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La doble personalidad de
Sabrina Harman en la guerra

por Alessandra Baldini


Sabrina Harman, la típica joven estadounidense de suburbio, sonriente y agradable,
 transformada en soldado que fue a “luchar por la libertad” a Irak ,que incluso aparece
en una tierna fotografía abrazada a un niño iraquí. Simultáneamente disfrutaba como
torturadora de acuerdo a los testimonios difundidos

Una soldado estadounidense relata las escabrosas sesiones de tortura a presos iraquíes "La orden era hacerles ver el infierno" 

Una soldado estadounidense, en evidencia ante el mundo en la fotografía que la muestra sonriente y con el pulgar hacia arriba detrás de una montaña de prisioneros iraquíes desnudos en la cárcel de Abu Ghraib, culpó a sus superiores por las torturas aplicadas.

Sabrina Harman dijo ayer que sólo cumplía con instrucciones de sus superiores, quienes le ordenaron "hacer ver a los detenidos el infierno" y vencer su voluntad de resistencia. De 26 años de edad, empleada en una pizzería en la vida civil, Harman corre ahora el riesgo de enfrentarse a una corte marcial por las torturas en Abu Ghraib.

Además de la fotografía con la "pirámide humana", es suya la mano que aplicó el electrodo al pene de un prisionero encapuchado y casi crucificado en otra de las imágenes que conmocionaron al mundo. "Nos traían a los detenidos esposados y con la capucha sobre la cabeza. A partir de allí nuestra misión era mantenerlos despiertos, hacerles ver el infierno para que hablaran", escribió la soldado en un correo electrónico enviado al Washington Post desde la base Camp Victory, cerca del aeropuerto de Bagdad, donde está confinada desde fines de febrero último.

Harman declaró al diario que los policías militares de su unidad recibían órdenes de agentes de inteligencia del ejército, de funcionarios de la CIA y de personal civil que tenían como misión supervisar los interrogatorios.

"Las personas que los traían -relató- establecían la manera en que (los detenidos) debían ser tratados, si debíamos o no ser 'simpáticos' con ellos".

Si un prisionero cooperaba, entonces podría tener ropas y hasta comida caliente, "pero si no colaboraban como ellos querían, se les quitaba todo: el sueño, comida, ropa, colchón, cigarrillos, todos estos privilegios concedidos solamente sobre la base a las informaciones recibidas", agregó.

Según el relato de Harman, no había estándares en los procedimientos operativos. En el ala A1, donde eran alojados los sospechosos de pertenecer a grupos rebeldes, eran los agentes de inteligencia del ejército o de la CIA los que "decidían cómo debían marchar las cosas".

En la vida civil Sabrina trabajaba en un restaurante de la cadena Papa John's Pizza en Fairfax, Virginia, en los alrededores de Washington. A Irak llegó en mayo del año pasado completamente ignorante de las reglas internacionales para el tratamiento de los detenidos: "La Convención de Ginebra nunca fue exhibida, yo la leí por primera vez dos meses después de ser acusada, subrayando todo lo que en nuestra prisión era una violación de este tratado... Y son muchísimas", se sinceró.

Harman es uno de los siete militares acusados por las torturas en la prisión iraquí. El viernes comenzó el proceso de acusación contra Lynndie England, la joven soldado de West Virginia que se convirtió en el símbolo del comportamiento sádico de los militares estadounidenses en Abu Ghraib. Ella es la que aparece en la fotografía sonriendo y "apuntando" con sus dedos hacia un grupo de prisioneros iraquíes desnudos.

England deberá responder ante la justicia militar por los cargos de agresión contra detenidos en ocasiones múltiples, conspiración para el maltrato de prisioneros, actos indecentes y "acciones contrarias a las órdenes y a la disciplina militar destinados a desacreditar a las fuerzas armadas norteamericanas". England está embarazada de cinco meses. El padre es Charles Graner, cómplice en los actos sádicos según informó Roy Hardy, el abogado de la familia, uno de cuyos argumentos de defensa es que la soldado "cumplía órdenes" de sus superiores. Harman está esperando la audiencia del gran jurado militar que en junio decidirá cómo se desarrollará su procesamiento.

En su historia de portada de ayer, el Washington Post relata que el padre de Sabrina es detective de un escuadrón de homicidios de la policía y que su madre tiene por hobby la medicina legal, por lo que la joven "creció" en un ambiente donde los cadáveres no eran una cuestión extraordinaria. Harman tiene incluso una fotografía tomada en una morgue, en la cual se la ve haciendo gestos con su cara junto a un cadáver. Otras fotografías, pero de las torturas y maltratos cometidos en Abu Ghraib, habían sido puestas por Harman en un Cd-rom que dejó en su casa en una visita realizada durante una licencia, y que ahora fue secuestrado por los investigadores militares. En el retrato que hace el diario, aparecen dos personas completamente distintas.

Por un lado, la típica joven estadounidense de suburbio, sonriente y agradable, la soldado que fue a Irak a luchar por la libertad, que incluso aparece en una tierna fotografía abrazada a un niño iraquí.

Por el otro, la torturadora que disfrutaba humillando a los prisioneros vencidos.

En esta dirección web puede ver las fotos: 

http://www.washingtonpost.com/wp-srv/flash/photo/world/2004-05-03_prisonabuse/index_frames.htm?startat=1&indexFile=world_2004-05-03_prisonabuse

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/photo_galleries/newsid_3690000/3690045.stm

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