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Venga la esperanza
por Homero Muñoz

Más allá, bastante más allá de los festejos, de los sesudos análisis de los politólogos en todos los canales y todas las radios, de los ruiditos que ya se oyen producto de los reacomodos en las internas. Mas allá aún de la instalación de un cierto desasosiego en el pecho de más de una y más de uno que no tienen muy limpia su conciencia y temen revanchas de aquellos que alguna vez fueron sus víctimas (en cualquier cancha, en cualquier nivel), o simplemente son conscientes de que bajo una administración seria y honesta no duran (no me refiero sólo a los ñoquis), más allá de todo esto y de la alegría por el triunfo, quiero hacer un llamado a la reconstrucción de la esperanza.

Hace ya algunos años, como 20, que el desánimo ha cundido entre muchos que supieron dejar el alma en la tarea militante y que ahora están en sus casas mirando el partido por la tele, en lugar de estar en la cancha, hombro con hombro con los ahora llamados militontos por otros que también lo fueron. Hay muchos también que siguen trabajando en el comité de base, en la asociación de padres de la escuela, en el club de fútbol, en la cooperativa de vivienda, buscando cada cual un huequito donde dar su energía al servicio del colectivo, porque está en su ser. Pero aún estos, muchas veces lo hacen casi por inercia, sin alegría, por terquedad o convicción, pero sin esperanza, sin esa cosa medio mística que nos movía hace no tantos años.

Han pasado un par de incendios desde entonces, es cierto. Se han derrumbado algunas certezas y han proliferado no pocas desilusiones.
Y todo en tan poco tiempo.

Pero ya está bien. Ya pasó el tiempo del cansancio y el bajón.
Jornadas como la del domingo 7 deberían ser suficientes para levantar el ánimo a un difunto. Pero sé que a aquellos que describo más arriba, no les basta.

Todos sabemos, todos, que la revolución no es mañana. Eso lo supimos siempre, aún cuando estaba “a la vuelta de la esquina”. Sabíamos que era una esquina de historia no de barrio.

Todos sabemos también lo del primer paso de la larga caminata. Pero no alcanza.

Claro, pasó que maduramos, que la misma perspectiva ahora la vemos desde los golpes, las prisiones, los exilios, los desamores de quedarse a vivir la dictadura. Estamos duros y encallecidos. No entramos fácil por el aro de la esperanza. Ya nos la patearon una vez.

Y sin embargo debo apelar a todo el resto que quede en cada mujer y cada hombre de este país. Quiero pedir que dejen que nazca la flor, que nos juguemos el todo por el todo otra vez. Como si volviéramos al primer enamoramiento, a palpar desde cero la maravilla.

No lo pido en vano.

El pico de acumulación en el que estamos y estaremos en los próximos meses, no ha pasado nunca en la historia del país.

El contexto regional es también de calidad inédita.

En lo que nos queda de vida no vamos a tener otra oportunidad como esta.
Piensen en los gurises. Y en los gurises de los gurises. En la vida que viene. Y hagan por romper el cascarón de amargura, de desencanto, de lejanía altiva.

Yo no escribo desde ningún otro lugar que desde la base más base.

Estoy pidiendo entusiasmo, alegría, esperanza, confianza, amor.
No es mucho lo que pido.

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