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Ginebra:
Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información
A qué le llamamos brecha digital!
por Kofi Annan
Secretario General de la ONU
Alguien podría creer que quienes
redactaron la
Declaración Universal de los Derechos Humanos
hace 55 años estaban pensando en
internet
cuando escribieron, en el artículo 19, que todo el mundo tiene
derecho a "buscar,
recibir y divulgar información e ideas a través cualquier medio
y sin tener en cuenta las fronteras".
La Cumbre Mundial sobre
la Sociedad de la Información, que se ha celebrado en Ginebra, corría el
peligro de que su objetivo principal (cómo utilizar mejor el poder de la
tecnología de la información para el desarrollo) se viera ensombrecido
por diferencias en un par de cuestiones.
La primera era la regulación de Internet. A muchos países le
satisface el actual marco de intervención mínima auspiciado por la
Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números, con
sede en EEUU, conocida como ICANN. Pero otros creen que es necesaria la
creación de algún marco intergubernamental, como en las
telecomunicaciones, para tratar problemas transnacionales como la
ciberseguridad y el correo basura. No debería sorprender que resulte
difícil llegar a un consenso; es la primera vez que se plantea la
cuestión a escala mundial.
La segunda era la libertad de información. Se habían suscitado
temores de que la cumbre socavara el muy arraigado derecho a la libertad
de opinión y expresión, especialmente en Internet. Aunque las
conversaciones sobre el control y regulación de internet continúen, no
debería haber necesidad alguna de discusión respecto a la libertad de
información.
La revolución de la información sería inconcebible sin la libre
circulación de ésta. Efectivamente, alguien podría creer que quienes
redactaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos hace 55 años
estaban pensando en Internet cuando escribieron, en el artículo 19, que
todo el mundo tiene derecho a "buscar, recibir y divulgar información e
ideas a través cualquier medio y sin tener en cuenta las fronteras". Por
supuesto, existe una verdadera inquietud sobre el uso de dicha libertad
para difundir odio racial y pornografía infantil. Pero estos riesgos
pueden y deben ser tratados a través de los mecanismos legales de cada
nación, sin socavar una libertad tan fundamental para el desarrollo, la
democracia y la paz.
Pero por importantes que sean, no debe permitirse que estas cuestiones
sean las que predominen. Hay demasiadas cosas en juego. La brecha
digital es real. De hecho, existen varios desequilibrios en uno: una
brecha tecnológica en infraestructuras, pues el 70% de los usuarios de
internet de todo el mundo viven en los 24 países más ricos, que sólo
cuentan con el 16% de la población mundial; una brecha de contenidos,
pues aproximadamente el 70% de los sitios web de todo el mundo están en
inglés y es frecuente la ausencia de material de interés local; y una
brecha de sexo, pues las mujeres y las jóvenes de muchos países, tanto
ricos como pobres, disfrutan de un menor acceso a la tecnología de la
información.
Mientras que la explosión del comercio electrónico aproxima más a
ciertos países y empresas, otros corren el riesgo de sufrir una mayor
marginación en la economía mundial; algunos expertos han descrito la
brecha digital como una de las mayores barreras no arancelarias para el
comercio mundial. No podemos dar por supuesto que dichas diferencias
desaparecerán por sí mismas a medida que se extienda la tecnología. Son
necesarias inversiones y compromisos sostenidos.
La cumbre también ha representado una oportunidad importante para
la industria de la tecnología de la información. Ahora que el mercado en
los países desarrollados está próximo a la saturación, el futuro de la
industria no sólo dependerá de los avances tecnológicos, sino también de
llegar a los miles de millones de personas a las que todavía no ha
afectado la revolución de la información. Los obstáculos no radican
tanto en la propia tecnología como en la falta de visión y de políticas
públicas.
Las tecnologías de la información y la comunicación no son la panacea.
Pero si durante la próxima década se pudiera incrementar de forma
espectacular el acceso a estas tecnologías en los países
subdesarrollados, los beneficios serían sustanciales. El aumento de los
conocimientos y la educación crearía puestos de trabajo y añadiría nueva
riqueza. El comercio se expandiría. La sanidad preventiva mejoraría
enormemente, ayudando a los sistemas ya sobrecargados a ahorrar recursos
muy necesarios. Igualmente significativos, aunque difíciles de
cuantificar, serían los dividendos en libertad humana y gobierno
democrático.
La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, organizada con mi
apoyo y el de todo el sistema de las Naciones Unidas, ha sido única.
Mientras que la mayoría de conferencias de la ONU se centran en las
amenazas globales, en ésta se ha considerado cómo utilizar mejor un
nuevo activo global. Finalmente, el esfuerzo para hacer realidad la gran
promesa tecnológica trascenderá a la propia tecnología. Mientras que la
tecnología perfila el futuro, son las personas quienes perfilan la
tecnología y deciden los usos se le pueden y se le deberían dar.
Publicado inicialmente por The
International Herald Tribune, El Periodico de España
Traducción de Xavier Nerín.
Documento Final de la
Cumbre:
LA
ONDA®
DIGITAL |
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