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El silencio estridente es
desde luego un silencio apócrifo
por el pintor Freddy Sorribas
Si
partimos de que objetivamente al arte lo han separado de sus raíces ( es
decir del humanismo) como reflejo de la división creciente de las
sociedades entre elites dominantes y excluidos dominados, deberíamos
colocar nuestra conciencia en tensión y reconocer el problema que eso
genera por ejemplo en múltiples expresiones contemporáneas del arte.
En la bienal de Venecia de 1976, se expuso como vedette sensacionalista
y escandalosa ( actitudes prologuistas del actual “ prestigiosísimo”
marketing del arte) una obra en la que lo que se muestra en vivo, es un
retardo mental.
Tomás Maldonado- director de la escuela de diseño de Ulm-Alemania, nos
muestra en un reciente análisis que inculcar, inculcar comportamientos
le es imprescindible a la elite emergente:
“La táctica de control de esta sociedad no estriba en esconder lo
arbitrario del inculcar, por medio de inculcar de lo arbitrario. Todo lo
contrario. Su táctica consiste en hacer explicito lo arbitrario del
inculcar.
“El arte produce metas preferenciales, pero a su vez, las metas
preferenciales guían el comportamiento artístico. Se trata de un
auténtico circuito que se presenta como un sistema de normas y de
reglas, y a la vez como instrucciones de uso – para el uso de las obras
de arte.
En el ritual de las galerías, de las revistas y de las ediciones de
arte, de los críticos de arte, de las grandes bienales, de los
congresos, de la enseñanza artística, se ha de aprender mucho – sino
todo – de la sociología de la institución artística en nuestra cultura.
Las corrientes del activismo artístico ( en los años cincuenta, la
Actino Painting y la Erotic Actino en los años sesenta, el Direct Arts y
la Erotic Actino, y también, en cierto sentido, el Land Art) son
testimonio, con incisiva claridad, del grado de miseria intelectual que
ha alcanzado la sociedad burguesa; productos
( o subproductos) de la vieja ideología vitalista y expresionista.
Todos los problemas que hoy nos vemos obligados a afrontar pueden, en
definitiva, expresarse en términos de elevada densidad, es decir en
términos de incremento congestivo.
Cierto cuando hablamos de densidad, enseguida nos viene a la mente otra
noción: la complejidad. Es evidente que, en la mayoria de los casos, un
universo de elevada densidad se presenta como un universo de elevada
complejidad - un sistema que está sometido a lo que los analistas llaman
las leyes de factorización progresiva – es decir, un sistema en el cual
cada variable tiende a proliferar, en dependencia reciproca y
conflictiva con las demás variables.
No ignoro que el tema de la complejidad es a menudo utilizado en la
sociedad capitalista como una simple operación diversiva; muchas veces,
en efecto, se intenta exagerar la complejidad de los problemas, para
inducirnos a creer que ni siquiera vale la pena intentar resolverlos.
Pero de ello no se puede sacar la consecuencia de que la complejidad sea
una mera fisión reaccionaria. Ya hemos dicho que la complejidad es el
resultado del incremento congestivo.
Y en nuestros días, el incremento congestivo es un hecho que nadie puede
ignorar, eludir o, menos aun, negar su realidad”.
Esos rumbos que hoy, 2004, cristalizan, (Ver: la ONDA Nro. 165) en
“¿Quienes quieren hacernos creer en la enfermiza idea de un mundo sin
arte?” O como lo señalado por Maldonado: “Perpetrado en Venecia,
constituye una forma de acusación contra el sadismo generalizado de la
sociedad capitalista tardía, en la que las masacres físicas ( no
solamente con animales sacrificados) y las reificaciones psíquicas (o
solamente con retrasados mentales) se producen cada día y por todas
partes.
En realidad, se trata de la arcaica costumbre animista, según la cual
basta con representar un hecho odiado o temido, para que el hecho quede
automáticamente exorcizado.
Pero las cosas van de otra manera. No se conjura la crueldad real
inflingida a los cuerpos reales de los hombres, y en circunstancias
históricas reales, con aberrantes simulacros de crueldad.
Los crímenes cometidos ( y que se continúan cometiendo) en Vietnam,
Laos, Camboya, Angola, Brasil, o en Irak, no necesitan parodias para
revelar su significado efectivo. Al contrario, la parodia de la crueldad
contribuye más a interiorizar que a exteriorizarme de la crueldad.
En el fondo, lo que nos propone culturalmente la sociedad capitalista
tardía es el silencio. No el silencio mudo, sino el silencio estridente.
Y este nuevo silencio estridente no se refiere solamente a las palabras,
sino también a las imágenes.
En contra de McLuhan – escribe Susan Sontag- he de decir que hoy estamos
viviendo nunca comprobada desvalorización del poder y de la credibilidad
de las imágenes, no menos profunda, y similar en su esencia a la que
afecta al lenguaje
Pero el silencio estridente es desde luego un silencio apócrifo. Así se
explica el hecho paradójico de que cuanto mayor es la violencia de las
palabras y de las imágenes, mayor es la posibilidad de que nuestra
sociedad las metabolice, es decir, las reconstruya, las incorpore a su
propio organismo. De esta manera, los mensajes más peligrosos serían, en
última instancia los más inocuos.
En 1966 Picasso declaraba a un periodista: “ es tiempo de volver a
pintar paisajes con los ojos, y no con lo que nos inculcan en nuestras
cabezas”
http://www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/165/A6.htm LA
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