|
Recibimos y publicamos Izquierda:
en épocas de achique,
Este
razonamiento parece dejar satisfechos a los fatigados cerebros de
algunos (cuantos) dirigentes de la izquierda uruguaya, que, en vez
de fundamentar la necesidad de la amplitud -que ha sido esencial
para la izquierda y el progresismo, y que no debiéramos confundir
con engorde preelectoral-, se entusiasman con la Nueva Mayoría
sin haberse puesto a meditar en el fracaso "marketinero"
del Encuentro Progresista. Además de complicar a los periodistas
y redactores de documentos, que deben tipear "Encuentro
Progresista-Frente Amplio" (y que dentro de poco podrían
tener que escribir "Nueva Mayoría-Encuentro
Progresista-Frente Amplio"), el EP no ha llegado a ser
convincente ni para Rodolfo Nin Novoa: cuando se descuida en una
entrevista, dice "el Frente" al referirse a la fuerza
política que integra. Se lo hemos escuchado más de una vez. Es
natural: cualquiera que desee hacerse entender por la gente común
habla "del Frente". ¿De qué va a hablar? Encuentro
Progresista son dos términos que se han demostrado incapaces de
aludir a una identidad, a un sentido de pertenencia política,
porque la identidad y la pertenencia no residen en esa conjunción
de vocablos. Tan
es así que cuando alguien desliza esas dos poco expresivas
palabras en una conversación informal, se apresura en agregar
"Frente Amplio", sin duda por temor a ser considerado un
extravagante. De
cada 20 personas, 19 mencionan "Frente Amplio" y menos
de una dice "Encuentro Progresista", según Factum.
Tiene razón el director de dicha encuestadora, el politólogo
Oscar Bottinelli, cuando destaca lo que ha significado construir
una identidad tan fuerte como el Frente Amplio. Fuerte en la
sociedad uruguaya, aunque parecería que no tanto en algunos
dirigentes del propio FA, que a veces nos recuerdan al personaje
de Olmedo: no le tienen fe (al Frente). Como
dice Bottinelli, "quien se resiste al FA, se resiste a
cualquier propuesta de izquierda o centroizquierda". Los
ciudadanos que, eventualmente, seguirán al maragato Cerdeña o al
otro señor de Maldonado no lo harán porque se los convoque a
integrar la "Nueva Mayoría". Por favor, la gente no
anda tan boleada; todos saben que van a votar "al
Frente", como dicen la vecina de al lado, el carnicero de la
otra cuadra y el vagoneta de la esquina que se dedica a piropear
chiquilinas. Sí, "al Frente", como dicen los que lo van
a votar aunque no se sientan frenteamplistas. "Al
Frente", como dicen los que lo van a votar porque, siguiendo
o no a sus referentes locales (caudillos, jefes o como se les
quiera llamar), de las tres grandes identidades políticas del país,
hay dos que ya los tienen cansados y hay otra a la que
"tenemos que darle una oportunidad". Pero,
bueno, pese a que, al decir de Bottinelli, "en términos de
marketing hay pocos fracasos de la magnitud del Encuentro
Progresista", dejémoslo así. No acortemos la sigla, pero
tampoco la alarguemos. Hasta podríamos llegar a despistar a
alguno. Como aquel paisano que decía: "Yo estoy a muerte con
Pepe Batlle, pero ese Ordóñez no me convence". Seguramente
no será necesario avisarle a los dirigentes del Nuevo Espacio, a
los colorados y blancos de San José, de Maldonado o de donde sea,
que sus seguidores no residen en Marte sino en un país donde la
fuerza política de mayor arraigo y de menor rechazo en la opinión
pública, además de ser la única que ha crecido en los últimos
años (y décadas), se llama Frente Amplio. Tan
es así que ese proceso de "popularización" y de "tradicionalización"
del Frente Amplio siguió adelante pese a que las dos palabras
vergonzantes fueron borradas de los vocabularios públicos: 1º)
de muchos dirigentes de esa fuerza política (porque se comieron
la pastilla); 2º) de no pocos políticos colorados y blancos
(porque piensan que no nombrándolas conjuran al demonio), y 3º)
de varios periodistas y analistas (porque creen que la manida
"objetividad" consiste en ignorar la subjetividad: esa
que se expresa también en una bandera roja, azul y blanca, en una
épica, en el orgullo por una historia de luchas y en ese sencillo
"estoy con el Frente" con el que, sin tanta pavada, los
uruguayos de a pie manifiestan su preferencia política, aunque
llegado el momento voten la lista de Nin, la de Michelini o la de
Vaillant). Que
los señores dirigentes que gusten acercarse, lo hagan al
Encuentro, si así se prefiere. Aunque sus seguidores -que no son
bobos- digan: "nos vamos con el hombre pa’l Frente".
Es que es lo que hay, valor, como dice el relator. Un
(si-no-hubiera-más-remedio) el hombre diría ser: neomayorista-encuentrista-frenteamplista. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |