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Cosas del verano de
Montevideo parte II

por Carlos Lago

Cuando es enero uno puede permitir a un candidato presidencial, que cobra una jubilación de ex Presidente, que quiere volver a sentarse en el sillón del Edificio Libertad para gobernar que mezcle puchero y dulce de leche.

Es que en estos días el diputado Pita y su sector han planteado la posibilidad de juntar firmas para lograr, reforma constitucional mediante, que los uruguayos de la diáspora puedan votar.

Y aunque los efectos de la resolución de los ciudadanos “de acá y acá”, ya que la reforma no puede entrar en vigor en este año, recién puedan verse en el 2009 no importa.

Se supone que en la diáspora hay muchos uruguayos. Hay quien ha dicho que un 16 % y luego manejado un valor de algo más de un millón, lo que demuestra que su calculadora no le funciona muy bien.

Pero decir que alguien va de visita a casa de unos amigos, pasa por la cocina, ve que se está haciendo puchero y le agrega dulce de leche, total él no va a comer de ese plato, que sería lo que harían los que sin vivir en Uruguay decidirían junto a los que aquí estamos es un símil demasiado ligero.

Quizás pensar en un tuco y algunos condimentos sería más cercano a la realidad. Pero todo el tema no puede ser tomado a la ligera.

Creo que se equivoca en la forma de lanzamiento del tema el diputado Pita. Creo que no es el momento de ponerse a discutir en un tema que no tenemos resuelto ni siquiera dentro del país, ya que el voto interdepartamental no existe desde hace largos años, y los votantes deben trasladarse a su lugar de votación o pagar la multa, o arriesgarse a las consecuencias que en el no cumplir con el derecho – obligación de votar acarrea.

En el caso que estamos tratando se habla de voto por correspondencia, al estilo español, donde el inscripto en el padrón correspondiente recibe un sobre con franqueo de devolución cubierto, para que elija el candidato que desee.

No es como el argentino un voto consular, donde el votante va al Consulado a votar, y esto no es casual. El diputado Pita manifestaba que como Uruguay no tiene tantos consulados y sí una dispersión de ciudadanos muy grande, obligaría a grandes traslados a muchos, con lo que perdería sentido la aprobación de ese tipo de sufragio.

Por ello remarcamos que esto no es para tomarlo casi en solfa, socarronamente, mientras se habla de reforma política y achicamiento de gastos por una integración diferente del Parlamento (desapareciendo una Cámara, bajando el número de legisladores, etc).

Porque se parte de un pre supuesto que no está demostrado aunque pueda ser lógico creerlo: el que vive afuera es en su mayor parte de “izquierda” o posible votante del EP-FA.

No hay posibilidad de averiguarlo sino es recibiendo su inscripción de alguna manera, y su voto posterior.

Pero decía que era lógico que así se pensara de los exiliados económicos o emigrantes uruguayos, por la sencilla razón que en Uruguay hoy la mayoría de la población es de eso que para facilitar explicaciones se dice de izquierda. Y no hay razón para llevarnos a pensar que tengan otra orientación política.

Ahora bien. Si vemos el ejemplo cubano, y se me puede decir que allí no hay elecciones democráticas sino una farsa para entronizar un partido y un candidato, ¿qué pasaría si se autorizase el voto a los miles de cubanos que viven fuera?.

Se me dirá que esto es así porque no son exiliados económicos sino políticos, pero de los uruguayos del exilio ¿cuántos son ya segunda o hasta tercera generación?.

No es un tema fácil. No es fácil además porque deben contarse con muchísimas garantías sobre la no violación de la correspondencia y el cambio de la voluntad ciudadana. Porque el Padrón ¿dejaría votar personalmente además de hacerlo por correspondencia si el ciudadano se presenta a hacerlo?.

¿Cómo se asegura que el individuo que vota sea el uruguayo de afuera y no el vecino argentino porque el ciudadano ya no vive?.

Si la Corte Electoral sigue mal integrada como hasta ahora ¿no habría demasiados cuestionamientos?.

Y quizás el argumento fundamental: ¿serían candidatos de segunda categoría que no podrían participar en un balotaje en treinta días, porque existe algo que se llama burocracia y tiempos reales que necesita el correo a cualquier parte del mundo?.

Falta pensar demasiadas cosas.

Eso sí. No nos quedemos quietos. Veamos el tema del voto interdepartamental, como facilitarlo. Con eso vamos a lograr que los de “acá” voten en una proporción mayor, y preguntémonos si el voto de los mayores de 65 años, que no consiguen ya abstracciones como las que el siglo los obliga a tener tienen la obligación de votar. No digo que no voten. Sí que no sea obligatorio.

Y ahora que se habla que niños de 11, 12 años matan y rapiñan y se los quiere mandar al COMCAR, porque “saben y disciernen”, ¿por qué no bajamos a 14 años la edad para ser ciudadano y poder votar?.

Es verano, parece que el sol me ha calentado mucho la cabeza. Mejor paro por aquí.

Y me voy a comer dulce de leche con galletitas como cuando era chico. Me gusta muchísimo, por supuesto.

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