre Brasil y EEUU sobre el futuro del Cono Sur del hemisferio occidental», reconoció Kissinger. 18 . Brasil
posee uno de los 10 mayores parques industriales del mundo,
relativa-mente eficiente y diversificado en sus exportaciones,
compuestas en más de 50% por manufacturas y productos de tecnología
avanzada, que suplantaron al azúcar, el café, el cacao y otros commodities
de escasa elaboración. El
esfuerzo de integración con Argentina, teniendo como base el
Mercosur, apunta a la ampliación de su espacio económico,
favorecido por la contigüidad geográfica, a lo largo de la
plataforma continental, cuyo eje Río de Janeiro-San Pablo-Córdoba-
Rosario-Buenos Aires, constituye la región de mayor desarrollo
del subcontinente. La
perspectiva brasileña es que la unión aduanera evolucione hacia
un mercado común, unificando las políticas macroeconómicas y
articulando las bases de un Estado supranacional, como la UE. Esto
permitiría a Brasil concretar su destino de potencia mundial, no
aisladamente sino integrado con los demás países de América del
Sur. Es un proyecto distinto del ALCA, dentro del cual circularían
solamente mercancías y capitales, no la fuerza de trabajo, y por
consiguiente se contrapone a los propósitos tanto económicos
como políticos de EEUU. La
crisis que se abatió sobre Brasil, Argentina y otros países de
la región a fines de los años 90, afectó la consolidación del
Mercosur. Fue una crisis preexistente a la ejecución del programa
neoliberal del Consenso de Washington. Pero las condiciones económicas,
sociales y políticas que en los años 60 y 70 habían derivado en
los movimientos de insurgencia, se agravaron al final de una década
de políticas neoliberales, ejecutadas por gobiernos democráticamente
electos. La
deuda externa continuó siendo un problema para toda América
Latina. Al
finalizar 2001, según un informe del SELA, la deuda alcanzó la
«alarmante»
cifra de 784.000 millones de dólares, cerca de 30.000 millones más
que en 2000, con tendencia al crecimiento, acercándose a los
800.000 millones, dependiendo
del aumento que tuviera la deuda argentina 19
. A lo largo de los
años 90, casi
todos los países de Sudamérica (Argentina desde 1992, Brasil a
partir de 1994) convivieron con el déficit de la balanza
comercial como consecuencia, sobre todo, de la desregulación económica
y la apertura unilateral de los mercados, intensificada mediante
los acuerdos de la Ronda Uruguay del GATT, sin que las barreras
para-arancelarias (cuotas, técnicas, sanitarias, etc.) fuesen
instituidas dificultando las importaciones, como hacía EEUU y
otros integrantes de la OCDE. Sin
contar a Venezuela y Ecuador 20
, únicos con superávit
debido a las exporta-ciones petroleras hacia EEUU, el saldo
negativo acumulado de todos los demás países de América del
Sur, entre 1995 y 2002 (cuatro meses 21
), alcanzó el
total de 68.100 millones de dólares. Solamente el déficit
acumulado de los cuatro socios del Mercosur, en su comercio con
los países del Tlcan fue de 44.540 millones, en el mismo periodo.
Por otro lado, las remesas de intereses, regalías y
transferencias clandestinas aumentaron como consecuencia de la
desnacionalización de las empresas, sobre todo estatales, cuyo
control fue a manos de capitales extranjeros. Dado
que pasaron a tener déficit comercial y las inversiones directas
prácticamente cesaron después de las privatizaciones, se hizo
cada vez más difícil para los países del Cono Sur, en tales
circunstancias, cumplir con el servicio de la deuda externa hasta
entonces alcanzado, cubierto en parte con el saldo positivo de la
balanza comercial, con inversiones directas y créditos externos. Brasil y el ALCA En
su opinión, con el fin de la Guerra Fría las alianzas
comerciales tendrían en el siglo XXI
un papel
crecientemente importante en la definición de las relaciones
entre los Estados; y del mismo modo que los pactos militares en el
siglo XX,
modelarán el sentido esencial de las relaciones globales 23
. Al pedir a la Cámara
de Representantes, en 1997, una rápida aprobación del fast
track, dijo que gobiernos de países con mercados en rápido
crecimiento de Asia y América Latina acordaban entendimientos y
establecían nuevas y exclusivas alianzas comerciales en «potencial
detrimento de la prosperidad y del liderazgo de EEUU»24
. La entonces
secretaria de Estado, Madeleine Albright, dejó también en claro
que el objetivo expreso del ALCA y de la APEC (Asociación de
Cooperación Económica de Asia y del Pacífico), como de la red
de más de 200 acuerdos comerciales, entre
ellos la Ronda Uruguay, era modelar el sistema económico global
de mane-ra que funcione en beneficio de EEUU. Tales acuerdos
permitieron un aumento de 34% en la exportaciones norteamericanas
y la creación de 1,6 millón de puestos trabajo, desde 1993 (ibíd.).
Según Albright reafirmó en el Senado, la primera obligación («primary
obligation») del gobierno norteamericano era para con sus
propios ciudadanos 25
. De donde se
concluye que el proyecto del ALCA no apunta a beneficiar a otros
países del Hemisferio, sino sobre todo a EEUU. Brasil siempre
tuvo conciencia de las pérdidas que podría sufrir con la
implantación del ALCA, de ahí su resistencia a seguir con las
negociaciones. El
MERCOSUR representa 10% del comercio de la región y, dentro del
Mercosur, Brasil responde con cerca de las dos terceras partes 26
. A pesar de la
gran asimetría, en el sur del hemisferio occidental Brasil es el
único país en condiciones de rivalizar con EEUU, debido a su
extensión territorial, masa demográfica, parque industrial
diversificado (el más grande del así llamado Tercer Mundo),
volumen del PIB, posición estratégica en la subregión,
fronterizo con todos los países excepto Chile y Ecuador, y su
confrontación con la costa occidental de África 27
. Brasil es, también,
el país con estructura económica menos complementaria con la de
EEUU, Canadá y México. Los productos manufacturados constituyen
cerca de 80% de lo exporta-do a los países sudamericanos 28
. Por otro lado,
con excepción de Argentina, de donde importa 50% de
productos industrializados 29
, como autopartes y
material de transporte, Brasil compra, principalmente, granos,
carne y otros commodities de Uruguay y Paraguay, minerales
de Chile, Perú, Bolivia y Colombia, petróleo de Venezuela y
Ecuador, al mismo tiempo que ven-dea ellos equipos de transporte,
maquinaria y varios tipos de manufacturas 30
. Es
decir, este cuadro comercial dentro de la subregión es similar al
intercambio entre potencias industriales y países en vía de
desarrollo, cuyas economías se asientan predominantemente en la
producción primaria. En tales circunstancias, los intereses de
Brasil vis-à-vis EEUU, en las negociaciones del ALCA, se
diferencian de los de otros Estados sudamericanos, aunque sean
también coincidentes como en la oposición a los subsidios agrícolas
y trabas no arancelarias. Un
estudio de mayo de 2002, elaborado por la Secretaría Federal de
Impuestos y
Aduanas (Secretaria da Receita Federal), señala que EEUU, México
y Canadá
serían los países más beneficiados con la formación del ALCA,
cuyo comercio estaría concentrado en empresas multinacionales,
que modifican los precios las más de las veces para transferir
ganancias o pérdidas de un país para otro. La Federación de
Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), a su vez, demostró
que Brasil perdería 1.000 millones de dólares por año en su
comercio exterior, desde
el 1º de enero de 2006, fecha prevista para la implantación del
ALCA 31 .
También
la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) ha
concluido que el ALCA trae más amenazas que oportunidades para
Brasil, con una pérdida de mercado dentro del hemisferio para 176
productos exportados por sus empresas,
principalmente en los sectores manufactureros (máquinas y
equipos, autos 27,
papel y celulosa, y productos químicos) en virtud de la
concurrencia de EEUU y Canadá 32
. Y un estudio
realizado por investigadores de la Universidad de Campinas, a
pedido del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior
durante la gestión de Cardoso, llegó a la misma conclusión:
tras analizar 18 cadenas productivas –los sectores que dan
cuenta de 53,1% de la producción industrial,
57% de las exportaciones y 68,4% de las importaciones totales del
país, la implantación del ALCA incrementaría las importaciones
brasileñas e inhibiría las exportaciones hacia América Latina,
además de alejar las inversiones extranjeras, de promover la «desindustrialización
y desnacionalización»
económica, y de aumentar el desempleo y la demanda de dólares 33
. Los
objetivos de Estados Unidos con el ALCA no se reducen solamente a
la remoción de aranceles y trabas no arancelarias al comercio
dentro de las Amé-ricas, sino que abarca entre otros temas los
servicios, inversiones, compras gubernamentales y propiedad
intelectual. Las propuestas buscan defender los sectores poco
competitivos de la economía norteamericana, razón por la cual no
quieren colocar en la agenda sus instrumentos proteccionistas,
como la ley antidúmping y los subsidios agrícolas. Lo puso en
evidencia el Congreso al aprobar, en agosto de 2002, la Trade
Promotion Authority (Ley de Promoción Comercial), concediendo al
presidente Bush un mandato restringido para negociar acuerdos
comerciales, limitando las negociaciones sobre el ALCA
fundamentalmente a los temas de interés estadounidense. El
Congreso norteamericano mantuvo
los subsidios a la agricultura y la legislación antidúmping, que
tanto afecta las ventas de productos manufacturados, entre ellos
los siderúrgicos brasileños, que a su vez fueron obstaculizados
por los aumentos arancelarios aprobados por Bush. No sin razón el
presidente Cardoso declaró que «si las condicionantes fueran
implementadas al pie de la letra, ello significaría la
inexistencia del ALCA». En
realidad, a Brasil no le interesa participar de áreas de libre
comercio con potencias mucho más desarrolladas y poderosas que
presentan ventajas estructurales,
como EEUU, cuyas empresas multinacionales y megaempresas son las más
fuertes del mundo y a favor de las cuales funcionaría el proceso
de concentración de la riqueza. La coincidencia produciría
efectos destructivos en la industria brasileña 32, especialmente
en los sectores más sofisticados, como bienes de capital,
componentes electrónicos, química, electrónica de consumo, software
y computadoras, y tendería a desarticular su economía y
retrotraerla a una condición agrícola o agroindustrial,
productora de bienes industriales livianos
o tradicionales. El
presidente Cardoso declaró en la 3 a
Cumbre de las Américas,
en Québec (abril de 2001), que el ALCA sería «bienvenido» si
su creación fuese un paso para dar acceso a los mercados más dinámicos;
si efectivamente fuese el camino para normas compartidas sobre
antidúmping; si redujera las trabas no arancelarias; si evitara
la distorsión proteccionista de las buenas normas sanitarias; si,
al proteger la propiedad intelectual, promoviese, al mismo tiempo,
la capacidad tecnológica de los pueblos; y si fuese más allá de
la Ronda Uruguay corrigiendo las asimetrías entonces
cristalizadas, sobre todo en el área agrícola. «Si no fuera así,
sería irrelevante o, en la peor de las hipótesis, indeseable»34
. Algunos meses
después, durante un evento sobre «Desafíos, oportunidades y
riesgos de la globalización para el país», promovido en Río de
Janeiro por el Colegio de Abogados brasileño, Cardoso reconoció
que era más fácil, «ideológica y políticamente», negociar
acuerdos comerciales con la UE que con EEUU, pues el poder
norteamericano representaba un riesgo mayor a la soberanía de los
otros países 35 .
En la última campaña presidencial de 2002, Luiz Inácio Lula da
Silva, entonces candidato del Partido de los Trabajadores (PT), no
solo criticó la política externa de estadounidense diciendo que
de cada diez palabras de Bush, nueve se refieren a la guerra; dijo
también que la pro-puesta del ALCA, como está formulada por EEUU,
«no es una propuesta de integración sino una política de anexión,
y nuestro país no será anexado»36
. Sin
embargo, más por conveniencias políticas que por intereses
comerciales, Brasil siguió con las negociaciones sobre la
implantación del ALCA. De acuerdo con ello el presidente Lula, si
bien tuvo duras críticas a la propuesta estadounidense durante la
campaña electoral, todo indica que, como ha declarado,defenderá
con mayor firmeza los intereses brasileños. El énfasis ha sido
puesto en la consolidación y profundización del Mercosur,
mientras ha tratado de des-plegar esfuerzos agresivos para la
construcción de alianzas con países vecinos, mediante la concesión
de líneas de crédito para exportación a la Argentina, Venezuela
y otros. La prioridad es formar una unión política asentada en
el Mercosur, que hacia fines de 2003 debe firmar un acuerdo
bilateral con la CAN, para la formación de una zona de libre
comercio. Esa unidad empieza por convergencia, con una perspectiva
de integración, de esos dos grandes agrupamientos comerciales de
la subregión –el Mercosur ampliado y la CAN–, con un
acercamiento creciente a la Guyana y Surinam, y se hace necesaria
para reforzar el poder negociador no solo de Brasil, sino sobre
todo de los demás países de la región, que tienen aún menor
peso económico y político vis-à-vis EEUU, Canadá y México. El
mencionado embajador Araújo Castro, dijo en su momento que Brasil
estaba dispuesto a ir hacia una «relación especial» con EEUU en
la medida exacta en
que EEUU deseara una «relación especial» con Brasil 37
. Esa dirección es
todavía
válida en la política exterior brasileña. Una buena relación
entre ambos países conviene no solo a Lula sino también a Bush.
Así como Richard Nixon (1969-1974) percibió que su país estaba
con las manos atadas, excluyendo sus opciones diplomáticas,
frente a un país de la magnitud de China, parece que la
administración Bush entendió que no puede prescindir de Brasil,
pese a todas las divergencias, en sus relaciones con América del
Sur. La cooperación entre los dos países no es sólo una
necesidad económica, política o diplomática; antes que todo,
como subrayara Araújo Castro, es un dato cartográfico. El mapa
del hemisferio muestra la enorme dimensión de esas dos masas
territoriales, con grandes contingentes poblacionales y que
necesitan mantener lazos estrechos, a pesar de las divergencias.
En 1962, Kennedy mostró el mapa de América del Sur a los
periodistas, al advertirles del error de hostilizar a Brasil
cuando el
gobernador de Rio Grande do Sul, Leonel Brizola, nacionalizó la
ITT 38 . Es
necesario mantener el sentido de las proporciones, dijo. Lo que le
importaba era toda la nación brasileña, que era una llave vital
y con la cual EEUU debía tener las más íntimas relaciones. Su
asesor Arthur Schlesinger Jr., señaló que «así
como el futuro de la democracia en Asia depende considerablemente
del ejemplo de India, el futuro de la democracia en la América
Latina depende considerablemente
del ejemplo de Brasil»39
. En 1971, Nixon
declaró que el resto de América Latina iría adonde fuese Brasil
40 ;
y en 1976, Kissinger, entonces secretario 37de
Estado, interrogado en el Congreso sobre si no estaba dando a
Brasil estatus de potencia por haber firmado un memorando
consultivo con el canciller brasileño, contestó: «Brasil tiene
una población de 100 millones de habitantes, vastas fuentes de
recursos económicos, un rápido índice de crecimiento económico.
Brasil se está volviendo una potencia mundial y no necesita
aprobación de nadie, y es nuestra obligación en la conducción
de la política exterior trabajar con las realidades que existen»41
. Los americanos
son muy pragmáticos. Si
no consiguen evitar que América del Sur se unifique bajo el
liderazgo de Brasil y adquiera su propia identidad, tienden a
aceptar la realidad. El mismo Kissinger escribió que no hay razón
para que EEUU se oponga al Mercosur, en la medida en que funcione
parejo al ALCA. El ALCA sin el Mercosur, y especialmente sin Brasil, es irrelevante para EEUU. Brasil es el décimotercer destino de las exportaciones de EEUU, y éste el Segundo comprador de Brasil, después de la UE. Tras el fracaso de los programas neoliberales aplicados durante los años 90, las políticas en la región tienden hacia la izquierda, a favor de un Estado más fuerte e intervencionista. En tales circunstancias, EEUU necesita tener un mejor entendimiento con Brasil, apoyando al gobierno de Lula en su intento de aliviar la pobreza, con el objetivo de evitar una crisis profunda que dañaría las perspectivas de recuperación de toda la región y afectaría, incluso, a la superpotencia. El encuentro de tres horas entre los presidentes Bush y Lula, el 20 de junio de 2003, no fue meramente protocolar y usual, como lo demostró el hecho de que estuvieran acompañados por 10 ministros, para examinar y discutir los problemas que afectan las relaciones entre los dos países y hacer un balance maduro de sus divergencias y convergencias, en la búsqueda de soluciones consensuadas. Pero existen profundas diferencias entre los dos países en el trato comercial, difíciles de resolver porque no dependen de la voluntad de Bush. Las concesiones hechas hasta ahora por EEUU respecto del acceso al mercado en igualdad de condiciones no son consideradas suficientes por el gobierno brasileño. De cualquier modo, ese encuentro demostró que para ser prestigiado por EEUU, un país no necesita mantener «relaciones carnales» ni renunciar a su política externa, uno de los atributos de la soberanía, como lo hizo la Argentina bajo el gobierno de Carlos Menem. Luiz Alberto Moniz Bandeira: politólogo e historiador brasileño, ha sido catedrático de la Univer-sidad de Brasilia y visitante en las universidades de Heidelberg y Colonia. Autor de más de 20 obras sobre relaciones económicas e internacionales, entre ellas: Presença dos Estados Unidos no Brasil. Dois Séculos de História; Brasil-Estados Unidos: A Rivalidade Emergente; Conflito e Integração na América do Sul. Brasil, Argentina e Estados Unidos (Da Tríplice Aliança ao Mercosul). Palabras clave: integración, ALCA, Mercosur, Estados Unidos, Brasil. 1.
M. Grondona: «Kirchner, entre Lula, Chávez, Powell y Lagos» en La
Nación, 15/6/03, Buenos Aires. 2.
«Exposição aos Estagiários da Escola Superior de Guerra»,
Washington, 22/6/1974; «Exposição aos
Estagiários da Escola Superior de Guerra», Washington,
17/6/1975, en J.A. Araújo Castro: Araújo
Cas-tro(Coletânea
de Discursos),
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y 315-316. 3.
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Oficio, Lisboa a Taques, Washington, 20/10/1861, AHI-MDB -
23/3/11; Despacho, Taques a Lis-boa, Río de Janeiro, 7/11/1861,
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Telegrama de Rio Branco a la embajada de Brasil en Washington,
16/6/1910, Telegramas expedi-dos- AHI - 235/4/1. 6.
Telegrama de Rio Branco a Joaquim Nabuco, embajador de Brasil en
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Entrevista con el embajador José Joaquim de Lima e Silva Moniz de
Aragão, que fue secretario particular del barón de Rio Branco, Río
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Carta de Oswaldo Aranha a Getúlio Vargas, Washington, 9/4/1935,
AGV - doc. 18, vol. 18. 9.
Carta de Carlos Martins, embajador de Brasil en Washington, a Getúlio
Vargas, Washington, 18/6/1940, doc. 97, vol. 33, AGV. 10.
Roberto Campos: A Lanterna na Popa: Memórias, Topbooks, Río
de Janeiro, 1994, p. 749. 11.
Entrevista de Roberto Campos con el autor, Brasilia, 10/3/1990. 12.
Comunicado conjunto de prensa, 30/7/1986, ibíd., pp. 65-68. 13.
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Exteriores de Itamar Franco,
publicadas por Business Week año II Nº 18, en Fundação
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Externa. De-mocracia.
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(agosto 93 a dezembro 94),
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Entrevista del embajador Samuel Pinheiro Guimarães a Valor
Econômico, 2/2/2001. 15.
Fernando Henrique Cardoso: «O Brasil e uma nova América do Sul»
en Valor Econômico, 30/8/2000. 16.
Discurso del presidente Cardoso en la Reunión de la Cumbre del
Mercosur, en ocasión de la Reu-nión del Consejo del Mercado Común,
Asunción, 22 de junio de 2001. 17.
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Century),
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Venezuela tuvo un superávit acumulado de cerca de 46.810 millones
de dólares, y Ecuador, de 2.450 millones; <www.aladi.org/inicio.htm>. 21.
Los datos de Bolivia, cuyo déficit acumulado en el periodo fue de
1.370 millones de dólares, no incluyen los primeros cuatro meses
de 2002. 22.
«…To support U.S. prosperity, U.S. jobs and the health of the
U.S. companies», Barshefsky sta-tement
before House Trade Panel, 3/18, U.S. Information and Texts Nº
011, USIS, 20/3/1997, p. 42. 23.
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Barshefsky statement before House Trade Panel, 3/18, U.S.
Information and Texts Nº 011, 20/3/1997,
p. 38. La parte del debate con los senadores, en la cual se refirió
al Mercosur como ejemplo de «little
units or system of rules and obligations» no fue divulgada por la
USIS en el sitio de la USTR en
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State - Designate Madeleine K. Albright. Prepared statement before
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au-27. Samuel
Pinheiro Guimarães: Quinhentos Anos de Periferia, Editora
da Universidade do Rio Gran-de
do Sul / Editora Contraponto, Porto Alegre-Río de Janeiro, 1999,
p. 101. 28.
Ibíd., pp. 101-121; J. Serra: ob. cit., p. 18. 29.
Rubens Antônio Barbosa: América Latina em Perspectiva: A
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in-32. O Estado
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Discurso del presidente Cardoso en la apertura de la 3 a
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las Américas, Québec, 20 de abril de 2001. 35.
Gazeta Mercantil, San Pablo, 25/10/01. 36.
Folha de São Paulo, 24/9/02. 37
«Exposição aos Estagiários da Escola Superior de Guerra»,
Washington, 22/6/1974; «Exposição
aos Estagiários da Escola Superior de Guerra», Washington,
17/6/1975, en J.A. Araújo Castro: Araújo
Castro (Coletânea de Discursos),
Editora da Universidade de Brasília, Brasilia, 1982, p. 285. 38.
«… Look at the map and realize the vitality of Brazil. I think
that we ought to keep the sense of
proportion» en Public
Papers of the President of the United States - John F. Kennedy,
1962 (Jan. 1 to Dec. 31,
1962),
U.S. Government Printing Office, p. 203. 39.
«… Just as the future of democracy in Asia depends considerably
on the example of India, so the
future of democracy in Latin America depends on the example of
Brazil» en Memorandum
for the
President - Subject: Brazil. Briefing Book, A Schlesinger Jr.,
Washington, Mar. 31, 1962,
Confidential. John F. Kennedy Library. 40.
«We know that as Brazil goes, so will go the rest of that Latin
American continent» en Jan K. Black: United States Penetration
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University of Pennsylvania Press, 1977, p. 55. 41. «Brazil has a population of 100 million, vast economic resources, a very rapid rate of economic development. Brazil is become a world power, and it does not need our approval to become one, and it is our obligation in the conduct of foreign policy to deal with the realities that exist» en Henry Kissinger: Does America need a Foreign Policy? (Toward a Diplomacy for the 21 st Century), Simon & Shuster, Nueva York, 2001, pp. 159-161. LA ONDA® DIGITAL |
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