Bolivia y su
riqueza gasífera
¿Hacia el Atlántico o hacia el Pacífico?
por Bernardo Quagliotti de Bellis
Bolivia
es un país artificial, una idea tardía, el territorio que quedó
luego que las demás posesiones españolas en el continente
sudamericano fueron liberadas, con la excepción -por un
tiempo- de las Guyanas. Bolivia, luego de la batalla de
Ayacucho no contó con un movimiento de independencia por lo cual
no tuvo fronteras claramente definidas ni carácter distintivo,
por lo cual su territorio , a mi criterio, debe ser analizado
como si existieran tres Bolivia conforme lo indica su
topografía: la del Alto, la de las laderas orientales ( Yungas);
la del Oriente cruceño; las tres características geográficas
diferentes que dan asiento a economías e identidades
distintas
Aun después de haber perdido más de la mitad de su territorio a
manos de sus cinco vecinos (Chile, Perú, Argentina, Brasil,
Paraguay), Bolivia sigue siendo un país extenso, tanto como los
estados de Texas o California, La trama de del país corre hacia
el Norte y hacia el Sur, al igual que los hacen las rutas de
transporte más importantes.
Su centralidad en el “heartland” sudamericano, es su bendición
y, a la vez su castigo. Los geopolíticos bolivianos suelen
definirlas como conformada por tres triángulos, que se extienden
hacia las tres regiones fisiográficas de América del Sur: los
Andes, la cuenca del Plata y la cuenca del Amazonas; y que a su
vez, se presenta como una valla geopolítica entre tres grandes
potencias del Cono Sur: Argentina, Brasil, Chile y, en menor
grado Perú.
La pregunta que encabeza este artículo se basa ante la reciente
posibilidad de venta de la gran reserva de gas que contiene el
subsuelo boliviano, del cual están muy interesado en su
compra los países del área sudamericana ante la crisis
energética actual y, extra-continentalmente, por Estados Unidos
y México ante las necesidades que tienen sus respectivas zonas
oeste,
¿Por qué cambiar hacia el atlántico?
Durante décadas luego de la “guerra del Pacífico”, Bolivia
anduvo a los tumbos en cuanto al transporte de sus productos.
Forjó rutas de tránsito a través del sistema Amazónico (río Beni);
a través de Tarija en la frontera con Argentina, hacia el río de
la Plata; hacia el Oriente hacia el río Paraguay. Aislada del
mar, contenida detrás de las murallas andinas, Bolivia se
convirtió en un Estado cercado por tierras. Pero la campaña
diplomática por su salida al mar a través de Chile, sigue siendo
la constante en su política exterior.
La falta de un diálogo sincero entre Chile-Perú y Bolivia,
sigue paralizado, a pesar del esfuerzo diplomático realizado
por importantes hombres de gobierno de ambos países y de la
intervención manifiesta en declaraciones por las chancillerías
sudamericanas en el propio ámbito de la OEA, en cuanto a
la tan largamente reclamada y justa salida soberana boliviana
hacia el Pacífico, perdida en la guerra de “los dos
centavos”, guerra incitada por el capitalismo
inglés ante el gobierno de Santiago de Chile y que le sirvió a
la Administración de Aníbal Pinto Cruz a declarar el 5 de abril
de 1879 a Perú (Pte. Gral. Mariano Ignacio Prado) y Bolivia (Pte.
Gral. Hilarión Daza), satisfaciendo así las ambiciones
expansionistas que, desde 1842 el gobierno de Santiago había
comenzado con la posesión del estrecho de Magallanes, Tierra del
Fuego y la creación de una plataforma jurídica para sus derechos
antárticos.
Muchos observadores, por muchas razones, han propuesto una
orientación atlántica para Bolivia. Puede ser resumidas con los
títulos algo arbitrarios de política, geopolítica, economía,
demografía. Políticamente, reza el argumento, Bolivia
necesita la amistad de Brasil y la Argentina para contrarrestar
la actitud hostil de Chile, que éste también la extiende hacia
Perú. Económicamente, el país es rico en hidrocarburos,
minerales duros, y potencial agrícola, todo lo cual resulta
atractivo por inversores de los países limítrofes.
Geopolíticamente, Bolivia controla las cabeceras de muchos
ríos que fluyen hacia el Amazonas y el Plata.
Fundamentalmente, en la
actualidad con el impulso que los gobiernos sudamericanos
otorgan a los
corredores bioceánicos
, ante la potencialidad del
mercado asiático, impone que el comercio del Cono Sur -vía
Atlántico hacia Pacífico- deba atravesar el “corazón
continental” (Paraguay-Bolivia) . Lo más importante es que, con
el desarrollo de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra, el
tránsito como el comercio con sus vecinos del Oeste, viene
creciendo en importancia.
En cuanto al aprovisionamiento de gas, Argentina y
Brasil son los mercados más importantes de la región, sin
dejar de interesarle, de hecho, a Paraguay y Uruguay a través
de sus respectivos vecinos.
No puede dejarse lado para un futuro cercano, la explotación del
manganeso y del hierro de El Mutún, yacimiento éste, el de más
grande reservas del mundo
¿Por qué no una
orientación atlántica?
Al tratar de cultivar buenas relaciones con Brasil, en
particular, Bolivia ha sido y es cautelosa. Las antiguas
políticas expansionistas de Brasil que datan de los primeros
años de la colonización portuguesa, no han sido echadas a la
borda. Simplemente, a los ojos de muchos sudamericanos, ahora
Itamaraty las está diseñando con más discreción y diferente
estilo. Geopolíticos bolivianos no olvidan las expresiones y los
esquemas de “La marcha hacia el Oeste” que en 1931
presentara el entonces Capitán de Ejército Mario Travassos,
ideas que fueron atendidas y aplicadas por los diversos
gobiernos de turno, fundamentalmente en el período de Getulio
Vargas con su política conocida como “el novo Brasil”.
Algo similar ocurre con
Argentina. Quedó marcado el hecho que en 1932 el entonces
Ministro de Relaciones Exteriores –Saavedra Lamas- audazmente
declarara ante el Senado de la Nación que
“el gobierno argentino
aspiraba a reconstruir la unidad económica del Virreinato del
Río de la Plata”.
¿Bolivia, el equilibrador
?
Muchos analistas arguyen que Bolivia se convertirá, que debería
convertirse, o que está en una etapa geopolítica
respetablemente avanzada ha el sector de influencia del Cono Sur
atlántico. Otros, insisten en que el país del Altiplano es y
continuará siendo una potencia del área del Pacifico
suramericano.
Personalmente considero que aún no ha llegado el tiempo para un
fuerte vuelco en la orientación de Bolivia desde el Pacifico
hacia el Atlántico. Quizás ello puede ser una realidad en dos o
tres generaciones de distancia.
Bolivia, junto con Paraguay y
Uruguay, ha sido categorizado como un clásico Estado valla; un
país relativamente débil rodeado por poderosos vecinos. Bolivia,
en el análisis geopolítico de América del Sur es, o puede ser, o
debería ser
“una tierra de contactos”,
un
“equilibrador”
de las potencias que la rodean. Ello implica un papel activo
para el país, ya que Bolivia se abriría en todas las
direcciones: Amazonia con cuenca del Plata y Patagonia; litoral
suramericano del Pacífico con el del Atlántico.
Lamentablemente, Bolivia
siempre ha sido un objeto y no un sujeto de los
acontecimientos regionales e internacionales;. no asoma en las
relaciones exteriores de país alguno, pero sí en los
planes estratégicos de varios. Los mapas geopolíticos de América
del Sur, diseñados en Argentina, Brasil, Chile, Perú e inclusive
Paraguay, casi siempre figuran
“flechas direccionales”
que penetran en Bolivia; nunca salen de ella.
El tema actual, tan importante por lo estratégico como por lo
económico, como lo es su riqueza de gas y petróleo, permitirá a
Bolivia a sobrevivir pero no a crear. En el siglo 18 y 19 tuvo
la lamentable experiencia de los metales estratégicos como el
estaño, el cobre, y otros, manejados en el campo de la
extracción, control y precio internacional por y para Inglaterra
por testaferros bolivianos, viviendo lujosamente en Londres
como los Aramayos, los Patiños, además de otros “lobby”
europeos y estadounidenses, sin lograr logró ventajas
políticas. Por el contrario, acumulando pérdida tras pérdida.
Quizás, aun le resta un tiempo de inclinación hacia el Pacífico
por necesidad, por acostumbramiento, por falta de adaptación.
Pero el gobierno de La Paz no debe ni puede dejar de valorar
la importancia que va adquiriendo el MERCOSUR - la
orientación atlántica - más aún cuando el Acuerdo de
Asunción, conjuntamente con la Comunidad Andina, conforme
definitivamente una América del Sur que sea activa
protagonista en el escenario internacional -en pocas décadas
más- como un bloque de relevancia estratégico.
Finalizó el período de los Estados-nación surgido en Westfalia.
Ha llegado la hora de los Estados-continente.
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