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IV Congreso del FA: primó
la responsabilidad política
y el compromiso social y democrático, en
tanto surgen las “tribus” como nuevas formas
de organizarse
por Daniel Peluffo
El
Frente Amplio culminó el año con una victoria en el referéndum
por Ancap y con un IV Congreso Extraordinario, donde estableció
los grandes lineamientos programáticos con que se presentará a
las elecciones nacionales de 2004. A la vez definió la fórmula
presidencial oficial del FA, Tabaré Vázquez- Rodolfo Nin Novoa,
que será plebiscitada en las próximas elecciones internas.
Mientras tanto el doctor Tabaré Vázquez deberá esperar hasta
fines de marzo, para saber si deberá confrontar o no en las
internas con el senador Danilo Astori (Asamblea Uruguay), quien
en esos días resolverá si se presenta como precandidato a la
Presidencia de la República.
En este sentido nada indica que esté en peligro la fórmula
presidencial emanada del IV Congreso, dada la actual correlación
de fuerzas existente en el progresismo uruguayo.
El IV Congreso mostró a una fuerza política con capacidad de
debate, por lo menos de los militantes más activos, donde
predominaron – no sin dificultad- las posturas más moderadas. El
hecho de que la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva
del Estado (Ley de Impunidad) no haya sido derogada, tal como lo
promovían las corrientes más radicales, fue la clara
demostración de que el Frente Amplio se inclina hacia una
propuesta moderada y democrática, que asimismo no apunta al
rupturismo en todos los planos con el pasado, particularmente
con aquellas decisiones que emanaron de la soberanía popular.
El ejercicio democrático
El debate se dio durante dos días seguidos, con comisiones donde
siempre hubo más de 150 delegados debatiendo, y con un plenario
que no superó los 1.500 delegados y que representó a unos 300
Comités de Base de todo el país.
Los delegados debatieron sobre un documento elaborado por la
Comisión Integrada de Programa del Encuentro Progresista- Frente
Amplio, cuyo trabajo insumió muchos meses de elaboración
conjunta de los progresistas, donde participaron militantes y
técnicos,
Como ha ocurrido en otras oportunidades el peso de los sectores
que componen la coalición de izquierda, fue un factor decisivo
en el momento de asumir las resoluciones, teniendo poca
gravitación las argumentaciones de los delegados de base, que
solo en algunos momentos de la votación lograron independizarse
de las dirigencias.
Esta situación mostró, una vez más, que el Frente Amplio en sus
estructuras militantes tiene mucho más de coalición que de
movimiento, lo que a la vez está indicado que la gran masa
progresista del país no tiene, hoy por hoy, posibilidades de
incidir directamente o indirectamente en la fuerza política de
izquierda.
A pesar de esa crítica situación el Frente Amplio aparece ante
la opinión pública, con justeza, como la fuerza política que
tiene el más desarrollado funcionamiento democrático del país,
contrastándose con el Partido Colorado cuyo funcionamiento
democrático es nulo, dado que se base en la aceptación de la
convivencia de dos agrupamientos: el Foro Batllista (Julio María
Sanguinetti) y la Lista 15 (Jorge Batlle).
El IV Congreso volvió a mostrar la ausencia de sectores
vinculados a la academia y a la Universidad, aunque mostró un
repunte tenue de la presencia de dirigentes sindicales que en su
mayoría son de izquierda, pero que no participan activamente en
las decisiones de la fuerza política.
Otra vez esta asamblea de los frenteamplistas volvió a mostrar
la ausencia de delegados jóvenes, entre los 18 y los 30 años de
edad. Fenómeno que no hace más que expresar el alejamiento de
las nuevas generaciones del conjunto del sistema político, que
desde la caída de la dictadura en 1984 se viene manifestando con
agudeza.
Si bien la estructura social de esa masa de delegados no es
posible definirla con certeza por la falta de datos concretos,
se puede afirmar sin temor a equívocos que predominaron las
capas medias bajas y baja.
El pacto político
El mayor éxito del IV Congreso del FA fue sobre el medio día del
domingo, donde el cuerpo dirigente liderado por Tabaré Vázquez
mostró lucidez política y capacidad de entendimiento. Fuentes de
la coalición de izquierdas adjudican a Vázquez todos los
méritos, por ser el responsable de haber preparado ese
escenario. .
En apenas una hora y media emanaron las señales más positivas
del IV Congreso. Fue cuando en el estrado se encontraron, para
hacer uso de la palabra, el senador Rodolfo Nin Novoa (AP),
Mariano Arana (VA), Jorge Brovetto (Vice del FA), Tabaré Vázquez
(Presidente del EP-FA) y el líder histórico de la izquierda, el
general Líber Seregni. Minutos antes el senador Reinaldo Gargano
(PS) había argumentado a favor de la candidatura de Nin Novoa y
el tupamaro y senador Eluterio Fernández Huidobro había
argumentado contra la derogación de la Ley de Impunidad. Con
esos pocos gestos se creo él gran gesto de que existía una
mayoría sólida, sin fisuras, dispuesta a conducir a la izquierda
y el progresismo en el próximo año electoral. En su discurso
Vázquez trasmitió el peso de la responsabilidad que asumía ese
equipo dirigente:“Permítanme decirles que hay un derecho al que
debemos renunciar: el derecho a equivocarnos. ¡¡Sí, compañeras y
compañeros: debemos renunciar al derecho a equivocarnos !! ¡¡ No
somos perfectos, pero no podemos fallar!! ¡¡ No podemos fallar
porque nuestros errores los pagará el país, y el Uruguay ya no
puede ni merece seguir pagando los errores y en algún caso los
horrores de sus gobiernos !!”.
Las líneas programáticas
Sobre las grande líneas programáticas Tabaré Vázquez hizo un
buen resumen, durante el discurso en el que aceptó la
candidatura. Vale, entonces, lo que sigue:
“Pautas programáticas que hace pocas horas, al inaugurar esta
máxima instancia de dirección política del Frente Amplio,
nosotros sistematizamos en cinco ejes complementarios:
1.
Uruguay social, porque la mayor riqueza de cualquier país es
la calidad de vida de su gente.
2. Uruguay productivo y de trabajo, con la economía al
servicio de la gente.
3. Uruguay inteligente, innovador, científico y tecnológico
4. Uruguay democrático en términos de ciudadanía, derechos,
Estado y mercado.
5. Uruguay soberano, integrado a la región e inserto en el
mundo
No vamos a
reiterar ahora lo que ya dijimos el viernes de noche respecto a
cada uno de estos ejes.
Pero sí vamos a reiterar tres conceptos que también hemos
expresado anteriormente pero que nos parece importante compartir
con ustedes en esta circunstancia.
En primer lugar, que las cosas no cambian por voluntad divina,
ni por sí solas, ni por obra y gracia de los magníficos
documentos que nosotros podamos elaborar. Para que las cosas
cambien se necesita inteligencia y voluntad. Para que las cosas
cambien debemos ponerles cabeza, manos y corazón.
En segundo término, y en estrecha relación con lo anterior, los
cambios que proponemos requieren de nuestra parte inquietud
intelectual, sentido de la realidad y responsabilidad política.
Algún marxista de última generación ha dicho recientemente lo
que también decía el propio Marx en el siglo XIX: que las ideas
que no chocan contra el mundo difícilmente sean capaces de
transformarlo...
¡Tenemos que desperezar la utopía!, ¡tenemos que recrear la
ilusión!, ¡tenemos que construir el futuro desde la incomodidad
de nuestro propio pensamiento!
Hay que recrear la ilusión. Pero también hay que tener sentido
de la realidad.
Miren, compañeras y compañeros: tan irresponsable y reaccionario
como resignarse a lo que hay es aspirar a lo imposible.
En tercer término, que nuestra propuesta no es neutral, que
tiene valores, principios y objetivos que la diferencian e
identifican. Es independiente pues no somos ni el brazo político
de nadie ni aspiramos a que nadie sea brazo nuestro, pero no es
neutral. Pero además, nuestra propuesta no desconoce que el
Uruguay como proyecto nacional es un futuro compartido.
Aspiramos a un gobierno progresista sustentado en amplias y
sólidas mayorías políticas y sociales. Un gobierno progresista
para instrumentar cambios, por cierto. Pero una cosa es cambiar
y otra es demoler.
En Uruguay, de la demolición se han encargado otros que no son
progresistas.
Los cambios que promovemos requieren sustentabilidad política
pero también sustentabilidad social. Requieren ese gran acuerdo
ciudadano que establezca los objetivos, las prioridades y las
reglas de juego que cualquier sociedad necesita para
organizarse, funcionar y progresar.
Tal es la clave de nuestro desafío, el del Frente Amplio en su
globalidad, el de este Congreso, el de la responsabilidad que
ustedes me han confiado: ser capaces de convocar, articular e
impulsar un proyecto de país integrado en sí mismo, que
incorpore las esperanzas, los compromisos y las capacidades de
todos los uruguayos, con la confianza y la dignidad necesarias
para realizarse como nación en la región y en el mundo”.
Las dudas que quedaron
Del punto de vista programático la mayor deuda del IV Congreso
fue todo lo relacionado con el sistema educativo, que se vio
reducido al debate en torno a una propuesta infantil de no tener
en cuenta a los técnicos que colaboraron con la reforma
educativa del profesor Germán Rama. Pero incluso, si este
problema no hubiera existido, las carencias que tiene el FA en
materia de propuesta educativa son tremendas. Carencias que no
son solo de la fuerza política, sino que también tiene que ver
con que los actores de la educación no han podido vertebrar un
proyecto alternativo al desastre que han implementado los
partidos tradicionales.
La otra duda es sobre la participación, con capacidad de
decisión, que deberán tener en un futuro los votantes
progresistas en la fuerza política. En todo el congreso nadie
habló de la crisis de militancia, de las nuevas formas de hacer
política, de la proliferación de nuevas organizaciones.
Hoy no están presentes en el análisis los que han optado por
retornar a la política, pero por fuera de las estructuras
militantes clásicas. Durante varios tramos del informe al
reciente congreso, y luego en el discurso de clausura, el doctor
Tabaré Vázquez hizo referencia a la participación de todos los
frenteamplistas en las trascendentes decisiones que se estaban
tomando, entre ellas votar la formula presidencial Vázquez-Nin.
Formalmente una opinión casi inobjetable, pero sustancialmente
muy distante de la realidad. No es un fenómeno nuevo el que
miles de frenteamplistas no encuentran formas orgánicas de
participar y de expresarse en la institucionalidad de la
izquierda, lo que ha llevado a la constitución de “las tribus”.
Lo que resulta extraño es que en esta oportunidad nada se dijera
en el congrego y más bien se diera por no existente el fenómeno.
Lo segundo y nuevo en el universo de la izquierda es que un
número
importante de frenteamplistas no institucionales ha creado ya
organizaciones cuyas fronteras políticas son las bases
filosóficas del FA, pero con un fuerte acento crítico a los
métodos de la orgánica de hacer la política de la izquierda y
sus partidos.
La dirigencia del FA parece desconocer que allí donde nacen los
cimientos de la ciudad de Montevideo y donde hoy la colectividad
afrourugaya ha logrado una casa de la fraternidad , se reúnen
semanas a semanas decenas de progresistas, muchos de ellos con
larga y fecunda militancia frenteamplista.
Estos se llaman Sociedad y Política (SyP). En el centro del
Buceo de hoy, no solo existen los Shopping, y sus modernas
torres, sino también las viejas raíces del barrio que dan nombre
a otro grupo de progresistas “La Mondiola”. Las cifras
electorales siempre indicaron que en el Buceo el FA tiene entre
su población a una porción importante de su electorado, por lo
que allí también existe otro agrupamiento que se autodenomina
“Proyecto Miramar” cuyos proliferados pasacalles poblaron las
calles en la reciente campaña por el referéndum de Ancap. Pero
se podría agregar más: los “vecinos” del molino de Pérez en
Malvín, el grupo de las orillas del Pantanoso, los de Las
Piedras o los del Foro de Paysandú. Como fenómeno a subrayar
está el intenso intercambio de ideas que estos agrupamientos
realizan utilizando redes virtuales que abarcan a miles de
frenteamplistas que diariamente se informan o polemizan sobre
los más diversos temas de actualidad, incluido el propio
“congreso”, o de su propia historia. A estos nucleamientos
habría que agregarle la Generación 83 de la Universidad de la
República, que no tiene una definición de carácter político,
pero que está muy sensibilizada por el posible triunfo del FA en
2004.
LA
ONDA®
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