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Evocando a
Borges en mayo
Llego, pues, a mi barrio y a mi calle, anhelando el reencuentro familiar como así también la pausa aldeana que amerita, una vez más, a respirar hondamente. Ya en sábado, la festividad del día, en recuerdo a los mártires de Chicago, trae consigo un silencio audible que invita a pensar. Es que la jornada del 1 de mayo, tiene, creo yo, fundamentalmente, tal mérito: el permitirnos detener nuestro andar y recorrer, con nuestra mirada, acciones y proyectos, instancias que cada uno guarda para sí y que el día a día muchas veces no permite visitar con detenimiento. Inevitablemente, luego de preparar un mate generoso, visito con deleite los estantes de la biblioteca y me detengo en Borges. Este hombre sabio que tuvo la Rio de la Plata y el mundo todo, compuso, en aquella tarea cotidiana y ardua de crear versos que supusieran un rapto de inspiración, que dieran a entrever el soplo de una musa y no la tarea generosa en entrega sistemática y laboriosa de este obrero del pensar, hombre que una y otra vez miraba sin mirar, porque más que ver se adentraba en la composición, buscando el adjetivo propicio, la duda razonable que lo dotara, incluso, de la genialidad de simular un rapto de inspiración, creó, digo, entre tantos versos perdurables, unos que llevan por nombre La suma, y que antes de proseguir nuestro camino, deseo compartir con ustedes: La suma
Ante la cal de una pared que nada La tarea de una vida, entonces, por más vericuetos que conlleve, por mayores pasos que dé, es, en esencia, el tránsito del ser humano, por esta vida y, de su justeza o imperfección, de nuestro acierto o de nuestro error, al considerar qué es lo esencial y qué lo anecdótico, habremos de delinear en esa nuestra propia pared, el rostro que hará que nos veamos, ya a punto de morir, en nuestra cabal dimensión. Quiérase, pues, que el trazo, en firmeza y en armonía, sea benéfico para un mirar que, en la despedida del adiós postrero, refleje en nuestra mente y en nuestro espíritu, un pasaje moralmente humano por esta senda que hoy recorremos todos, con variada suerte y dispares anhelos. Ahora bien, el asunto que uno considera central es, la coherencia que dice de un hacer rico en humanismo, en entrega bien como de la natural propensión del hombre a buscar un justo retorno en condiciones materiales de vida, para sí como para los suyos. Esto es obvio pero no por obvio menos necesario de recordar, porque la rapacidad está o quiere instalarse, para ser más indulgente, en el orden del día. Vemos a ya veteranos servidores públicos, abiertos o encubiertos, hablar y denostar tanto al Estado como a sus empresas, olvidándose que las mismas son las que proveen al Estado de recursos para funcionar porque, digámoslo, en este país, y por decenios, el acierto empresarial estuvo en deber y en deber mucho. Y en esto han estado comiendo a la mesa de los gobernantes de turno, camadas y camadas del llamado sector empresarial que, hoy por hoy, tienen como asesores, en no pocos casos, a funcionarios públicos que dotan a su discurso del elemento indispensable para atacar, desde un pretendido fundamentalismo privatizador que no hace más que esconder, sin lograrlo, el afán de jugosos negocios de compra-venta. Un país que ciertamente carece en cada uno de nosotros de la suficiente toma de responsabilidad que, desde lo personal y en lo colectivo, propenda a un mejoramiento sustancial de las condiciones de vida de nuestra población. Pero también es cierto, reitero, la patología presente en estamentos importantes de nuestra sociedad, creándose, y creyéndose, una realidad ajena a lo verificable, tanto en lo nacional como en lo regional. Y aquí, en esta vía peligrosamente cercana a lo esquizoide, encontramos un elemento que, de mantenerse, estaría configurando un cuadro nada lejano al que se logra mediante un control mediático que quita al ciudadano común de los elementos básicos para tener, formar una composición de lugar y desde la misma, asumir su lugar y tomar las decisiones que entienda prudentes. Hablamos de la desinformación más burda, de la tergiversación por vía de difundir medias verdades o esconder, las más de las veces, informaciones importantes que suceden a nuestro alrededor que van llevando a mucha gente a vivir en un limbo que, tarde o temprano, habrá de caer como castillo de naipes y encontrará a ese ser desnudo, desprovisto de elementos y salvaguardias para accionar. Y seremos más específicos para no caer, también nosotros, en la generalidad de los tibios que es, también, el idioma de los grises: En la economía, donde no se ha dado nunca una política seria, sistemática y abarcativa de atención, tanto en crédito a riesgo como en planificación de escenarios exportables, a las MYPES, en tanto se busca sea por refinanciaciones puntuales como por, ojalá no se concrete, carteras vencidas e impagas, el beneficio de los vivos de siempre, esos que cambian 4x4 pero no alambran nunca y menos hacen praderas; En materia exportadora, donde no se buscó ni se busca un acercamiento, real, efectivo, puntual en acuerdos geopolíticamente estratégicos con nuestros países hermanos; Que, luego de haber padecido todos el mayor robo en la historia del país: no menos de US$ 1.200 millones, poco se haya hecho y mucho y mal se dilata en el tiempo, sea por la generación de nueva deuda externa, que compromete seriamente el futuro de nuestras próximas generaciones, bien como por la no aclaración, divulgación puntual y asunción, ante la Justicia, de los responsables, públicos y privados de tamaño robo y aquellas acciones efectivas y transparentemente programadas que busquen resarcir en la mayor parte posible el escandaloso robo perpetrado; Gobiernos que, basados, o basados quienes los votaron, en un pensamiento socialdemócrata, sientan que son lo que nunca fueron, castas de familias patricias que por sí y ante sí, despliegan una vasta muestra pirotécnica de supuestos logros que, en el crudo transitar de un habitante cualquiera, no se percibe de igual forma, por más mejoría que desde el estado comatoso al que nos llevaran, comienza a revertirse (el coma, que dista mucho de haber logrado la salud); Salud pública y privada, enquistada por decenas de feudos en donde la amoralidad campea y la irresponsabilidad tiende a suplir la acción abnegada y silenciosa de tantos y tantos servidores de la salud, hombres y mujeres que, muchas veces sin más elementos que su intelecto y ponderación, atienden a una población que ve menguar sus ingresos y con ellos un cuidado efectivo de su condición sanitaria; En Investigación y Desarrollo, donde casi nada se hace y menos se provee, teniendo ejemplos inauditos de cortedad de miras cuando, por ejemplo y hace pocos años, se impidiera, o no se fomentara que es muy parecido, el ingreso de un centro francés de investigación, vaya uno a saber si por ignorancia o por cálculo utilitarista de un logro no devengado por su libre acceso a operar en nuestro suelo; En materia de seguridad, donde perdemos todos, el ciudadano civil y el ciudadano que debe custodiarnos, ante el abandono en el que se encuentra tanto él como su familia, mientras busca suplirse tal carencia por vía de un plan mediático que busca dar seguridad desde la ilusión y en el living del hogar pero que al momento de transitar nuestras calles, desvela su inoperancia y vacío estructural. Pese a ello, el Uruguay transita su hora sin sobresaltos sociales, sin intemperancias, merced a la condición misma del ser nacional: su concepto de ciudadanía. En fin, que antes de regresar el pequeño gran libro de Los conjurados a su lugar, busqué y hallé otro con el que cerraré esta reflexión. Es una obra del irlandés Samuel Beckett, quien fuera secretario de otro grande, que oportunamente comentaremos para ustedes: James Joyce. Becket compuso una obra de teatro que al estar de lo aquí dicho, merece oficiar de despedia: Esperando a Godot 2 Godot, quiere decir “Diosito”, o sea que podríamos renombrarla de la siguiente manera: Esperando a Diosito. Que es, como yo creo, que lo esperan quienes bastardean la realidad, denostan al adversario, mostrándose tan ignorantes como carentes de lo que es y significa vivir en democracia, bien como recrearon una realidad para los otros y terminaron, ellos mismos, asumiéndola en todos sus detalles. Y mientras esperan a su diminuta divinidad pagana, hacen lo que mejor superior hacer: nada. Pero la nada que hoy nos convocara a esta reflexión es la nada del ruido, o sea, el silencio activo. Claramente diferenciable, en gradación y trascendencia, que aquella otra, donde puede uno avistar la tierra baldía. De regreso, entonces, al cotidiano hacer, vale elevar la mirada creando, con responsabilidad y en el hoy, las condiciones propicias para que la Justicia, la Dignidad y la Solidaridad prosigan su marcha, desde nuestras sendas de vida y, especialmente, desde el espacio público de nuestro Uruguay, sin olvidar nunca el Uruguay Profundo que no dice sólo del llamado “Interior” sino de ese otro Uruguay que muchas veces pretendemos no ver pero que está instalado en nuestra cercanía y en nuestra conducta: el de los cientos de asentamientos y locaciones precarias que testimonian lo que sí debemos emprender para un mañana más humano.
hectorvalle@adinet.com.uy
1 Borges,
Jorge Luis – Los conjurados, Alianza Tres, pág. 41 LA ONDA® DIGITAL |
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