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“Para que haya desarrollo económico, hay que entender la sociedad como un todo, en sus valores, sentimientos, tradiciones, culturas, si queremos realmente ser eficientes en nuestros objetivos”
Discurso del contador Enrique Iglesias Presidente del BID

A continuación La ONDA digital publica la intervención completa del presidente del BID, contador Enrique Iglesias, al dejar inaugurado desde el Paraninfo de la Universidad de la Republica el seminario “La agenda ética pendiente de América Latina”, que se realizó durante los días 18 y 19 de diciembre pasado. En el acto inaugural intervinieron el rector universitario Rafael Guarga, la Dra. Jacinta Balbela,el Ministro de Cultura Dr. Leonardo Guzmán, el secretario de Estado de Noruega Olav Kjorven y el coordinador general de la iniciativa Dr. Bernardo Kliksberg

Esta es una reunión que nos conmueve, nos hace sentir profundamente agradecidos por el apoyo que da la presencia de todos ustedes y la calidad de esa presencia.

Yo imagino que muchas personas pueden preguntarse qué tiene que hacer una institución financiera en estos temas y tienen razón al hacérsela. Les podría contestar de dos maneras: diciendo que el presidente y fundador del Banco, hace 47 años, don Felipe Herrera solía decir que esta Institución debería ser algo más que una institución financiera, estamos tratando de eso.

Pero fundamentalmente la pregunta se respondería diciendo: son las experiencias de todos los días, de los practicantes de la economía, que somos nosotros, de comenzar a entender cada vez más que el desarrollo económico es una cosa mucho más complicada que lo que creíamos 30 o 40 años atrás, cuando desde este mismo claustro, señor rector, discutíamos los planes económicos del Uruguay. Es bastante más complicado y una lección importante se resiste al reduccionismo económico. Hay que entender la sociedad como un todo, en sus valores, en sus sentimientos en sus tradiciones, sus culturas, si queremos realmente ser eficientes en nuestros objetivos por más nobles e inspirados técnicamente que sean.

Es un poco por esto que la realidad nos fue mostrando las limitaciones que da el sentirse constreñido exclusivamente a la racionalidad económica.

Visitando Noruega y al primer Ministro de ese país, vimos que en Noruega hay un programa estupendo de este tipo donde participa toda esa admirable sociedad. Nosotros le dijimos al primer Ministro por qué no hacemos algo de este tipo en América Latina y el Caribe.

Para nosotros es una experiencia de todos los días la de estar casi todos los días en los países de la región y desde luego con la ventanilla abierta al mundo. Esto nos ha mostrado dos trágicas contradicciones o dos trágicas ambivalencias. Una, la de las sociedades nacionales con la que trabajamos y otra la sociedad internacional. Este es el punto de partida de este encuentro hoy, las sociedades nacionales de nuestros países, de nuestra región tienen ansiedades, frustraciones, desesperanzas.

Es curioso que esta región, América Latina, que sin duda ha sido la región del planeta que ha tenido mayores experiencias de políticas económicas, ha sido un gran laboratorio y sigue siéndolo. Experiencias económicas que van desde voluntarismo estatal extremo hasta el voluntarismo liberal extremo, pasando por todos los matices intermedios. Es curioso que esta región que ha venido ensayando, que ha sido un punto de encuentro de las ideas de las tendencias económicas filosóficas políticas, estemos siempre a la búsqueda del modelo, del paradigma que nos lleve a la solución que todos ansiamos.

Hemos visto las ambivalencias y es cierto que ha habido progresos, por eso la de hoy no es la América Latina de hace 10 años. Es otra región, ha habido progreso económico, pero la ambivalencia está en que junto con eso nos hemos encontrado que tenemos economías muy vulnerables a los choques que vienen de afuera, hemos visto trágicamente lo que ha acontecido en esta América Latina en la ultimas décadas. Nos sorprendió a todos.

Más pobres de los que teníamos antes, más desigualdad en la distribución del ingreso, más desempleo, mayores problemas nuevos en materia de exclusión, que es una exclusión indignantes.

Está la aparición de nuevos elementos en las sociedades profundamente distorcionantes que van quebrando el mismo tejido social, que pasan desde luego por la violencia, que pasan por el terrorismo, que pasan por todos los problemas derivados del crimen organizado, que pasan por la destrucción familiar.

Estamos viendo una sociedad que a partir de ese desarrollo económico que creemos que no está respondiendo a las expectativas, sino que esta agravando las distancias y los problemas.

Esto interpela muchas cosas, en primer lugar interpela los modelos económicos. Estamos permanentemente preguntándonos si realmente esto sirve o no sirve, porque no hemos logrado sentar una visión que nos permita insistir y persistir en una línea.

En segundo lugar interpela a las insolaridades que tenemos en la región: la insolaridad del hedonismo por ejemplo y el consumismo acelerado que hemos ido exportando sobretodo de sociedades ricas.

La insolaridad del individualismo que es el punto de partida de la corrupción, ese flagelo que golpea a las sociedades en forma violenta y que es una de las fuentes más importantes de la insatisfacción y del enojo de nuestras colectividades.

Interpela a la civilización del vacío, donde prácticamente todo vale y nada compromete, donde lo importante no es la identidad sino el placer, donde todo el mundo tiene la verdad, pero nadie tiene la certeza.

Estamos interpelando las fuentes de las insolidaridades que persisten en la región y por cierto estamos interpelando las conquistas políticas, porque en este tipo de sociedad fragmentada, la democracia sufre y pierde pie, en cambio ya no da lugar al autoritarismo – afortunadamente- , pero da lugar a la apatía, que es un fenómeno muy grave que implica la no participación o el alejamiento y la crisis de nuestras instituciones.

¿Cuál es el gran desafío frente a esa gran fragmentación que tenemos hoy en las sociedades? Tenemos que apelar a nuevos valores que formen parte de una ética de la responsabilidad, de los grandes lideres políticos o privados, de los intelectuales, de la sociedad civil, de todos.

Estos son los temas centrales que nos va permitir conciliar lo que todos queremos, conciliar la eficiencia económica con la eficiencia social, en referencia a los derechos humanos, con democracia, con libertad, con respecto al medio ambiente. Esto implica fundamentalmente algo que una vez sentí decir a Michael Camdessu: En el fondo aquí de lo que se trata es de darle un sentido ético a tres grandes manos, por supuesto a la mano invisible del mercado, que es muy creador, como lo vemos en las sociedades desarrolladas, pero que no puede estar sola sino hay una mano visible de la justicia, que implica el compromiso del Estado y la mano visible de la solidaridad social que es la base en la que asentar en ultima instancia la contribución de nuestras sociedades.

La otra ambivalencia nos viene del mundo, de la sociedad internacional. Yo recuerdo cuando siendo muy joven caminado por estas calles salíamos a festejar la paz del año 1945, saludando la gran aventura de la humanidad que era la creación de las Naciones Unidas. Por primera vez en la civilización luego de la frustrada Sociedad de Naciones se daba una nueva organización donde iban a estar sentadas todas las naciones del planeta para construir un mundo mejor, un mundo en paz. Mundo en paz no solo por el silencio de las armas, era el mundo en paz fundamentalmente por un principio de solidaridad, de donde partió la idea del desarrollo.

Hoy estamos en un mundo donde por primera vez tiene la capacidad real de resolver los temas de la miseria, de la miseria en un sentido bíblico, de la pobreza como no lo tuvo nunca, gracias al avance de la ciencia y la tecnología.

Tiene además como complemento la posibilidad de incorporar una globalización sensata y constructiva que nos permita abolir fronteras, desarrollar personas, comercios, bienes.

Esa era la gran ilusión sobre los cuales estamos construyendo aquel gran paradigma del año cuarenta y cinco.

¿Que tenemos en cambio? Tenemos una situación donde la pobreza avanza en América Latina, en los últimos años 20 millones más, ya estamos en un 43% o 44% de pobreza. Las distancias entre ricos y pobres se agrandan, el desempleo se constituye en la peor tragedia ya que afecta a las nuevas generaciones, y no hay cosa más dramática que ver la gente que quiere trabajar y no encuentra trabajo, que ha estudiado y no encuentra que hacer. Es un tema que destruye la moral de la gente y esto esta creciendo desgraciadamente más de lo que hubiéramos imaginado.

Tenemos una sociedad proteccionista, un mundo proteccionista, creímos que se iban a abrir las fronteras, que se abren pero muy lentamente.

Tenemos terrorismo, tenemos emigraciones, y tenemos estos grandes flagelos que son los enfrentamientos de razas, de religiones y de nacionalidades. Hoy el concepto de paz y seguridad vuelve a ser un tema central en el mundo.

La seguridad en un sentido amplio, la seguridad social, la seguridad de vivir en condiciones mínimas de dignidad, la paz con dignidad lo que queremos en el mundo de hoy.

Bien sé ha dicho que un mal que no se puede resolver se soporta, pero cuando un mal se tiene la certeza que se puede resolver se hace insoportable. Esto es lo que nos esta pasando a niveles internacionales y nacionales.

Estos son los temas que mueven a este tipo de esquemas. Hoy tenemos que reafirmar aquellos conceptos del multilateralismo de la acción colectiva basado no solamente en el pacto de armas sino en el pacto civilizatorio de la solidaridad, es un tema fundamental.

Estas dos ambivalencia son las que nos han llevado a revisar conceptos de desarrollo y volver un poco fuentes, yo siempre recuerdo que el fundador del capitalismo Adam Smith, antes de construir las bases de la economía moderna enseñaba moral, era profesor de ética, y el libro que está escrito allí habla perfectamente del funcionamiento de una sociedad capitalista. Estos textos nos enseñan que junto a la racionalidad económica -que es muy importante y que se describe en números- hay una racionalidad social o una racionalidad política esto es lo que va llevando de la mano al concepto de desarrollo al que tenemos que trabajar.

Se ha dicho también que “los valores éticos de los empresarios y los profesionales de una sociedad son partes de sus recursos productivos”. Eso es lo que quiere hacer con esta iniciativa, cuando quiere valorizar ese capital social, que es por cierto bienes naturales, que es capacitaciones, educación, que son las culturas, las tradiciones, los valores solidarios de una sociedad que son las bases de una economía solidaria.

Decía Octavio Paz que de alguna forma los grandes ideales de la revolución francesa - la libertad la igualdad y la fraternidad-, iban caracterizando los siglos que siguieron a la revolución. El siglo XIX el de la libertad, el XX la búsqueda ansiosa de la igualdad y el XXI la búsqueda ansiosa de la fraternidad que en un termino moderno llamaríamos solidaridad.

Al decir de la Comisión Justicia y Paz: “La solidaridad tanto nacional como internacional no es un sentimiento de compasión vago o de ternura superficial por los males sufridos por otros, debe ser una determinación firme y persistente de trabajar por bien común por el bien de todos y cada uno, porque todos somos responsables de todos”

En el entusiasmo de este tema no estamos solos en América Latina, ya que están las religiones, las filosofías, las universidades, las organizaciones no gubernamentales están en todo esto. El que podamos hacer este debate, no a partir de economicistas, sino de la que tenemos que cumplir todos los días, nos enriquece enormemente a nosotros y yo espero que este diálogo también los enriquezcan a todos ustedes. Muchas gracias.

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