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Un detective viejo y enfermo
El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño

por Martín Bentancor

La prematura muerte del escritor chileno Roberto Bolaño, en julio del 2003, tomó por sorpresa a gran parte de la comunidad literaria internacional. Los que lo querían, lo estimaban, lo odiaban o le temían quedaron sorprendidos ante el abrupto silencio de una de las voces, y las plumas, mas ácidas y firmes de la literatura hispánica. Como si se revelara de su destino, Bolaño vuelve de la muerte con El gaucho insufrible, volumen de cuentos y ensayos que la editorial Anagrama acaba de publicar. 

UN ESTILO
Según Rodrigo Fresán, escritor amigo de Bolaño, este golpeó un día la puerta de su casa y, entre sollozos y estertores, le contó que acababa de matar a un
skinhead en una pelea en el metro. Fresán le creyó, obviamente, y a los minutos estaba riéndose con su amigo sobre la ocurrencia. Así era el carácter literario de Roberto Bolaño:  imprevisible, altamente creativo, tan cínico y punzante que no tardó en hacerse de los enemigos mas variados. Esos enemigos podían ser sus compatriotas Isabel Allende y Marcela Serrano a las que calificaba de mediocres. Sobre la autora de Paula llegó a decir: "Me parece una mala escritora simple y llanamente, y llamarla escritora es darle cancha. Ni siquiera creo que Isabel Allende sea escritora, es una escribidora”. Sobre el escritor Antonio Skármeta – autor chileno, galardonado con varios premios – dijo:  “Skármeta es un personaje de TV. Soy incapaz de leer un libro suyo, ojear su prosa me revuelve el estómago".

Esa actitud desafiante ante la literatura y los literatos era una de las características más destacadas de la prosa de Roberto Bolaño. Como afirma en un pasaje de su ensayo Los mitos de Chtulu, que cierra El gaucho insufrible:  “Ahora es la época del escritor funcionario, el escritor matón, el escritor que va al gimnasio, el escritor que cura sus males en Houston o en la Clínica Mayo de Nueva York. La mejor lección de literatura que dio Vargas Llosa fue salir a hacer jogging con las primeras luces del alba. La mejor lección de García Márquez fue recibir al Papa de Roma en La Habana, calzado con botines de charol, García, no el Papa, que supongo iría con sandalias...”. 

GAUCHOS, RATAS Y CINEASTAS
El gaucho insufrible
, publicado unos meses después de la muerte de su autor, se convirtió en un lúcido testamento y en un cuidado muestrario de la prosa de Bolaño. Compuesto por cinco cuentos y dos ensayos, El gaucho... muestra a un Bolaño ácido y certero pero consciente, al mismo tiempo, de la enfermedad mortal que lo aqueja y, por lo tanto, de la cercanía letal de la muerte.

En el cuento que le da nombre al libro, Bolaño cuenta la historia de Héctor Pereda, abogado y aristócrata argentino que, tras los reveses económicos y sociales que azotaron al país luego del paso del doctor Menem, decide dejarlo todo e irse a vivir al campo como los gauchos de antaño. La obra le debe mucho a Antonio di Benedetto, escritor argentino admirado por Bolaño que, en su cuento Aballay, contaba la promesa de un gaucho de no bajarse jamas de su caballo y recorrer la pampa como un penitente.

En el brillante El policía de las ratas, Bolaño cuenta los pormenores de una investigación policial en una comunidad de ratas ubicada en la zona más cenagosa de una alcantarilla. Pepe el Tira, personaje narrador, es sobrino de Josefina la Cantora, inolvidable creación de Kafka. La narración no solo plantea una trama criminal sino que se detiene en los pro y los contra de ser una rata policía en un mundo violento y criminal:  “El sueño y el calor es uno de los principales inconvenientes de ser policía. Los policías solemos dormir solos, en agujeros improvisados, a veces en territorio no conocido.”

En El viaje de Alvaro Rousselot se cuenta la extraña aventura de un mediocre novelista argentino que descubre que sus argumentos son filmados (plagiados) por un cineasta francés. Decide, entonces, viajar a París para averiguar la verdad y su viaje se convierte en un espiral donde nada parece tener sentido. En Dos cuentos católicos, Bolaño narra las historias paralelas de un adolescente católico y un asesino en serie en una oscura España de provincias. Es uno de los mejores cuentos del volumen en particular y de Bolaño en general; la enumeración que precede el encadenamiento de las acciones es un verdadero hallazgo estético y logra escenas como esta: “Dejé atrás el cerro del Moro, en el plan la nieve era aún más alta, crucé un puente, vi de reojo, con la cabeza gacha, la sombra de una estatua ecuestre. Mi perseguidor era un adolescente gordo y feo. ¿Quién era yo? Eso no importaba nada”. 

EL PASILLO BLANCO
Cierran el ultimo libro de Bolaño dos conferencias que el escritor redactó durante los meses que precedieron a su muerte. En Los mitos del Chtulu se despacha contra todo el aparato literario y mercantil de la escritura contemporánea. Caen bajo sus dardos las figuras y obras de Vargas Llosa, Tomás Eloy Martínez y Arturo Pérez Reverte, entre otros. Reivindica la obra de autores como Copi, Reinaldo Arenas, Manuel Puig y Monterroso, escritores – afirma Bolaño – que ya nadie lee. Pero el verdadero peso pesado del volumen es la conferencia titulada Literatura + enfermedad = enfermedad.  Dedicada a su amigo, el doctor Víctor Vargas, quien lo trataba de su mortal enfermedad hepática, el texto es un ajuste de cuentas con su pasado itinerante (Bolaño nació en Chile, se mudó a los pocos años a México y se estableció en España donde residía cuando murió) y con las obsesiones que marcaron su vida de escritor. Cita  y homenajea a sus admirados Kafka, Mallarmé, y Baudelaire; habla de las ventajas y desventajas del acto de viajar, de la presencia constante de los libros, el sexo y de la poesía.

Roberto Bolaño se consideraba un poeta antes que narrador. Si bien la fama y el bienestar le habían llegado con sus grandes libros narrativos – Los detectives salvajes, Putas asesinas, La literatura nazi en América – solía decir que su poesía lo ruborizaba menos que su prosa. En su extenso poema en prosa Un paseo por la literatura se puede leer este breve fragmento, autentica postal apocalíptica y que, luego de su muerte, parece brillar mas que nunca: “Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba a gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño”.

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