Moniz Bandeira en la Universidad de la
Este trabajo que hoy llega traducido al español, consiste en un exhaustivo análisis de la historia de nuestra región, a lo largo de más de quinientas páginas y con una profusa bibliografía que, en sí misma, tiene un valor inestimable tanto para el investigador cuanto más para quien se interesa por la realidad que lo circunda. La honestidad intelectual y el rigor académico se manifiestan desde el vamos al establecer claramente su concepción hegeliana de la historia, bien como la extrema minuciosidad, refrendada en cada uno de los veintiséis capítulos a través de notas aclaratorias al término de cada uno que invitan, como dijéramos al comienzo, a provocar otra investigación, otra mirada a la historia que hoy nos convoca. Por tanto, reseñar su libro consiste en exponer un documento vital a la mirada de todos, por su contenido y por el calor y el rigor con que fue elaborado. Luego, obviamente, cada cual evaluará en términos de posiciones, si se coincide o no en los caminos trazados o insinuados por el autor, pero nunca podrá alegarse no haber hallado bases para discutir una visión tanto geopolítica como geoestratégica de una historia que, como la nuestra, la de nuestra América del Sur, está aun por ser escrita en sus letras más firmes: la construcción de un espacio común para sus habitantes. Como indica el propio autor, esta obra expande el proyecto sobre el papel del Brasil en la Cuenca del Plata que elaborara hace casi treinta años y, a su vez, da continuidad a aquella otra realización de Moniz, intitulada O Expansionismo brasileiro e a formação dos Estados da Bacia da Prata. Da Colonização à Guerra da Tríplice Aliança, actualizándolo, orgánicamente, refiere Moniz, hasta la formación y la crisis en el MERCOSUR. Así, pues, las grandes cuestiones de nuestra América del Sur, interrelacionadas con el escenario internacional mayor, tienen un lugar y un detalle en el desarrollo de esta obra que su lectura debe ser considerada como imprescindible para una comprensión más abarcadora y penetrante a la vez que es dable tener a la luz de una toma de posición ineludible e irrenunciable en este suelo americano que lejos de buscar un aislacionismo pretende, claro está, ser actor protagónico en el concierto mayor de las naciones del mundo.
El regreso de
Moniz Bandeira a Montevideo La Casa estaba una vez más junto al Maestro quizá porque él es, también, parte misma de su espíritu. En sus primeras palabras signó de cordialidad el momento al establecer la emoción y el recuerdo que le traía el estar en Montevideo y en su principal foro académico. Hombre que hace cuarenta años debió exiliarse en nuestro país, supo de transitar sus calles y entablar amistades que trascendieron la hora y aquella misma circunstancia. Pero ya en lo suyo, en la faena del pensar y desde un pensar tan abarcador como específico, Moniz Bandeira dio repaso a la historia de nuestras tierras, desde un Brasil conjunto de 25 Estados, originario de aquel Estado que transfiriera el monarca para el continente americano, a un Brasil que luego de ser el único representado en la famosa Conferencia de Viena, dio curso, junto con las distintas naciones de la América del Sur a una misma historia, un mismo espacio y un destino, signaba Moniz, definitivamente común. Apenas se notó la leve pausa empleada por el Maestro para comenzar una vez más, a dejar fluir su conocimiento y erudición, sea por la enumeración de hechos históricos y políticos singulares, como la firma en noviembre de 1941 del Tratado por parte de los cancilleres del Brasil y de la Argentina por una unión aduanera abierta a los países limítrofes, y que luego sea por el ataque japonés a Pearl Harbor, bien como por acontecimientos propios de la región, abortó, como la prolija y concatenada enumeración de instancias de aproximación y alejamiento, aunque siempre más hacia la unión, entre la Argentina y el Brasil, ampliando esta visión a las naciones del Paraguay, como del Uruguay e incluso, Bolivia, parte viva de la propia historia de nuestros pueblos. No escatimó adjetivos ni eludió zonas críticas al abordar el tema Malvinas como el inicio de la era de Menem y su singular ministro Caballo, menos aun para el hoy, felizmente, lejano Collor de Melo.
Dijo sí, Moniz Bandeira, creer en
la causalidad, y porque esta existe, buscar la esencialidad y la
tendencia histórica a segur en este proceso de integración. El
futuro, agregó, pertenece a las grandes masas geográficas,
geoeconómicas y geopolíticas:
Particularmente claro fue tanto en rechazar cualquier aislacionismo como al calificar lo vivido en las décadas de los ochenta y los noventa donde, aclaró, antes que privatizaciones hubo extranjerizaciones de las empresas estatales, no sólo en la Argentina, como en el Brasil, entre otros países regionales. Luego esas décadas fueron ambas, décadas perdidas. Como hegeliano, manifestó Moniz Bandeira que la única posibilidad de enfrentar el futuro es si sabemos comprender el pasado lo que condiciona el presente y modera el futuro mismo, por lo que es, a su criterio, necesario comprender el pasado esto es, aplicando la ciencia política con base en la historia. Respecto del Uruguay, fue claro y directo: “¡Quiero ver el grande Uruguay, no el pequeño! Un Uruguay integrado en una comunidad de naciones sudamericanas, un Estado continente que empieza por el MERCOSUR, que debiera llamarse, así pienso yo, Comunidad de Estados Sudamericanos.” Lanzó, pues, por lo alto y a lo grande una idea, un nombre y un estilo: Un sí fuerte y contundente a la integración de la América del Sur y un privilegiar las naciones por sobre la mera suma de consumidores o usuarios, un mero mercado. Fue absolutamente claro sobre su percepción de los EUA y del ALCA y más aun, del histórico incumplimiento de los EUA para con los Tratados en general, dando ejemplos claros, permitiéndose incluso, un momento de esparcimiento al comentar sobre la probabilidad de un ALCA Light y el efecto evanescente de un antiácido. Un aparte lo fue su clase al hablar de nuestras fronteras vivas comunes, pobladas y, remarcando una vez más, en un espacio económico y geográfico común, nombrando especialmente a los países del MERCOSUR más Bolivia y eventualmente Venezuela, en una primera etapa de integración plena. No podía dejar de referirse a la doctrina Martínez de Hoz que tanta oscuridad trajo a nuestras gentes y al intento anterior pero nunca acallado de desindustrializar a nuestros países, singularmente a la Argentina, para efectivizar una queda tanto de su sindicalismo como de la propia clase obrera y, luego, llegar a la entrega misma de la soberanía a intereses ajenos totalmente a nuestra historia común. Fue, en resumidas cuentas, una noche de especial significación para el Uruguay porque antes que presentarse un libro, un hombre, un hombre de la talla de Moniz Bandeira, tuvo el gesto republicano y americanista, de retornar a Montevideo a través de su Universidad para decir, como hace cuarenta años, y mejor aun, su verdad que es su compromiso con lo mejor de nuestra historia común. Decía Hegel, y es prudente recordarlo, que la razón para hallarse a sí misma en su “otro” debe superar (aufheben) el momento observador y pasar al momento práctico, en el que la razón ya no contempla, sino que actúa moralmente para advertir, en otra circunstancia pero con igual firmeza que el progreso es sólo progreso en la conciencia de la libertad en el sentido. Al retirarse uno de nuestra querida Universidad, no pudo dejar de volver la mirada hacia el primer piso donde había estado este americanista de ley y maestro de nuestra Historia, Luiz Moniz Bandeira. Y al hacerlo, al mirar mirando en nuestra historia, recordar a aquel otro maestro, José Enrique Rodó cuando se refirió a Río Branco en estos términos:” Todavía está allí”. “Y lo está”, decía Rodó de Río Branco, “por la segura permanencia de una política internacional de equidad, de concordia, de solidaridad americana, que ya no vacilará en las relaciones del Continente, como no vacilan las cosas que giran sobre su eje y descansan sobre sus quicios. Por esto y por tanto más, todavía está allí y lo estará para siempre.” No vimos un libro más sino que recuperamos a uno de nuestros mejores hombres, un ciudadano ilustre de nuestra Patria Grande.
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