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Los Oscar y el voto
de los
emigrados uruguayos
por Agustín Machado
El
uruguayo Cesar Charlone, fotógrafo de la película brasileña “Ciudad de
Dios” del director Fernando Meirelles , ha sido nominado para el Oscar
de Hollywood por su trabajo fotográfico. Es un nuevo galardón para un
compatriota que hace treinta años tuvo que emigrar del país.
Como no podía ser de otra manera los medios de comunicación uruguayos,
igual que en anteriores casos, han tomado el hecho con relevante
destaque, y el público consultado en general no ahorró felicitaciones
para el compatriota.
Este gesto de reconocimiento se pudo percibir desde distintos lugares y
variados escenarios de nuestra sociedad, incluso no faltó el comentario
elogioso de algunos parlamentarios mientras participaban de un brindis
diplomático.
No es la primera vez que uno de nuestros compatriotas que viven en el
exterior recibe un premio o reconocimiento, ni que luego aquí en Uruguay
rápidamente se exalte el hecho. En más de una oportunidad desde el
propio ámbito oficial y de gobierno se ha salido rápidamente a
reconocerlo y difundirlo.
Simultáneamente, el diputado Carlos Pita ha presentado lo que algunos
dicen es la octava iniciativa o propuesta parlamentaria para que se
permita que los uruguayos que se han vistos obligados a emigrar puedan
votar en las elecciones nacionales desde el país donde residen. Práctica
ciudadana y de democracia que ejercen las principales naciones del
mundo, incluidos nuestros dos vecinos, Argentina y Brasil.
Si frente al primer hecho, desde lo oficial a lo civil las
felicitaciones son rápidas, la reacción ante el voto desde el extranjero
es aún más rápida, pero para impedir que se concrete.
Quienes han podido seguir durante los últimos 25 años el tema, saben muy
bien que ante cada iniciativa que surge, inmediatamente se empieza a
desplegar la más formidable batería de argumentos para impedir que se
vote en el parlamento una ley que definitivamente permita que todos los
uruguayos allí donde estén, voten.
Si sociológicamente importa estudiar detenidamente el rápido esfuerzo
que se destina para impedir que tan noble iniciativa prospere, no menos
importante es observar quienes son los que con prisa se sienten
necesitados de bloquear una y otra vez estas propuestas.
Sería injusto al reflexionar sobre este doble comportamiento de los
uruguayos, no señalar que quienes más esfuerzo han puesto para impedir
que la ley se concrete, han sido una y otra vez, políticos de todos los
partidos en distintos periodos parlamentarios. Quizás el caso más
patológico y extremo se dio en esta última iniciativa, dado que es en
este momento donde el país asiste a la mayor emigración de toda su
historia.
Cuando el diputado Carlos Pita propuso su iniciativa en la dirección de
su partido –Mesa Política del Frente Amplio- no recibió una contundente
y afirmativa aprobación que le permitiera rápidamente impulsarlo en el
parlamento, sino una serie de razonamientos y argumentos que llevan a
que esta pueda ser otra iniciativa muerta y sin futuro.
Los compatriotas emigrados tendrán que seguir esperando para votar desde
el país donde residen. La sociedad uruguaya y sus fuerzas políticas han
perdido una oportunidad más para resolver un problema de ética y moral
social, de contenido electoral y político que más tarde o más temprano
lo tendrá que hacer. La diferencia estará en qué condiciones históricas
y humanas se cerrará la ecuación.
Las emigraciones -y la nuestra en particular- no son solo ni
fundamentalmente categorías sociales y variables de las sociedades
contemporáneas, son en primer lugar hombres y mujeres con una identidad
de origen, que es como el ADN, es imborrable más allá de la voluntad
personal.
Este tema tendrá su peso propio y su costo para el Uruguay del futuro
mediato. Hubiera sido más oportuno y lógico decir ahora, como expresaron
los emigrados argentinos a su presidente la semana pasada en Madrid:
“trabajemos por una construcción colectiva que nos cobije a todos para
recrear el país de los sueños”. LA
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