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Muchas personas perciben el
proceso de cambio como un obstáculo,
algo indeseable y perturbador
por el profesor Chichí Páez
“El gerente, más
que nadie, necesita interiorizarse, recogerse, salirse de la
cárcel de la oficina, de la trampa de la operación de
veinticuatro horas, de la
fábrica de papeles que él mismo ha construido; y verse a sí
mismo”
M. Barroso
Este es el último espacio
de Gerencia en Acción por este año y siempre ha pretendido el autor del
mismo tratar de estimular un proceso de reflexión que contribuya a que
cada día se formen más y mejores personas.
En este período que está pronto a finalizar un año más, mucha gente
piensa en forma retrospectiva de su actuación y una gran mayoría se hace
muchas preguntas acerca de su calidad de actuación. Los valores sociales
en los países industrializados están muy ligados al éxito, en
consecuencia un porcentaje considerable de la población tiene un
comportamiento asociado con el logro y la excelencia. En dichos países
las inquietudes y sus consecuentes respuestas obedecen a un proceso de
retroalimentación, tendente a mejorar substancialmente su estilo de
vida. Mientras que en los países en vías de desarrollo los principios y
valores están muy separados del éxito y en vez de ese objetivo, la norma
del comportamiento es evitar el fracaso, que nunca significa conseguir
el éxito. En consecuencia la pregunta que normalmente surge en los
procesos intelectuales de los pobladores de estos países y que puede
conducir a un proceso de reflexión es la siguiente: ¿Cuántas veces nos
ha pasado que sólo después de fracasar reiteradamente reconocemos la
necesidad de cambiar? Siendo la respuesta lógica a dicha inquietud la
siguiente: “Si se pretende cambiar, se tiene que desarmar la estructura
de significación, es decir modificar las conductas y valores propios”.
Por tal motivo se debe alterar el sin número de interacciones
recurrentes que los generan.
Los actores del contexto social de comienzos del presente siglo, han
quedado involucrados en un proceso de transformación debido a cambios:
en los componentes esenciales de esta aldea planetaria, en la economía,
en las costumbres sociales, que se aceptan o no, que gusten o no guste,
se están produciendo y, tal vez la mejor conducta es aceptarlo y
adaptarse armónicamente a ellos. Es imposible imposibilitar esos cambios
en el entorno y mucho menos cambiar su curso. Sólo se pueden estimular
cambios interiores de las personas, cambios psicosociales, tanto en los
modelos mentales, como en el dominio personal, es decir en la estructura
y el funcionamiento de los procesos intelectuales. En otras palabras las
personas necesitan cambiar interiormente y efectuar cambios psicológicos
y comportamentales, para que puedan funcionar en armonía con los cambios
del mundo exterior. Muchas personas perciben el proceso de cambio como
un obstáculo, algo indeseable y perturbador.
Bajo estas perspectivas un alto porcentaje de la gente frente a los
procesos de cambios, se hacen entre otras las siguientes preguntas:
¿Cómo lograr que sea percibido como una oportunidad llena de
posibilidades de desarrollo y no como algo adverso al propio proyecto de
vida personal? ¿Cómo construir a nivel del grupo familiar y más cercanas
amistades, conocimientos, comprensiones y habilidades para un mejor
desenvolvimiento en el mundo emocional, social, laboral y en el que les
corresponderá desenvolverse en escenarios futuros? Es importante señalar
lo siguiente: ¡que todo proceso de cambio implica un sentimiento de
pérdida!
Las personas debido al uso en demasía de su “cerebro reptil” suelen
entrar en un proceso de cambio más o menos contra su voluntad, es decir,
un poco “incitados” por cambios exteriores, que perciben pero no
aceptan. Cuando esto ocurre, experimentan un sentimiento de “pérdida” en
su mundo emocional, y muchas veces también en los escenarios familiares,
empresariales o institucionales. Este sentimiento de pérdida está
íntimamente relacionado con los usos y costumbres personales. Pero, si
estas pérdidas se administran inteligentemente, pueden ser convertidas
en oportunidades de desarrollo emocional, familiar, social y productivo.
En la medida que las personas estén más arraigadas a sus usos y
costumbres todo cambio es percibido como algo doloroso e innecesario. Al
fin y al cabo, en la mente de las personas que tienen un modelo mental
convencional y por supuesto clavado en el pasado, está muy arraigada la
convicción de que: “más vale malo conocido que bueno por conocer”.
Bajo este nuevo escenario globalizado y tendente a transformarse en
gente de calidad, el proceso de reflexión de estos tiempos navideños
debería de dar respuestas a las siguientes preguntas formuladas por el
Dr. P. Drucker: ¿Quién soy? ¿Cuáles son mis aptitudes? ¿Cómo trabajo?
¿Dónde debo estar? ¿Cuál es mi aporte? Completando este proceso
intelectual reflexionario con las siguientes visiones futuristas:
mejorar cada día más la responsabilidad por las relaciones y planificar
la segunda mitad de su vida.
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