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Otra arista del problema
Un hecho
político provocado por un problema de usabilidad Producto de la presión de los grupos organizados de jubilados, el parlamento votó una ley prohibiendo el pago en dicho organismo a través de Cajeros Automáticos. El Poder Ejecutivo vetó la ley, pero en el parlamento se consiguieron las mayorías necesarias para levantar el veto del Ejecutivo, y reafirmar la vigencia de la ley. La discusión arreció entre los que opinan que es una acción demagógica, que niega el progreso inexorable, y los que afirman que los jubilados tienen derecho a cobrar de la forma tradicional, que les da más confianza y seguridad. El objetivo de esta nota, lejos de intentar participar en la polémica, es preguntarse porqué los jubilados presionan en contra de los cajeros automáticos. Odio al cajero
automático Usted podría pensar que esta cita es del enardecido discurso de un dirigente de una organización de jubilados, en la puerta del Banco de Previsión Social, pero no es así. Es de un norteamericano, llamado Alan Cooper, que además de ser el creador de Visual Basic, es uno de los más destacados referentes en Diseño de la Interacción. Sus conclusiones son contundentes: las personas comunes y corrientes se sienten humilladas por el software mal diseñado, o sencillamente no-diseñado, que sólo responde a las necesidades de la computadora que lo ejecuta, ignorando completamente al ser humano que tiene enfrente. El cajero automático puede ser incluido sin duda en el exclusivo grupo de las aplicaciones paradigmáticas de la pésima interacción y nula usabilidad. El diseño de sus aplicaciones, desarrolladas hace más de 30 años, responden a las necesidades de un pequeñísimo procesador y una comunicación de 300 baudios, de un elevado costo. Hoy el cajero cuenta con una línea dedicada, que pasa el 99% del tiempo inactiva, con un enorme procesador, que pasa el 99% del tiempo inactivo, con una cantidad importante de memoria RAM, que pasa el 99% del tiempo vacía y un gigantesco disco duro, que está mayormente desocupado. Pero sigue propinando en todos los lugares del planeta su prepotencia a quien se pare delante. Las personan los usan por una única, sencilla y poderosa razón: tienen aprisionado nuestro dinero, de lo contrario, muy pocas personas utilizarían los cajeros automáticos. Prueba de ello es que prácticamente nadie utiliza el resto de los numerosos servicios que el cajero automático brinda: depósitos, pago de tarjetas, pago de facturas, etc. Los técnicos y programadores somos incapaces de ver la dimensión de los problemas que causa la omisión en el diseño de la interacción y la falta de preocupación por la facilidad de uso de los sistemas que desarrollamos, a pesar de que esos problemas están adelante de nuestros ojos. En un evento reciente sobre el futuro tecnológico del Uruguay, los seis oradores, de primerísima línea todos, citaron la ley como un símbolo de atraso y del país que no queremos tener. Ninguno se preguntó porqué los productos de software no consiguen cautivar al público masivo, y porqué el cajero automático está a la vanguardia de los aparatos basados en software que las personas más odian. Miopía
informática
*Por
Daniel
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