|
Saddam Hussein
¿Captura o entrega pactada?
por José Carlos García Fajardo
España agencia CCS
Varios
signos permiten plantearse si el ex presidente de Irak ha sido
capturado, gracias a la eficacia de los servicios de inteligencia
angloamericanos, o después de un acuerdo con puesta en escena incluida.
El asesinato de sus dos hijos, y el escándalo para un musulmán por la
exhibición de sus cuerpos desnudos ante las cámaras de televisión, han
tenido que influir en las perspectivas que podían aguardar a sus hijas y
a sus nietos, que lograron huir a Jordania pero siempre al alcance de
quienes, desde el ataque del 11 de septiembre, han recuperado la
“licencia para matar”.
Por otra parte, al igual que sucede en todos los regímenes tiránicos, en
tiempos de Saddam Hussein, no había terrorismo fundamentalista. Después
de la invasión por EEUU, han afluido a Irak terroristas desde varios
focos del integrismo islámico, que ni él mismo podría controlar.
Junto a una auténtica resistencia por parte del pueblo Iraquí, han
aparecido bandas que anuncian un peligro mayor que el del régimen
anterior, el del integrismo que convertiría en un volcán gran parte del
mundo musulmán.
Ni los EEUU ni nadie cree ya que fueran ciertas ninguna de las cinco
causas por las que invadieron Irak en una guerra injusta e ilegítima:
armas de destrucción masiva, nucleares, biológicas o químicas,
terrorismo islámico o fundamentalismo integrista. Si se trataba de
derrocar a un dictador, eso está explícitamente condenado por la Carta
de la ONU.
Durante más de veinte años, las grandes compañías transnacionales, y
muchos gobiernos occidentales, han depositado a nombre de Saddam
ingentes cantidades de dólares del precio del petróleo en bancos en el
extranjero de las que sólo él o su familia conocen las claves.
Esta práctica criminal ha sido costumbre generalizada entre los
dirigentes de las grandes compañías petrolíferas y los dictadores de los
países productores de petróleo: Elf Aquitaine, Shell, Texaco, Chevron.
Más que de una traición, pudiera tratarse de un acuerdo con arreglo a
condiciones muy importantes: ser reconocido como prisionero de guerra
con todas las garantías de la Tercera Convención de Ginebra que señala
que «los prisioneros deberán ser protegidos en todo tiempo contra los
insultos y la curiosidad pública», que «no tendrá obligación de
declarar, cuando sea interrogado, más que sus nombres y apellidos, su
graduación, la fecha de su nacimiento y su número de matrícula o, a
falta de éste, una indicación equivalente»
La declaración de Rumsfeld garantizando esos derechos contrasta con la
inimaginable estancia de Saddam Hussein en un zulo como el escogido para
“la captura”, sin ningún medio para comunicarse, sin agua ni comida en
el zulo, sin mantas, sin útiles para sus necesidades, sin posibilidad de
sobrevivir durante largo tiempo sin ayuda inmediata.
Saddam no había perdido ni un kilo de peso, como confirmaron los
médicos, lo que sería impensable en un hombre que hubiera vivido en
zulos durante nueve meses. Una vez removidos los disfraces, apareció
cansado pero en buen estado aunque con evidentes signos de haber sido
drogado, como ha denunciado su hija Raghad Hussein.
Algunos analistas han llegado a escribir que ni era soldado ni había
hecho nada por Irak durante su mandato, que era musulmán integrista (sic)
y que apoyaba al terrorismo de Al Qaeda. No se puede negar que había
hecho de Irak el estado laico y progresista más avanzado de Oriente
Medio. Olvidando que la imposición de un régimen calcado de las
democracias de Occidente podría ser contraproducente en una sociedad
como la Iraquí con otra concepción de la vida familiar y de las
relaciones sociales. Tampoco si no se recupera lo mejor de los
planteamientos básicos del partido socialista Baas, “Resurgimiento”,
fundado en 1948, y que el dictador confundió con sus propios intereses.
El esfuerzo realizado para capturar al ex presidente con vida, podría
anunciar una voluntad de hacer las cosas con un cuidado que prefigurara
el que deberá aplicar en el inmediato futuro para todo el país.
Un juicio con todas las garantías formales podría aclarar los crímenes
de los que ha sido responsable Saddam, así como sus alianzas como
instrumento de diversos países occidentales, contra el régimen iraní de
los ayatolás. Si no sucumbe ante una insuficiencia cardiaca repentina.
No se puede olvidar que los servicios de inteligencia norteamericanos
ayudaron en 1979 a Saddam Hussein a hacerse con el poder, una vez
depuesto el presidente Asan al-Bakr que mantenía unas estrechas
relaciones con Moscú.
Llamó la atención la declaración del oficial responsable de la “captura”
cuando dijo que “Saddam tenía unos 20 o 30 agujeros semejantes en los
que nunca permanecía más de cuatro o seis horas ya que se cambiaba
continuamente”.
Ante semejante imbecilidad era tan lícito dudar de la veracidad de la
escena como tuvo que serlo después de conocer que el pavo, que tan
heroicamente Bush llevó a sus tropas el Día de Acción de Gracias, era de
plástico.
fajardo@ccinf.ucm.es
LA
ONDA®
DIGITAL |
|