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Al día siguiente del domingo 7
por Héctor Valle
Miré
por el ventanal del living y comprobé que el cielo seguía en su
lugar. Luego, y sin prisa, me dispuse a ir a votar no bien
terminara el mate mañanero; había otras cosas que hacer en un
domingo como por ejemplo, pensar.
Pensar
El llamado fin de semana, reúne al fundamento de la civilización
judeocristiana, es decir, al sábado y al domingo. Dos brazos de
un mismo tronco, que al elevarse muestran las palmas de sus
manos abiertas, por receptivas a la vez que dadoras, con sus
líneas diferentes aunque complementarias, al tiempo que
profieren cánticos de esperanza, más allá de creencias, incluso
de la práctica regular de las mismas, aunque más acá de
actitudes que hacen a lo más hondo del espíritu: lo humano del
hombre.
Crispación
Manos crispadas sólo denotan ser reflejos de un espíritu
arrebatado por la pasión más allá de la certidumbre o no que
tenga su posición al inicio de la contienda en la que ya no
tiene ni puede tener salida decorosa en tanto se ha negado al
uso de la razón y a la toma de distancia para atender mejor y
mayormente al problema que motivara la disputa.
Reflexión
No es fácil llegar a una reflexión sin que esta contenga
rispideces propias de un momento en donde mucho ruido se agolpa
en nuestros oídos; aturdimiento de la mente que quita luz a
nuestra interioridad a poco que de no menguar lo estentóreo del
ruido en nosotros mismos, se corra el riesgo de entorpecer
–cuando no anular- la propia reflexión del hombre, aquella que
dice al diálogo interior, y a su escucha, otra forma de nombrar
a la moral actuando en nosotros, desde nuestro propio accionar,
permitiéndonos calibrar en qué medida somos o no coherentes con
la noción que de lo verdadero, de lo correcto y de lo recto,
tenemos para nos.
Como afirma Paul Virilio, el mundo está antes dentro de nosotros
que afuera. Pero si realmente está afuera, en la geografía y en
el espacio-mundo, también existe a través de mi conciencia del
mundo. Por lo tanto, la medida del mundo es nuestra libertad.
Sin más. El tener conciencia de la vastedad de nuestro mundo,
aunque no nos movamos de él, es, recordemos, un elemento de la
libertad y de la grandeza del hombre. Por contraposición a esto,
la amenaza consiste en tener en nosotros, en nuestra mente, un
mundo reducido.
Libertad
La medida del mundo, pues, es nuestra libertad, y su ejercicio
hace a la aceptación de nuestra condición humana, de sus
potencialidades tanto creadoras como destructoras, bien como a
la asunción de nuestras aristas particulares. Convengamos, a su
vez, que tal aceptación y asunción llevan implícitas la carga de
responsabilidad de sabernos como somos y estar, así, al
descampado. Ser, consiguientemente, consiste en conocer y
comprender de lo nuestro, todo, y sobrevivir a ello,
aceptándonos en tanto procuramos desde el quehacer cotidiano y
pleno, la mejora de nosotros junto a los otros y a partir del
otro.
Violencia
Vemos que en la persona y en las comunidades hay tres factores
de la violencia que se irradian y a los que, entendemos, debemos
estudiar y combatir: necrofilia, narcisismo (individual y
social) y simbiosis incestuosa.
Se trata, pues, de reforzar tanto como expandir el amor a la
vida, la biofilia, que es más, mucho más creemos, que
contraponer freudianamente, la pulsión de vida versus la pulsión
de muerte.
En tal sentido, venimos hoy, con humildad, a decir nuestro
pensar, en lo abierto junto a los nuestros y luego de haber
optado en aquella jornada que, en lo que hace a la mera
confrontación ya quedó atrás, porque adelante tenemos un
horizonte tan vasto como promovedor de un anhelo cierto de
mejora de nuestra condición humana, de acciones que digan al
restablecimiento pleno y efectivo de un ser nacional que hoy se
encuentra postrado pero que tampoco se debe a una causa sino a
la multiplicidad de causas de una sociedad que por decenios con
responsabilidades ciertamente variadas en intensidades y
compromisos, se ha negado a sí misma, sea por ciertos estamentos
del poder bien como por la aceptación de otros siquiera por la
mera inacción, reflejo del perverso “no te metas” como de varios
otros factores.
Acción
Ser en el hacer. Asumir nuestra responsabilidad tanto para con
uno mismo como para con el Otro, desde el eje de tres grandes
líneas recibidas:
a) Territorial
b) Afectiva
c) Ética
a) Territorial: El Uruguay somos todos, en el crisol de orígenes
y propuestas.
b) Afectiva: El “acto de afecto” es, a lo ético y a lo moral,
como el buen aire al respirar: esencial.
c) Ética: Aprender es la clave de un humanismo en acción.
Proponemos la búsqueda de una sociedad resultante de la madura
contraposición de ideas y soluciones, de cuestionamientos como
de la libre y enriquecedora discusión por salidas a los
problemas de en lo cotidiano para todos, para la gran mayoría,
refieren a necesidades básicas apenas satisfechas y, vaya si
fuera necesario decirlo, la escasa perspectiva para nuestros
jóvenes, en el país, en su país sin tener que pensar primer en
emigrar. Para esto, naturalmente, es necesario el consenso y se
requiere la renuncia a una lucha obtusa por imponer mí manera de
ver las cosas por sobre la que el otro tiene. Esa mezquindad,
siempre rastrera y generadora de mayores males, hoy es letal
tanto para la comunidad como para cada uno de nosotros. Creemos,
entonces, en un proceso de sístole/diástole que promueva el
mejoramiento del humanismo en nuestro país con un grado elevado
de racionalidad, al expandir todo lo benéfico que tanto en el
hombre como en la mujer hay, limando y limitando el predominio
del ego y por ende del narcisismo.
Toda acción que busque la mejora en cuanto a condiciones de vida
digna de una sociedad, según creemos entender, debe partir de
una mirada abarcadora en un contexto más amplio al que,
instintivamente, creemos debe ser motivo de nuestras acciones.
Regiones
El mundo de hoy, es el mundo de los regionalismos. Las acciones
de las potencias o grupos hegemónicos parten de visiones
geopolíticas que llevan a la concepción de geoestrategias en
donde las naciones no son percibidas salvo como piezas de
puzzles mayores: las regiones. Así a veces no se advierte el
contexto regional en el que vivimos, por desconocer su realidad,
más allá de clichés perimidos, por no procurar informarnos más y
mejor de cada una de las realidades que conforman este espacio
vital llamado América del Sur. Sucede también que el tratamiento
de la información en nuestro país es, cuando menos, panfletario,
menor y retardatario de una búsqueda sincera y fraterna de un
destino que, se sabe, es común y viene desde lo profundo de
nuestra historia. Vemos así cómo, una y otra vez, se desinforma,
obstaculizando el acceso a la noticia quedándose con aspectos
parciales y folletinescos de la misma en aras del mantenimiento
de un status quo supuestamente democrático aunque en su esencia
es todo lo contrario.
¿Aquel o el Otro?
Es importante saber cómo denominamos al desconocido como al
diferente, si como “aquel” o como “el otro”. Si señalándolo,
marcándolo casi con una carga que contiene un prejuicio u
optamos por ir en busca de ese ser humano, desde nuestro
interior, esto es, sin esperar su arribo, en nuestra actitud
primera que dice de la apertura de espíritu y comprensión hacia
el Otro a quien aun no enfrentamos en el cara-a-cara pero al que
ya vamos solícitos en procura del bien común.
Maestros
-
Nos enseña Emmanuel
Lévinas que la libertad humana reside en el porvenir, siempre
aun mínimamente porvenir, de su no-libertad, en la conciencia,
previsión de la violencia, inminente a través del tiempo que
queda aun puesto que ser consciente es tener tiempo, no
desbordando al presente, al anticipar y al adelantar el
porvenir, sino manteniendo una distancia frente al presente, es
decir, al relacionarnos tanto con el ser como con el ser por
venir. Ser libre para el pensador de la alteridad como para
nosotros es, en definitiva, tener tiempo para prevenir la propia
caída bajo la amenaza de la violencia.
-
Quien supo ser y
promover lo mejor de nosotros, desde una prédica constante y
rigurosa del pensar, hablo claro está de Carlos Vaz Ferreira,
nos advierte que para que llegue a aparecer, a formarse y
establecerse cada verdad, cuando puede llegar, es necesario que
antes hayan sido analizadas, dudadas y combatidas diferentes
falsas verdades, las que fueren necesarias hasta arribar a lo
verdadero.
-
Al proferir el
discurso de bienvenida a Anatole France, en su paso por
Montevideo, allá por el año de 1909, un 16 de julio, José
Enrique Rodó manifiesta en un pasaje del mismo que los
americanos consideramos que nuestra emancipación no está
terminada con la independencia política sino que completársela
con nuestra emancipación espiritual.
-
El Maestro Arturo
Ardao, en su análisis que fue su prédica, sobre nuestra
condición americanista, vuelve una vez más la mirada para
fijarla en las expresiones que vertiera Rodó respecto de nuestra
condición americana cuando decía que él creía siempre que en la
América nuestra no era posible hablar de muchas patrias, sino de
una patria grande y única.
-
A poco de finalizar
su discurso en homenaje a los que levantaron el Palacio
Legislativo, pronunciado el 3 de septiembre de 1925, Domingo
Arena manifiesta que Batlle, habla lógicamente de José Batlle y
Ordóñez, no es un hombre de partido, que ya es el hombre del
país, asegurando que en poco tiempo, el gran monumento a Batlle
no lo va a levantar un partido sino el país todo. Arena, amigo
leal y demócrata como pocos, dijo y dijo bien que el Batllismo
no debía tener otro Jefe que Batlle y Ordóñez. La historia le
dio la razón.
Trabajo, labor y
acción. No voy a rememorar las partes vitales de la obra de
aquella gran mujer y pensadora llamada Hannah Arendt sino,
modestamente, a invitar a una lucha luminosa como lo es la del
espíritu, desde el diario vivir y en la acción junto con los
otros para con el Otro, con el desconocido pero siempre
esperado. Que a la crispación antes mencionada y hoy vista en
quienes comienzan a notar que su tiempo culminó, sepamos
construir desde el presente, un mañana venturoso donde todos
tengan cabida y donde la libertad tanto mía pero cuanto más la
del otro, sea respetada y hasta reverenciada. No tenemos derecho
a quitarles a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos la
posibilidad de ser enteramente humanos. No tenemos derecho a
fomentar una subespecie humana desde el hambre, desde el olvido,
desde la discriminación más pura, porque el antisemitismo
primero no es contra el judío sino contra el extraño, es la
admonición del humanismo en beneficio de la necrofilia, de ese
amor a la muerte que solemos ver pero que ante su vista no
debemos dar vuelta la cara sino quedarnos al descampado ocupando
nuestro lugar no para herir, no para golpear ni devolver
afrentas con más odio sino para laborar en pro de lo mejor del
hombre, en lo espiritual y en lo racional.
Hace falta tener memoria
¿Cuándo emprenderemos la tarea de traer el legado de nuestros
grandes Maestros al conocimiento de estas generaciones y las
venideras? Decenios han transcurrido y nada se ha hecho, o muy
poco.
Repasemos: Prudencio Vázquez y Vega, Batlle y Ordóñez, Luis
Alberto de Herrera, Emilio Frugoni, Lorenzo Carnelli, Carlos
Quijano, Juan Pablo Terra, Amílcar Vasconcellos y el
recientemente fallecido Arturo Ardao, entre tantos otros
prohombres que esperan su legado sea divulgado en beneficio de
todos para un presente mejor de cara a un mañana tan venturoso
como abierto en nuevas y mejores realizaciones.
Quedó atrás no sólo un día más, ni meramente un domingo pero
queda ante nosotros, hoy y mañana, un deber ineludible e
irrenunciable, el de saber ser y ponderar tanto nuestras
acciones, cuanto más nuestras reacciones, ante lo que es central
para un ciudadano: el bien común.
Hectorvalle@easymail.com.uy
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