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Izquierda: en épocas de achique,
no alarguemos las siglas

por Enrique Barreto

Gracias a la Nueva Mayoría, las fuerzas progresistas arribarán victoriosamente al Edificio Libertad. El alargamiento de la sigla nos permitirá alcanzar la línea de llegada: el cincuenta por ciento más uno de los votos, porque la unión hace la fuerza.

Este razonamiento parece dejar satisfechos a los fatigados cerebros de algunos (cuantos) dirigentes de la izquierda uruguaya, que, en vez de fundamentar la necesidad de la amplitud -que ha sido esencial para la izquierda y el progresismo, y que no debiéramos confundir con engorde preelectoral-, se entusiasman con la Nueva Mayoría sin haberse puesto a meditar en el fracaso "marketinero" del Encuentro Progresista. Además de complicar a los periodistas y redactores de documentos, que deben tipear "Encuentro Progresista-Frente Amplio" (y que dentro de poco podrían tener que escribir "Nueva Mayoría-Encuentro Progresista-Frente Amplio"), el EP no ha llegado a ser convincente ni para Rodolfo Nin Novoa: cuando se descuida en una entrevista, dice "el Frente" al referirse a la fuerza política que integra. Se lo hemos escuchado más de una vez.

Es natural: cualquiera que desee hacerse entender por la gente común habla "del Frente". ¿De qué va a hablar? Encuentro Progresista son dos términos que se han demostrado incapaces de aludir a una identidad, a un sentido de pertenencia política, porque la identidad y la pertenencia no residen en esa conjunción de vocablos.

Tan es así que cuando alguien desliza esas dos poco expresivas palabras en una conversación informal, se apresura en agregar "Frente Amplio", sin duda por temor a ser considerado un extravagante.

De cada 20 personas, 19 mencionan "Frente Amplio" y menos de una dice "Encuentro Progresista", según Factum. Tiene razón el director de dicha encuestadora, el politólogo Oscar Bottinelli, cuando destaca lo que ha significado construir una identidad tan fuerte como el Frente Amplio. Fuerte en la sociedad uruguaya, aunque parecería que no tanto en algunos dirigentes del propio FA, que a veces nos recuerdan al personaje de Olmedo: no le tienen fe (al Frente).

Como dice Bottinelli, "quien se resiste al FA, se resiste a cualquier propuesta de izquierda o centroizquierda". Los ciudadanos que, eventualmente, seguirán al maragato Cerdeña o al otro señor de Maldonado no lo harán porque se los convoque a integrar la "Nueva Mayoría". Por favor, la gente no anda tan boleada; todos saben que van a votar "al Frente", como dicen la vecina de al lado, el carnicero de la otra cuadra y el vagoneta de la esquina que se dedica a piropear chiquilinas. Sí, "al Frente", como dicen los que lo van a votar aunque no se sientan frenteamplistas. "Al Frente", como dicen los que lo van a votar porque, siguiendo o no a sus referentes locales (caudillos, jefes o como se les quiera llamar), de las tres grandes identidades políticas del país, hay dos que ya los tienen cansados y hay otra a la que "tenemos que darle una oportunidad".

Pero, bueno, pese a que, al decir de Bottinelli, "en términos de marketing hay pocos fracasos de la magnitud del Encuentro Progresista", dejémoslo así. No acortemos la sigla, pero tampoco la alarguemos. Hasta podríamos llegar a despistar a alguno. Como aquel paisano que decía: "Yo estoy a muerte con Pepe Batlle, pero ese Ordóñez no me convence".

Seguramente no será necesario avisarle a los dirigentes del Nuevo Espacio, a los colorados y blancos de San José, de Maldonado o de donde sea, que sus seguidores no residen en Marte sino en un país donde la fuerza política de mayor arraigo y de menor rechazo en la opinión pública, además de ser la única que ha crecido en los últimos años (y décadas), se llama Frente Amplio.

Tan es así que ese proceso de "popularización" y de "tradicionalización" del Frente Amplio siguió adelante pese a que las dos palabras vergonzantes fueron borradas de los vocabularios públicos: 1º) de muchos dirigentes de esa fuerza política (porque se comieron la pastilla); 2º) de no pocos políticos colorados y blancos (porque piensan que no nombrándolas conjuran al demonio), y 3º) de varios periodistas y analistas (porque creen que la manida "objetividad" consiste en ignorar la subjetividad: esa que se expresa también en una bandera roja, azul y blanca, en una épica, en el orgullo por una historia de luchas y en ese sencillo "estoy con el Frente" con el que, sin tanta pavada, los uruguayos de a pie manifiestan su preferencia política, aunque llegado el momento voten la lista de Nin, la de Michelini o la de Vaillant).

Que los señores dirigentes que gusten acercarse, lo hagan al Encuentro, si así se prefiere. Aunque sus seguidores -que no son bobos- digan: "nos vamos con el hombre pa’l Frente". Es que es lo que hay, valor, como dice el relator.

Un (si-no-hubiera-más-remedio) el hombre diría ser:  neomayorista-encuentrista-frenteamplista.  

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