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Jim Avignon: el Andy Warhol aleman
“Una obra de arte es como un disco
que se escucha durante un tiempo
y luego se pone a un lado

por Valeria Risi
(DW)

Jim Avignon se hizo famoso como protagonista de un movimiento artístico que intenta sacar el arte de las galerías y los museos para hacerlo más accesible al público común y corriente.

Fue así que desarrolló las más diversas estrategias para evitar el sistema de medición “cuánto más famoso el artista, más caro su cuadro”. La gente tiene que poder comprar sus obras de arte, quien se sienta conmovido por un cuadro suyo tiene que tener también la posibilidad de llevárselo a casa, tal el credo de Jim Avignon.

¿Arte o artilugio?
Avignon entiende su arte como una especie de lenguaje pop y acepta encantado todas las comparaciones con la música pop. Le importa un comino ser reconocido por la élite intelectual.

“No quiero hacer arte maduro, sino cuadros que funcionen igual que la música”.

Ver algo y comprender enseguida de qué se trata, eso resulta fácil con los cuadros de Jim Avignon. Son coloridos, divertidos y juguetones, ilustraciones de un mundo cómic lleno de héroes y problemas solucionables. Pero el observador atento logrará descubrir algo más detrás de la fachada inocente: la tristeza por la injusticia social en el mundo.

Pintor techno
El autonombrado “pintor más veloz del mundo” o “pintor más loco de Alemania” comenzó a pintar a finales de los años 80, cuando la mayoría de los artistas trabajaba sobre la autoreflexión. Lo cual, en la interpretación de Avignon, significaba que le dejaban todo el resto del mundo a su disposición, para que él lo tematizara en sus cuadros.

El pintor autodidacta encuentra sus motivos de inspiración en la calle o la televisión. Comienza por crear un título, luego recién pinta el cuadro correspondiente. Describe sus obras como arte de entretenimiento, que puede ser apreciado mientras que se realizan las labores de la casa, por ejemplo.

Jim Avignon quiere bajar el arte de su pedestal: “el arte tiene que convertirse en un medio de comunicación para la generación joven. Por eso expongo en clubes y fiestas”. Fiel a su lema “si el público no va hacia el artista, es el artista quien debe ir hacia el público” pretende que las exposiciones de arte se conviertan en eventos multitudinarios como los conciertos de música pop.

Avignon está en constante movimiento y ese es también el mensaje de sus cuadros e instalaciones: todo fluye. En lugar de meditar durante horas sobre cada pincelada, prefiere trabajar a gran velocidad, sobre grandes superficies.

El “Tiziano del Techno”, como lo llaman sus admiradores, es capaz de destruir sus cuadros antes que verlos enterrados en vida en alguna galería. Este consecuente desprecio de las reglas del mundo artístico le ha valido más seguidores que detractores.

En sus vernissages se forman colas larguísimas y cuando pone a la venta sus cuadros a precios irrisorios se los arrancan de las manos. Para Avignon lo importa es el mensaje del arte, no su valor material.
 

Abajo las galerías de arte!
En la bienal internacional de arte "documenta", en la ciudad alemana de Kassel, pintó cada día un cuadro de gran formato bajo el título “Destroy Art Galleries”. A la medianoche destruía cada cuadro, invitando al público a colaborar en la destrucción y llevarse restos de auténticos Avginones como trofeo a casa. El éxito fue rotundo: desde las once y media de la noche se agolpaba la gente alrededor del “Club de los Perdedores”, tal el nombre del evento. Rara vez se vieron tantos visitantes tan alegres en una exposición de arte.

Su estilo, entre pintura rupestre, arte cómic y pop à la Keith Haring, también llamó la atención de grandes empresas. Trabajos comerciales como por ejemplo, pintar el nuevo modelo de la automotora “Rover” o un diseño para la marca de relojes “Swatch”, le permitieron financiar proyectos más ambiciosos como la creación de un cerebro gigante en el Jardín Botánico en Berlín.

Jim Avignon opina que “quien tenga algo que decir, que abra la boca”. Es por eso que no se limita a la pintura, sino que ya produjo dos álbumes, publicó un libro y abrió un negocio de venta de obras de arte en Berlín con el sugestivo nombre de "Kuratorkiller" (asesino del curador de arte).

Arte desechable
Para el provocador berlinés el arte tiene que llegar a ser un producto como cualquier otro, que se pueda tocar, llevar a casa y eventualmente desechar.

“Una obra de arte es para mí como un disco que se compra, escucha durante un tiempo y luego se pone a un lado. El arte tiene que ser barato y parte de la vida diaria y no inaccesible y alejado del observador, como lo es en el sistema artístico establecido”.

Jim Avignon Nacio en Alemania- Belin  en 1961 - Desde 1986 se dedica, en Berlín, al arte graffiti y de acción, "documenta 9" (1992), "documenta X" (1997), Museo de Arte Moderno "Schirn", Frankfurt. Sus lugares de acción son clubes, muros, hoteles y la "Love Parade" en Berlín. Ha expuesto en un gran número de galerías en todo el mundo, actualmente en la galería Schüppenhauer en Colonia.

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