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El chileno Alberto Hurtado, canonizado
por Carlos Lago

Nació al despuntar el siglo XX y falleció el 18 de agosto de 1952. Hoy está descansando en una tumba junto al Hogar de Cristo, sitio que aloja, alimenta y ayuda a los pobres que viven en Santiago y que fue fundado por él.

La entrada al lugar se hace por la Alameda, como ya hemos escrito otras veces, Avenida O’Higgins para quienes no somos chilenos. Hacia la derecha se encuentra el sitio en el que fue enterrado originalmente mas luego se le trasladó a un monumental mausoleo que termina en una capilla, en medio de la cual un altar guarda celosamente los restos del jesuita beatificado en 1994.

La Iglesia Católica que no inicia procesos de santificación hasta pasados los cinco años de la muerte de una persona, exige que se pruebe la realización de un milagro para conceder la calidad de beato y permitir al mismo continuar en busca de ser nominado Santo.

A la Santidad avalada por la Iglesia se llega por la realización de un segundo milagro debidamente autenticado.

En el caso del Padre Hurtado, no se conocen aún los detalles de una curación milagrosa que produjo en un joven cuya identidad está siendo rigurosamente resguardada, mientras se terminan los trámites en Roma para el reconocimiento del caso con ese carácter.

El 2 de abril los cardenales que estudiaban el hecho aceptaron que era un milagro, y quedó para la firma de Juan Pablo II el decreto estableciendo la canonización de Hurtado.

Hace poco más de dos años, la fecha de su muerte se manejó políticamente como feriado sustituto del día de la Unidad, un invento fracasado que no logró su propósito de tener en setiembre una fecha, además de la Patria del 18 y el Día de las Glorias del Ejército el 19, que no centrara los acontecimientos en el recuerdo a favor y en contra del 11, que marca el quiebre constitucional, la muerte del Presidente Allende y la asunción de Augusto Pinochet por 17 años de su cruel Dictadura.

Finalmente no se estableció el feriado recordatorio, pero ahora sí estarían dadas las condiciones para que se volviera a plantear el tema.

Juan Pablo II el lunes 19 tenía en su carpeta de asuntos a firmar el tan esperado decreto, manejándose que para la primavera de nuestro continente del año próximo se realice en la Plaza de San Pedro el pomposo ceremonial que llevará definitivamente a los altares al Padre Alberto Hurtado, como dice la oración que regalan a los peregrinos que visitan su tumba “Apóstol de Jesucristo, servidor de los pobres, amigo de los niños y maestro de juventudes, bendecimos a nuestro Dios por tu paso entre nosotros”. Continúa ”tú supiste amar y servir. Tú fuiste profeta de la justicia y refugio de los desamparados. Tú construiste con amor un hogar para acoger a Jesucristo. Como un verdadero padre para Chile, tú nos llamas a vivir la fe comprometida, consecuente y solidaria. Tú nos guías con entusiasmo en el seguimiento del Maestro. Tú nos conduces al Salvador que nuestra patria hoy día necesita. Haznos vivir siempre contentos aún en medio de las dificultades. Haz que sepamos vencer el egoísmo y entregar nuestra vida a los hermanos. Padre Hurtado, hijo de María y de la Iglesia, amigo de Dios y de los hombres, ruega por todos nosotros”.

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