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Recibimos y publicamos El
nacionalista Alem García
Pero, bastaría con
advertir una razón de oportunidad para estar a favor de la
derogación. Esta ley es terriblemente inoportuna. ¿Un gobierno que
está con el pié en el estribo, que, por suerte, se está yendo,
puede ejercer la facultad de designar un socio para ANCAP por el término
de 30 años? La respuesta
resulta obvia. Este no es un gobierno confiable. Ya ha demostrado
falta de habilidad e inteligencia en ése tipo de tarea. Véase lo
ocurrido con el Aeropuerto de Carrasco. Quién resultó
adjudicatario en la subasta no es, precisamente, alguien con
buenos antecedentes; todo lo contrario. Un gobierno que está
al final de su mandato, que se está yendo, no debería tomar una
decisión que afectará por 3 décadas a todo el país. Por tanto, sería
mejor derogar la ley, para que el nuevo gobierno, que será electo
en el próximo mes de octubre, con más calma, con mayor estudio
de semejante problema, instrumente otra solución para ANCAP. ¿Hay
o no, venta de
ANCAP? Pero, esta ley
tiene una fórmula que es mucho peor que la venta, pues, en
definitiva, se prestan los bienes de la mayor empresa del país
por la friolera de treinta años. En tanto tiempo,
pasarán muchas cosas y aunque la socia de ANCAP sea un imperio
económico, tenemos muchos ejemplos en los últimos tiempos de
potencias que se han derrumbado. ¿Qué nos pueden
llegar a devolver luego de treinta años? Y, realmente, de
malos negocios hechos por políticos que no defienden el alto
interés nacional, ya tenemos demasiados ejemplos. Adviértase lo
ocurrido con los bancos recapitalizados y luego mal vendidos; con
los ruinosos negocios de la Corporación Nacional para el
Desarrollo; con los negocios de la propia ANCAP, entre otros. Este gobierno no
resulta confiable como para darle el poder, a fin de que designe
un socio para ANCAP. Dentro de pocos
meses, en octubre, el pueblo deberá elegir el gobierno para el próximo
período. Es más prudente, en consecuencia, derogar la ley y que
sea el nuevo gobierno quién tome esa decisión, con estudios
previos de mayor profundidad y con calma, sin apresuramientos. ¿Es
conveniente el monopolio de ANCAP? El primero que
criticó severamente el monopolio de ANCAP fue el Senador Dardo
Ortiz. Aró en el desierto; nadie dio importancia a sus
argumentos. Ninguno de los altos dirigentes políticos que hoy son
partidarios de la ley atendieron las razones de Dardo Ortiz. ¿Por
qué fueron así las cosas? Evidentemente, porque a todos les servía
que se saqueara a la gente cobrándosele impuestos a través de
los combustibles. Todos los gobiernos
aumentaron los precios cuando tuvieron necesidad de recaudar más. Soy contrario al
monopolio estatal. Pero, es mucho peor, el monopolio en beneficio
de una empresa privada. En el monopolio
estatal de ANCAP, por lo menos, parte de su utilidad, a través de
Rentas Generales, puede ir al B.P.S., a la enseñanza, a la salud
o a otros destinos similares, en cuanto al interés social. ¿Si hubiera un
monopolio en beneficio de una empresa privada y extranjera, podría
ocurrir lo mismo? Obviamente, no. ¿Monopolio
privado de hecho? Las empresas del
rubro que dominan el mercado internacional, siempre que han
querido, se ponen de acuerdo y cerrando o abriendo el grifo,
realmente, fijan los precios. En Uruguay tenemos
un pequeño mercado, que debe ser, aproximadamente, algo menos de
la quinta parte del consumo de San Paulo. ¿Habrá
espacio para que las multinacionales que dominan el planeta vengan
a competir en este pañuelito de mercado que tenemos en Uruguay?
Obviamente, no. Entonces,
de hecho, ni siquiera de derecho, tendremos un monopolio en
beneficio de la empresa socia de ANCAP que, como es indiscutible,
será extranjera. Lindo negocio! Por
tanto, siendo contrario al monopolio estatal, lo prefiero frente
al monopolio de hecho que tendremos si no se deroga esta ley.
¿Es
ineficiente una empresa que con el desatino de los malos negocios
y con semejante carga impositiva ha logrado sobrevivir durante
tantas décadas? Si
ANCAP fuera administrada racionalmente, con buen criterio
comercial y si el gobierno abandonara el método de recaudar
impuestos a través de los combustibles, sin duda, se transformaría
en la empresa más competitiva de toda la región. Por tanto, el
argumento de la ineficiencia es una falacia.
Existen
varias alternativas a la entrega de ANCAP a una multinacional, que
vendrá exclusivamente por el lucro y sin interesarle mayormente
el interés de nuestra comunidad nacional. La
mejor opción es la negociación directa de gobierno a gobierno
con algún país petrolero. ANCAP puede llegar a ser un fenómeno
ejemplar si un país petrolero le proporciona el petróleo, en
forma directa, sin tener que pasar por las famosas intermediarias
en el rubro. Obviamente,
hay que encontrar el país adecuado, que puede estar en nuestro
continente o fuera de él. ¿Por qué no mirar al Medio Oriente?
Es probable que Arabia Saudita no tenga ningún interés. ¿Pero,
por qué no hacer el intento con Emiratos Arabes, con Kuwait, con
Qatar o con algún otro de estos países árabes productores de
petróleo? En ellos, el negocio del petróleo es manejado por el
Estado respectivo y, con buen criterio comercial, tratan de
diversificar, es decir, no se atan las manos con una sola empresa.
¿Alguno de esos países, con ese perfil, no tendrá interés en
asociarse con la estatal uruguaya que está en el corazón del
MERCOSUR? ¿Y
por qué no analizar un convenio con Venezuela, tal como lo ofreció
el Presidente Chavez? Ya
sé, los partidarios de la ley cuestionada gritarán: para eso hay
que mantener la vigencia de la ley! No es cierto. Derogada la ley,
se puede perfectamente instrumentar una solución como la
mencionada. El Tratado de Asunción es ley; como todo tratado
internacional se aprobó por una ley, con la mayoría especial que
se requiere constitucionalmente. Por tanto, en el período
establecido, el Uruguay no puede tener monopolio. Tal extremo está
determinado por ley. A lo sumo, se requeriría otra norma legal,
de un solo artículo y por razones jurídico-formales, que dijera
“derogase el monopolio de ANCAP”, para adecuar las normas del
derecho interno al Tratado del MERCOSUR. Y
lo demás, es decir, las facultades para que el gobierno negocie
de estado a estado a fin de concretar el convenio comercial con el
país que, eventualmente, proporcione el petróleo a ANCAP, están
implícitas y expresamente establecidas en el conjunto de normas
constitucionales y legales, relacionadas con el propio ejercicio
del poder gubernamental. En
definitiva, la entrega de ANCAP a una multinacional para que
gestione y administre nuestros propios bienes a su gusto y paladar
durante treinta años, no es la única opción. Existen varias
alternativas, una de ellas la que se acaba de señalar
precedentemente. Es
éste un tema de alta trascendencia nacional. Esta decisión que,
de quedar firme la ley, condicionaría al país por lo menos por
treinta años, no puede quedar en manos de este gobierno. Aunque
son temas diferentes, si el 7 de diciembre no se deroga la ley, la
lógica gubernamental indica que tras la entrega de ANCAP vendrá
la subasta de los servicios de agua potable, lo que sería casi
una tragedia. Entonces,
hay que derogar la ley, para que esta decisión tan importante,
sea tomada con mayor calma por el próximo gobierno, para buscar
otras alternativas diferentes, defendiendo el alto interés de la
patria. *
Abogado, Convencional del Partido Nacional, Presidente de la
Agrupación Todo por el Pueblo, Lista 206, del Partido Nacional,
ex legislador y ex Presidente de la Cámara de Diputados. LA ONDA® DIGITAL |
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