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El optimismo oficial en la economía
no parece tener bases muy sólidas

por Raúl Legnani

El gobierno dice que todo va cada día mejor. Los veraneantes tienen la misma sensación, particularmente los de Punta del Este. Los economistas opositores, que los hay los hay, parecen no tener argumentos para cuestionar ese optimismo. Pero lo cierto es que si miramos con detenimiento lo que está pasando en la sociedad uruguaya, la preocupación nos abraza. Dicho esto sin negar que hay indicadores macroeconómicos que muestran que la caída se ha detenido, por ahora.

El corte social está mostrando su verdadero rostro, a pesar de cierta disminución de las angustias, aunque los angustiados solo puedan pasar el tiempo porque el verano ayuda. En Uruguay siempre ayuda: el calor, más que el turismo, mueve dinero, genera trabajo – en su mayoría precario- y a la vez es mucho más barato – menos energía eléctrica, menos gas, menos teléfono (porque total no hay con quien hablar)- aunque hoy antes de tirar un churrasco en la parrilla haya que pensarlo dos veces.

En los últimos días reapareció la violencia: conductores de taxis y de ómnibus heridos, aumento de las rapiñas y de los robos. Son los pobres que agreden a los pobres, pero con trabajo.

El salario sigue cayendo. En los hechos la flexibilidad laboral se ha desatado. Si alguien consigue trabajo será en negro, contratado y en el mejor de los casos deberá abrir una unipersonal. Ningún empresario, grande o chico, quiere pagar el BPS, aguinaldo, licencia vacacional, etc, etc.

La emigración no se detiene. Solo basta ir los jueves al Aeropuerto de Carrasco para comprobarlo. También alcanza con ir hasta la embajada de España, a las 7 de la mañana (si quiere va antes) para compartir las colas de quienes quieren emigrar “con todos los papeles”. La ONDA sabe que si mañana la embajada de España entregara en un solo acto todos los papeles en trámite, en un solo día se podrían ir 5 mil uruguayos.

Los ahorristas del Banco de Crédito casi no han podido recobrar sus dineros y preparan una marcha a Punta del Este para el próximo 30 de enero. Ahora nos enteramos que se va a crear una especia de fideicomiso, como el que se creó en el BROU para cobrar las carteras pesadas, pero de los bancos de Montevideo, Caja Obrera y Comercial. Una empresa privada, extranjera, va a ser la encargada de ejecutar al que no pague. En este baile hay 60 mil deudores, de los cuales 40 mil son familias o personas que deben por haber solicitado préstamos para vivienda o para el consumo. Muchos de estos deudores, también deben en el BROU. Si “los matan” por sus deudas en los tres bancos privados, el BROU no verá un peso. En síntesis: el tema de los deudores, complejo si los hay, sigue sin solucionarse.

El gobierno dice que va a controlar el gasto, para que el desastre no se nos caiga encima. Por un lado está bien, pero por otro no habrá inversión pública y por ello la industria de la construcción seguirá parada. Eso sí: dicen que van a gastar en Canelones, para ver si recuperan algún voto de los que perdieron en los últimos tres años.

Por más que hablan de que la desocupación está bajando, no dicen que eso es así por la temporada turística y por trabajos que generaron las intendencias de Montevideo y Maldonado, por unos pocos meses. El problema es que esos trabajos ya se terminaron y que dentro de un mes el verano se habrá ido junto con las buenas caderas de las veraneantes.

Ni hablemos de lo que puede pasar si Parmalat, la de acá, entra en el despeñadero. Hoy cientos de productores de leche rezan para que la crisis no golpee en su tambos. Suerte, por cierto, que nadie le dio pelota a Jorge Batlle y a Alejandro Atchugarry, que querían que Conaprole pasara a ser, en parte, propiedad de Parmalat.

Para que Carlos Maggi no se enoje con nosotros y diga que somos vendedores de bajones, hay que reconocer que la Industria Frigorífica anda bien, que hay más trabajadores empleados por ese sector, pero también hay que señalar que no vemos que los dueños de los frigoríficos inviertan un solo peso (¿estarán pagando sus deudas al BROU?).
Claro que también ha sido un bueno negocio la cebada, pero recordemos que los que se están llevando las ganancias son argentinos que en plena crisis financiera, la de ellos y la nuestra, compraron muy buenos campos en nuestro litoral.

Mientras todo esto ocurre, el gobierno tiene como única respuesta disfrazarse de “Intocable” y salir a clausurar a empresas y comercios por deudas ciertas. Y todos sabemos que la política de “pistola al cinto” en materia impositiva, que hay que hacerla, no alcanza para reactivar un país que a pesar del optimismo veraniego no sabe como llegar al invierno. Sería importante que el doctor Jorge Batlle, que sabe que se va en menos de un año, comprendiera que su mejor despedida fuera conversar con los actores sociales y políticos con el fin de establecer la mejor hoja de ruta para llegar a 2005. Con el gobierno que sea, porque en definitiva la mayoría de los uruguayos seguirán viviendo en este país.

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