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¿Quienes quieren hacernos creer en la
enfermiza idea de un mundo sin arte?
por Freddy Sorribas
En
el diario Clarín del 29/11 Flavia Costa y Ana M. Battistozzi escriben:
Cuerpos humanos plastificados y expuestos como esculturas en muchos
museos del mundo. Excrementos humanos en lata que se pagan decenas de
miles de dólares. Rostros que se someten al bisturí frente a las
cámaras, en truculenta performance.
El análisis a continuación nos dice. “ Si bien los escándalos y
polémicas se suceden mes a mes, hay algo que pareciera estar fuera de
discusión en el campo del arte, tanto para los artistas como para los
críticos, museólogos, directores de museos y buena parte del publico:
por más revulsiva que pueda ser una obra, todos coinciden en que ni los
tópicos ni los tratamientos del arte deben someterse a los códigos de la
moral, la religión o la política.
La provocación y el rechazo en el arte no son algo nuevos: han sido una
constantes al menos desde 1913, cuando casimir Malevich presentó su
famoso “cuadro negro sobre fondo Blanco”. El mismo Malevich recordaba el
revuelo que provoco: “Expuse una tela que no representaba otra cosa que
un cuadro negro sobre fondo blanco. Los críticos y el publico se
quejaron: ¡Se ha perdido todo lo que amamos! ¡Estamos en un desierto!
¡Solo un cuadro negro sobre fondo Blanco!”
Este articulo de Clarín –Buenos Aires, nos pide que aceptemos “algo que
pareciera estar fuera de discusión en el campo del arte”, no someterlo
“a los códigos de la moral, la religión o la política”.
A este pedido se agrega la afirmación de Malevich: “¡¡ Estamos en un
desierto!!.
También debemos aceptar el “fin de la historia” ( Fukuyama), “El fin del
trabajo”, el fin de las ideologías, el fin del pensamiento, etc.
Para Costa y Batistozzi el éxito es prueba de varias cosas y escriben: “
La asistencia masiva del publico es una prueba más de que los museos
hayan devenidos en catedrales donde se celebra la unión entre
espectáculo y consumo, donde la vieja función pedagógica ha sido
sustituida por la confusión entre edición entretenimiento”.
El articulo también nos informa que: “En diciembre pasado, la Tate
Gallery empleó 35.000 euros para comprar caca enlatada. Su autor, el
polémico artista italiano Piero Manzoni. El portavoz de la galería
declaro: “El Mazoni fue una adquisición muy importante por una cantidad
muy pequeña de dinero. (...) Este trabajo examina aspectos esenciales
del arte del siglo XX, como la autoría y la producción de arte”.
Mi opinión es que desde la invasión de Irak y Afganistán (con el apoyo
fantástico de las redes de televisión que abrazan el planeta) es valido
preguntarse:
¿Caca enlatada” o “estamos en el desierto” es el arte que corresponde, y
es impulsado por los defensores de lo no – diverso y de la elite
dominante?.
Es reconocido, y los efectos son muy evidentes, que la corrupción legal
y la corrupción ilegal se entremezclan en el mundo actual.
Pero aquí estamos escribiendo sobre arte y no se cuestiona que la “caca
enlatada” es arte “legal”. Gunther Von Hagens, a comienzos de año llevó
a Londres a más de 840 mil visitantes; y desde su inicio en 1997 convocó
a más de 13 millones de personas. Se trata de una exposición de 200
cadáveres “esculpidos” en poses cotidianas cuyos líquidos orgánicos
fueron reemplazados por resina epoxi.
Finalmente si la pequeña elite poderosísima que manda el mundo nos
obliga a destruir los conceptos de “autoría y producción de arte”, si
nos quiere hacer creer en la enfermiza idea de un mundo sin arte, si nos
quiere inducir que no hay autor (es decir no hay ser humano), le debemos
responder.
Es necesario no dejar pasar estas imposiciones, como que educación y
entretenimiento se confunda ( entretenimiento en lugar de educación con
el actual plan escolar y secundario en el Uruguay), como “arte exitoso”
(multitudes en los museos donde se expone escándalos).
Hoy en el mundo con los grandes medios de comunicación flechados hacia
el pensamiento único, (quienes esto exigen son también dueños de esos
grandes medios.)
El arte (todo el arte) dice lo que quiere decir y el contemplador
debería con libertad de pensamiento, contemplar LA
ONDA®
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