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China:
un gigante del siglo XXI

por el Profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

La tesis del llamado Nuevo Orden Mundial  -actualmente unipolar-  merece considerarse en todas sus dimensiones. Si bien la hegemonía y el liderazgo está en manos de Estados Unidos, las decisiones de esta Administración, reflejan  sólo una arista del asunto y, por tanto, no permite comprender la riqueza y complejidad que las relaciones internacionales vienen adquiriendo en estos tiempos. Un caso típico son los importantes  cambios que se suceden en China. 

Este extenso y variado país asiático, sin lugar a dudas,  últimamente viene afrontando con cierta firmeza , una nueva etapa de transición. Tales cambios de su sociedad,  su política y su economía son difíciles de entender , pues China es y ha sido siempre una enemiga para Occidente. Hay que tomar en cuenta que el análisis geopolítico y geoeconómico de ese país  exige  tomar muy en cuenta su peso en población, extensión territorial, gasto militar, destacado avance en tecnología nuclear y espacial, lo que lo lleva a ocupar una posición geopolítica clave, aunque mantiene  -en menor grado-   una serie de problemas internos, fronterizos y de soberanía que ninguna potencia extranjera tiene interés en desestabilizar. 

El gigante asiático, luego de 1997 comenzó a afrontar una nueva etapa luego de la desaparición física de Deng Xiaoping, el gobernante supremo durante dos décadas. Él fue el artífice de las reformas adoptadas a finales de los años ´70, que transformaron de manera radical el panorama del país. Los pasos dados por la nueva dirección del régimen han puesto de manifiesto el firme deseo de continuar con el proceso de cambio, cuyos pilares son: impulsar el cambio político y favorecer la estabilidad en la región de Asia Oriental. 

Un mercado abierto
China parece tener claro que no le interesa hacer peligrar las inversiones extranjeras en su país ni las relaciones comerciales con sus vecinos. Pero el incremento de los flujos económicos significa una mayor vulnerabilidad y dependencia del exterior. especialmente en lo relativo a su acceso al capital, a la  tecnología o a los mercados internacionales. 

China sabe que cuanto más se consolide su poder, menos necesitará la ayuda y la aprobación de las potencias para conseguir lo que necesita. Aunque en las últimas décadas se ha abierto al mundo, sin embargo en oportunidades ha quedado demostrado que cuando los intereses de los líderes chinos están en juego, el régimen aun reivindica su propia idiosincrasia. 

La expresión “de características chinas” se ha convertido en una fórmula de uso múltiple a la que el poder recurre incansablementye para justificar cualquier posición, así como apelar constantemente al discurso nacionalista y patriota. 

El deseo de recuperar una posición preponderante en el mundo, sobre todo tras el descrédito por los acontecimientos de Tiananmen en 1989, hace que la política exterior china sea un elemento fundamental para aquéllos que están dirigiendo el tránsito hacia la modernidad o, diría, a la occidentalización. 

Proxima segunda potencia mundial
No me cabe duda que en dos o tres décadas más, China se convierta en la potencia que podrá desafiar a los Estados Unidos. Ello da lugar a que en ciertos círculos ultra-occidentalistas-conservadores, consideren que la nueva China podría ser una peligro para la comunidad internacional y, por tanto, un inconveniente para la estabilidad mundial. Para tal afirmación, exponen como prueba los continuos ejercicios militares del Ejército Popular de Liberación, las ventas de armas a Irán o Paquistán o las reclamaciones sobre las islas Spratly.

¿Acaso esa situación no la ha presentado, recientemente, Estados Unidos, Gran Bretaña; en Sudamérica Argentina? 

Considero que China, por ahora, sigue siendo una promesa para establecer una balanza de poder que tanto reclama la sociedad mundial. El gobierno de Beijing ha mejorado su actuación  política y diplomática desde la última generación, más de lo que hizo en las diez anteriores. 

Económicamente, ha crecido a un promedio del 9 al 10% anual. Es un enorme logro que afecta a una quinta parte de la humanidad y, los últimos pronósticos indican que ese gigante asiático mantendrá en las próximas décadas una alta tasa de crecimiento. En su contra, también hay que considerar como debilidades que lo pueden afectar seriamente: la fuga de capitales, una inflación galopante y una corrupción descontrolada (la mafia china) 

En lo militar internacional, hay que tener en cuenta que China es el único país cuyas armas nucleares apuntan a Estados Unidos; que ha sido acusada de espiar secretos estadounidenses sobre teledirección de misiles y ojivas modernas. 

La estrategia de China
Según nos comenta un analista japonés de la Universidad de Sophia (Japón), relacionado con GEOSUR, la prioridad de la política de defensa china es la protección de su territorio y no la proyección exterior. Sin embargo y durante la última década del siglo XX se ha preocupado seriamente por la modernización de su Armada y del Ejército del Aire, instrumentos clásicos de la proyección de una potencia, como lo hemos comprobado en las acciones de Estados Unidos en los Balcanes, Afganistán e Irak. 

Respecto a su poder nuclear, China mantiene un arsenal de unas 400 ojivas nucleares; unas 250 armas estratégicas en una tríada de misiles de largo alcance; bombardeos y misiles balísticos de lanzamiento para submarinos. 

No es casual que el régimen chino recurra constantemente al principio de “no injerencia en asuntos internos”. China arrastra desde tiempo atrás, una serie de enfrentamientos por la delimitación de fronteras con India, Rusia, Tajikastán y Corea del Norte; sumando la disputa con Vietnam por el establecimiento de los límites en el golfo de Tonkin. Pero, la cuestión de los pequeños archipiélagos del mar de China. En potencia, el tema más conflictivo dado su importancia estratégica, se refiere a su reclamo de soberanía ante Japón respecto a  las islas Spratly, rodeada de atolones y arrecifes coralinos en el extremo sur del mar de China,  querella diplomática  que se ha extendido a Taiwán, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunei. El subsuelo del mar de la China, justamente a esa altura de las islas Spratly es rico en hidrocarburos, como su mar en peces. 

China y Rusia: ¿dos nuevos socios?
Tras la desaparición de la URSS y el fin de la guerra fría, todo el continente asiático sumada Rusia, presenta una importante transformación geopolítica que ha obligado a una nueva distribución de poder en Asia Oriental.  En este inmenso espacio, en base a sus grandes intereses actúan cuatro grandes actores internacionales: China, Rusia, Japón y Estados Unidos, potencias que conforman el equilibrio político y diplomático de la región, aunque en su perfil es totalmente asimétrico tomando en base sus respectivas fuerzas militares. 

Si bien Rusia ha ideo perdiendo protagonismo como actor estratégico en la región, el gobierno de Moscú (Putin) está ocupado en su transformación interna y en el estado de sus Fuerzas Armadas. Rusia ve a China como un importante socio comercial y necesita su cooperación para desarrollar sus regiones orientales. En sentido inverso, China mira a Rusia como un gran mercado potencial y quiere asegurarse la estabilidad a lo largo de los 4.300 kilómetros de su frontera. 

Por la “Declaración de Pekín” sellada el 19 de julio del 2000, ambos países convinieron en un principio histórico por el que se comprometieron a profundizar en su asociación estratégicas para este siglo XXI. Coincidieron en su rechazo a un mundo bipolar dominado por Estados Unidos y preconizaron otro multipolar sin potencias hegemónicas. La creación de este frente anti-estadounidense produce cierto temor al gobierno de Washington.  

Mucho tendrá que hacer la diplomacia que preside Bush, para ganarse, o al menos no enemistarse con el gigante asiático. 

La emergencia de nuevas potencias, inicialmente de escala regional y con una filosofía propia, distinta a la reconocida y aceptada en Occidente, constituye una importante condición a tener en cuenta y también se suma a los desafíos que habrá de enfrentar un liderazgo unipolar (Estados Unidos) en las próximas décadas.

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