La ESMA y la
cuestión del otro
El testimonio
de un sobreviviente clave
por Héctor Valle
Esta
nota pretende adentrarse en la cuestión del otro, tocando
aspectos tan duros pero tan reales que forman parte de las
miserias del hombre, como lo es, en este caso, el caso de la
ESMA.
En lo personal, implicó un
desafío donde y en primer término busco no ofender la condición
humana, principalmente del entrevistado, pero siento
humildemente que nos debemos a nosotros mismos, argentinos y
uruguayos, humanos todos, conocer la verdad, conocernos y
terminar con un silencio que resulta tan enfermizo como
doloroso. No se busque, pues, en la misma, una connotación
ideológica sino existencial: el mero compromiso de un hombre con
su conciencia y con los otros y el anhelo, cotidiano y sentido,
de una mejora en la condición humana del hombre.
En mérito a todo esto, me trasladé a
Buenos Aires y tuve la oportunidad de entrevistar a Víctor
Basterra, ex detenido de la ESMA (para conocimiento directo de
testimonios, documentos y fotos, se sugiere visitar el sitio
oficial:
www.nuncamas.org, al respecto) y uno
de sus principales, si no el principal, denunciante, al haber
conservado, merced a la tarea que le fuera asignada por sus
carceleros, fotos de personas de diversa procedencia pero con un
común propósito: falsear identidades.
Así, pues, llegamos con la mirada
abierta y la escucha atenta, aclarando ante todo que nuestra
aproximación primera era en el sentido de conocer si él, que
vivió como otros miles, experiencias tan dolorosas como
aberrantes, tenía en sí, un sentimiento de odio, conocer su
situación, su posición, ante la vida y ante el hombre, y si pese
a ese dolor, que suponemos anida en él, puede vivir en armonía:
– No sé si en armonía sería la
palabra, o con ese equilibrio que trata de consensuar entre las
pasiones y las razones. Creo que nos pasa mucho, después de
haber vivido experiencias traumáticas, de haber sido un viejo
militante, un activista obrero, como era yo. Es decir, ese
resabio de amargura, no de resentimiento, de expectativa también
de poder transformar la sociedad, en una mejor, siempre está
presente y a pesar de lo anterior de haber pasado por esa
situación conmovedora como es el paso por un centro clandestino
de detención, como fue la Escuela de Mecánica de la Armada. Y
también con una mirada atenta hacia la realidad, crítica, no
complaciente, con una visión esperanzada, no digamos optimista
ni fervorosa sino cómo se construye de a poquito y con pequeños
aportes, como aspiración, una futuro mejor.
Revalorizar los valores
En algún momento, hace seis o
siete años, tuve la ocurrencia de hacer un ciclo de cine, en el
barrio donde yo vivo y que se llamó “Revalorizar los valores”.
Esa expresión, es una aspiración. Ahora, ¿qué valores intenta
uno revalorizar? Y son los de la solidaridad, fundamentalmente,
el poder iniciar en base a la curiosidad, a la visión crítica y
a la no complacencia frente a este sistema destructor, iniciar
pequeños caminos, sendas, que creen algunas formas de
confluencia en la búsqueda de la solidaridad, el compañerismo,
de la confianza necesaria para realizar esas cosas, un poco la
continuidad de los caminos que uno inicia que es un poco el
sueño.
Ya los viejos sueños de una
transformación inmediata de esa sociedad injusta en otra más
justa, creo que han ido quedando atrás no como una cosa perdida,
pero sí, en esas escalas, de algo que implicaría una
construcción muy lejana. Si bien yo formaba parte de un
agrupamiento que tenía en claro que iba a ser una construcción
muy lenta y prolongada, creo que los golpes que se nos han dado
al conjunto de la sociedad, los resultados que uno mira, que uno
ve cuando advierte que hay una sociedad que tiene una fuerte
ausencia de conocimiento, una confusión muy grande frente a la
situaciones que se viven.
En muchos aspectos, una
desesperanza y una desesperación. Y antes esas formas de
desesperación no se veían –estoy hablando de treinta, treinta y
cinco años atrás- se veía la reafirmación de las
reivindicaciones obreras, de determinados elementos de dignidad,
de espacios como desde lo nacional y popular. Y eso estaba muy
extendido sobre un conjunto muy grande la sociedad, en cambio en
estos momentos son muy pequeñas las franjas que puedan sostener
eso. Y en muchos aspectos está presente la desesperación.
Para ir rompiendo eso, y la
confusión que existe en torno a las visiones de la historia y la
visión de una vida mejor, es esa pequeña aspiración de poner un
granito de arena que es lo que uno puede dar.
El presente y los momentos
– Lo que en sí mismo es
muy importante. Hace un rato manifestabas, si bien que con otras
palabras que las que ahora emplearé, algo trascendente y es que
a partir de tu experiencia en la ESMA, como de toda tu
experiencia acumulada, hoy tú vives a pleno el presente. Que no
te programas a largo plazo, sino que actúas en función del corto
plazo.
– No sé si yo diría “vivir el
presente”, porque en muchos aspectos cuando uno mira con
desaliento el estado en que se vive, yo también tengo y vivo
“momentos de alegría” como de los amargos, pero son siempre
momentos que trato siempre de acumular y siempre, trato y
trataré de aportar algo a un conjunto. Ese conjunto no tiene ni
nombre ni apellido, es un conglomerado de experiencias que uno
puede tirar y recibir e intercambiarlas y ver qué resulta de
todo eso.
El plan de destrucción
– Aunque pudiera parecer obvio para algunos,
igualmente te pregunto el por qué de estar tú en esta campaña, y
en esta tesitura, de divulgar la información
que posees, así como tu experiencia, de lo que te
tocó vivir en la ESMA, de toda aquella historia tan traumática:
¿Qué te anima?
– Hay una consideración que yo
siempre tengo y que es histórica. En la Argentina no sucedió un
accidente sino que existió una voluntad muy firme de un sector
de la sociedad, de los dueños del poder económico, de
implementar una forma de destrucción de todo lo que se le
opusiera y para esto contaban con un firme respaldo que era lo
que en aquellos momentos resultaba una especie de Partido
militar.
O sea, en esa alianza entre los
sectores muy poderosos del dinero, generalmente eran los
sectores financieros con la cabeza de el llamado Partido
militar, ejercitaron sobre buena parte del conjunto de la
sociedad, con gravísimas secuelas para con la Argentina, un plan
sistemático de desaparición, de destrucción del ser humano
opositor.
Entonces, esto se prolonga. No es
una cosa que terminó el 10 de diciembre de 1983. Ese fue un
modelo que se incrementó de una determinada forma, luego
vinieron otros modelos, todos dentro de lo que es sistema
capitalista más concentrado.
Por tanto no es solamente una
experiencia personal, como yo lo veo, sino que forma parte de un
conjunto de experiencias, que de alguna forma por mi sobre
vivencia, me dio la posibilidad de contar cómo vivimos esa
historia tan terrible y además quiénes fueron los responsables.
Porque a mí lo que más me mueve es las responsabilidades. Pero
no por un mero afán de venganza personal, sino porque hay un
compromiso histórico de muchísima gente con el mostrar una
verdad, en base a datos de la realidad, ni inventos ni
consecuencias, no.
Muchas veces pienso que aunque no
hubiera habido organizaciones armadas en el año 1976, el plan de
destrucción se hubiera implementado igual, por el pensamiento de
ellos. Ese temor casi irracional –pero que no lo era- del miedo
al comunismo, al socialismo, a los cambios estructurales de la
sociedad, a esa potencialidad que teníamos nosotros como
organizaciones políticas, político-militares, político-sociales.
Eso era por el simple hecho de tener tales características,
nosotros éramos potencialmente peligrosos.
Hablo de nosotros como de
aquellos que yo le llamo activistas. Yo era un activo de la
clase obrera. Un activo como obrero gráfico, con consciencia de
clase, con una visión de la realidad, una visión de la
resistencia, una visión cuestionadora de los métodos de
explotación. Con propuestas para modificar eso, entonces íbamos
en contra de los intereses de esta gente, por eso nos
destruyeron prácticamente. Pero también la destrucción se
extendió a todo el conjunto de la sociedad. Sino no estaríamos
como estamos en un país, potencialmente rico, viviendo la
situación que se vive.
Entonces no es algo personal, si
bien entra lo de uno, siempre y será por una formación que he
tenido, aquella frase “Naides es más que naides”, no me gusta
que hagan a los demás lo que no me gusta que me hagan a mí. Hay
tantas frases...
¿Asoma la venganza?
– Al escucharte,
aprontaba una pregunta breve pero cargada que si bien has
respondido desde tu propia consideración inicial, igual formulo:
¿A ti te anima la venganza?
– No le podría llamar venganza.
Si bien soy consciente de lo que es la venganza, creo que es más
que personal la cosa.
Capucha
– Creo entender que
hablabas en el sentido de que hubo un intento, sistemático, de
eliminar lo diferente, fuera esto político, organizacional, en
el orden que fuere.
En ese plan de eliminación,
organizado, estaba lo estructural y dentro de ello, lo más
rancio, y en eso estaba la noche. Y estaba el castigo y estaba
el intento de esclavizar a la persona, de sojuzgarla en sus
vivencias más íntimas, al preso en las distintas instancias.
¿Cómo te tocó vivir esa relación?
– Yo lo viví junto con otros
compañeros. En el momento en que me toman a mí, toman a mi
compañera y a mi hija de dos meses y diez días. Después de cinco
días, ellas son liberadas y yo paso siete meses en lo que se
llamó “capucha”, en la ESMA.
Capucha, en ciertos momentos, era
el infierno. Una especie de infierno. Donde uno con ese poder de
resistencia, esa rebeldía por ahí natural, que no es la juvenil,
en tanto yo tenía una formación. Estaba junto con otros
compañeros, las veinticuatro horas tirados sobre una colchoneta,
esposados, engrillados y con capucha, durante siete meses.
Comíamos basura, incluso en un
momento, y ahora sí van aspectos personales, casi anecdóticos,
yo llego a la conclusión que el “bife naval” que así le decíamos
a ese pedazo de carne encerrado en un pan, no tenía ni textura
conocida, ni gusto conocido, ni olor conocido. Y llegué a la
conclusión, en el grado de vuelo que yo tenía en aquel momento y
bajo aquellas circunstancias, que era carne humana. Y me
alimentaron los compañeros con naranjas. Cuando cuento estas
cosas cierro los ojos y veo corriendo por el piso y yo
aprisionándolas y comiéndolas. O sea, los que tenían las
condiciones de bajar escondidas una naranja, cada uno, después
me la tiraban y entonces yo así saciaba mi hambre. Fijate la
alineación que producía ese estado de cosas que llegué a pensar
eso y lo superé. Pero estuve casi un mes así.
O sea, la pregunta era, en ese
marco, cómo vivía yo. Estaba ese aspecto personal pero además
estaba los mínimos gestos de solidaridad que ahí estaban
prohibidos. Significaba una “garroteada”. Agarrar de la mano de
una compañera que estaba golpeada o torturada, con la máquina,
acercar a otro un trocito de pan...
- ¿Qué era “la máquina”?
– La picana eléctrica. Así le llamaban.
El tiempo y el espacio
- ¿Llegaste a
perder la noción del tiempo? ¿Cómo era la noción del tiempo para
ti?
– Los guardias tenían siempre una
radio prendida, siempre había unas lamparitas prendidas, de día
y de noche. Además había algunos ruidos, algunas cosas que uno
veía ahí, en ese espacio opresivo y degradante. Tú imagina que
estábamos puestos de tal forma que nuestra cabeza quedaba
siempre expuesta a la patada del guardia.
Nosotros estábamos encerrados en
unos cubículos de madera aglomerada de dos metros de largo por
un metro de alto. Dos placas de un metro por un metro por un
metro donde uno dejaba expuesta su cabeza hacia el pasillo, por
donde pasaba el guardia. Si uno se movía te pegaban una patada
en la cabeza, si uno se daba vuelta, te pegaban un garrotazo,
increpándote. Eso era sistemático.
La “capucha” es uno de los
inventos más extraordinarios que después con el tiempo
analizándolo, denota un manejo tal de la economía que no
necesitaba grandes construcciones. Ahí entrábamos un montón de
gente, expuestos siempre a un guardia que pasaba caminando. La
“capucha” en sí es como un extraordinario calabozo autoportante.
No podías hablar, no podías comunicarte.
El llamado “Proceso de
recuperación”
Después comenzaron otras
historias que son las historias de los guardias que comenzaban a
tener actitudes humanitarias. Entonces nos permitían levantar la
capucha, de pronto aparecía un cigarrillo, de pronto
comenzábamos a hablar. Y cuando había guardias que no querían
que habláramos con la voz, hablábamos con las manos. Se dan en
todas las cárceles pero en nuestro caso fue vivido en ese
espacio y tirados en el piso Por eso, el 19 de marzo cuando fui,
cuando volví, con otros compañeros a ese lugar, todo me parecía
más chico. Yo lo veía tirado desde el piso por tanto era otra la
perspectiva.
– La ESMA, pues,
como un emblema por su grado de perversión si bien este tipo de
experiencias se han dado en otros países y en diferentes tiempos
y momentos de la historia.
– Y, además, con un plan muy
particular después, el llamado “proceso de recuperación”. No sé
bien cuál fue el motivo, creo que entraron varios elementos,
como para hacer, por ejemplo, que sobreviviera gente, bajo
determinadas condiciones.
En mi caso yo era obrero gráfico,
encima yo era gráfico de valores bancarios, o sea, tenía mucho
conocimiento de la parte de seguridad bancaria, seguridad de
documentación, entonces y después de siete meses, me bajaron a
un sótano, que era el sitio donde había entrado por primera vez
a ese edificio de la ESMA y que era la casa de oficiales.
Había entrado por primera vez
para ser torturado, cuando vuelvo, después de siete meses a ese
lugar fue para falsificar documentos, como mano de obra esclava,
con características muy cerradas. Llevaba también no una capucha
sino un tabique, era como un anteojito, como un antifaz sin
abertura, o sea que cuando uno accedía a un lugar que era un
pasillo, por ejemplo, uno miraba los pasos pero no podía ver qué
pasaba al frente y alrededor. Entonces, en mi condición gráfico,
me pusieron ahí y estuve en esas condiciones durante más de tres
años, en ese proceso de recuperación que yo volví al tema de una
metodología diferente a la de otros lugares. Es decir, si bien
existía eso, era diferente.
La pecera
En la ESMA, había un lugar que se
llamaba “la pecera”. Ahí casi todos eran profesionales:
abogados, físicos, ingenieros, traductores, y hacían un trabajo
de recopilación de datos, de traducciones, de lecturas y corte
de noticias, de armado de información diaria para
“inteligencia”, digamos. Y en mi caso, como experiencia, de
haber realizado documentos falsos que también se vendía a otros
lugares.
En mi caso, una de las tareas
fue el hacerle los cuatro pasaportes falsos que tuvo Ligio Gelli
cuando se escapó al Uruguay. En algún momento estuvo la
peregrina idea de la falsificación del pasaporte nuevo argentino
para vendérselo a mucha gente. O sea, había toda una especie de
industria donde también se hacían cédulas de la Policía Federal,
documento nacional de identidad, credencial policial, pasaporte.
Se hacía mucha documentación y mucha de la misma iba gente o a
veces traían la foto y uno armaba el pasaporte o documento
requerido. Hubo veces que hasta yo puse mi dedo para la huella,
al no estar el titular. Lo vendían, no sé.
¿Y por qué hicieron eso? Por un
lado, porque seguramente era rentable. En mi caso particular, me
robaron mi casa. Directamente se llevaron a mi viejo, le
hicieron firmar un papel, que era un poder especial, y se la
robaron. Como a mí, le pasó a muchísima gente. Entonces, la
cantidad de dinero que esta gente acumulaba.
El método de la desaparición
Por un lado era esta utilización
y por otro, no sé si la idea era también influir y de quçé forma
en aquel que podría sobrevivir a esa experiencia de destrucción
y de eliminación.
Porque además estaba el método de
la desaparición, que en la ESMA fue muchísima gente
desaparecida. O sea, no lo mataron y entregaron el cuerpo a su
familia. Noche y niebla, desaparecieron. Chau, no están más. Son
una entelequia, un misterio. Ahora imaginate cómo golpea eso a
una familia, primero, a un pariente, a los amigos, a la buena
parte de la sociedad, a los barrios. Nunca más.
Digamos, violando, con
sistematicidad, a la persona humana. Tomarla, torturarla,
violarla, robarle sus bienes y luego hacerla desaparecer.
Violando todas las normas,
incluso religiosas, que existen de hacer el duelo, de llevarle
una flor. Eso lo hicieron sistemáticamente. Hay miles y miles de
desaparecidos con esa metodología. Que a algunos los tiraban al
mar, o los quemaban, o bien a otros los enterraban en lugares
absolutamente recónditos. O sea, ese sistema. Entonces cuando
vos me preguntabas por qué yo hago este ejercicio de denuncia y
de que se conozca algo, tiene que ver mucho con esa cosa que no
puedo aceptar ni perdonar.
No lo hago con el ánimo de la
venganza -¡ah, qué bien!- Yo no lo celebro, no lo celebro.
Cuando conseguimos con otros testimonios que se juzgue y condene
a otro sujeto de estos, yo no lo celebro, en todo caso me
acuerdo de los compañeros. Que son muchos, yo tengo cantidad de
compañeros desaparecidos.
La motivación del plan represor
- Víctor, en ese
contexto, en esa vivencia, ¿cómo consideras tú que esa fuerza
represiva estaba animada? ¿Tenía un espíritu corporativo? ¿Tenía
un plan? ¿Tenía una suerte de “yo tengo la verdad” que lo
animaba a actuar así?
– Sí, había mucho de eso. No
olvidemos que en la Argentina, el desarrollo de las
confrontaciones llevó por ejemplo a que se creara una fuerza que
se llamó las tres a (AAA). En Córdoba fue “El Comando
Libertadores de América”, en otros lugares se ponían otros
nombres que si bien aparecía el cuerpo, ese cuerpo estaba tan
terriblemente mutilado que no cabía en la cabeza cómo podía ser
que a una persona antes de matarla, le arrancaran los ojos. Y
esto, amigos que yo tengo, se lo hicieron al padre, por ejemplo.
Le arrancaron los ojos antes de matarlo, las AAA.
Ahora el tema de la ESMA, el
hecho de la desaparición es terrible. Si bien uno se lamenta de
lo despiadado y horrible que es que le saquen los ojos a una
persona viva, pero a él pueden enterrarlo, hacerle un homenaje,
lo que ancestralmente, atávicamente, el ser humano se fijó como
norma frente a la muerte. En este caso, la desaparición superó
todo eso.
La culpa y el sentido
Había psicólogos que trataban a
estos represores. Yo recuerdo a uno que era “maestro de
máquina”, maestro de picanear. Un tipo que venía de la Policía
Federal, Juan Antonio del Cerro, alias “Colores”. Famoso, muy
famoso. Un día, ahí, en ese sector Cuatro, donde se torturaba a
cada rato, y donde también se hacían tareas técnicas como la
que hacía yo de falsificación de documentos y otros compañero
que arreglaba una máquina de escribir. Bueno, viene “Colores” y
estaba hablando con alguno de los compañeros, en esos tratos
extraños, el tipo me había dado mucha máquina a mí, pero habían
pasado ya ocho, diez meses, me dice “Negrito, hola”. El tipo
dice “Uy, me tengo que ir a la psicóloga”. Yo no tenía trato, no
desarrollé nunca ese tipo de confianza, otro le dice “Colores te
vas al psicógolo, ¿estás loco vos?” A lo que responde: “No, cómo
voy a aguantar chupar gente, darle máquina y estar lo más
tranquilo.” Era una tarea para ellos.
Hay un libro muy interesante, que
te recomiendo, “Poder y desaparición” de Pilar Calveiro. Esta
chica que estuvo secuestrada en la Aeronáutica y en la ESMA, lo
escribió y presentó como tesis. Y permite observar cómo estaban
separadas las tareas para que nadie sea responsable.
Incluso, si bien tenía una doble
intencionalidad, para que el cuerpo se sumerja con mayor fuerza,
más profundamente, se arrojaba a las personas vivas desde los
aviones. O sea, no las mataban ellos, las mataba el mar pero
además como tragaba el agua se iba bien al fondo. Vos matás a
una persona, la arrojás y sale a flote. Cómo calcularon todo, y
hasta creo que hay calculado, por eso cuando hablábamos hoy de
la culpa del sobreviviente. Como en una hecatombe o en un
accidente. En el sobreviviente también existió muchas veces, yo
viví y hasta ahora ciertos aspectos de culpa pero encuentro
atenuantes siempre, por suerte, frente a ese extraño privilegio,
muy doloroso a veces, de la sobrevivencia.
– El tema de la
culpa es algo muy presente en nosotros, habida cuenta de nuestra
civilización judeocristiana y cómo en la misma se presenta la
misma.
– He eliminarlo el tema de la
culpa por el tema de la responsabilidad.
– Ese es un
aspecto bien importante y que quisiera desarrollaras un poco.
Viene de la mano con esta pregunta, Víctor: En una búsqueda de
sentido, que no de explicación, de un sentido de lo humano, de
la permanencia de lo humano en la vida. Vivida esa instancia,
sufrida esa instancia; las pérdidas que tuviste de distinto
grado, distintos duelos, algunos hechos y otros por hacer: ¿Aun
crees en la sociedad?
– Sí y lo manifesté al principio.
Hay una especie de esperanza y de optimismo. No el juvenil, esa
subjetividad que uno maneja y conceptualiza cuando joven. Creo
fundamentalmente en los valores. Si existen determinados
valores, se hace carne se encarna la persona en determinados
valores, existe siempre la posiblidad de mejorar, de ser mejor
persona. Y por lo tanto, cuando uno es mejor persona, lucha con
los demás por mejorar la situación en que está.
Pero cuando uno se convierte en
un lobo, como mamíferos carnívoros que somos, entonces tenemos
el hecho de la acumulación y de la codicia, presentes, mear para
marcar el territorio, el acaparamiento y luchar. Cuando eso se
supera con otros valores, más solidario, más comprensivos frente
al otro, más piadoso, incluso. Piadoso no de la piedad cristiana
sino de decir bueno este está en la lona, lo levanto le doy una
mano, minimamente aunque sea. Que muchas veces es un gesto
personal pero que al otro lo ayuda, es importante.
Cuando esos valores comienzan de
nuevo a recorrer las sociedades, existe la posibilidad de
mejorar la condición humana, de ser mejor persona. Yo le llamo,
para simplificar, no entrar en esa lucha de lobos, de espanto,
que las personas en la desesperación. Si bien hay formas de
educación que determinada franja de la sociedad recibe muy
diferenciada, que se llaman las clases medias-altas,
medias-medias, medias-bajas. Todas esas cosas, existen, para la
formación, para quedarse en una franja y no salir de esa franja
y en todo caso buscar la otra franja que lo separe del conjunto.
Y cuando uno se va separando del conjunto, uno se va aislando.
Pero uno no debe separarse del conjunto porque uno es parte del
mismo.
Yo formo parte de la gente.
Cuando se habla de la gente, la gente somos nosotros. Y si el
otro supuestamente es tonto es porque yo no estoy haciendo lo
suficiente como para tirarle una soguita. Es decir, una de las
búsquedas que se dio, fundamentalmente, la dictadura militar,
fue cortar el hilo histórico.
En la Argentina había una fuerte
raigambre de comunicación. Yo participé durante algunos años de
aspectos de la militancia social, del conjunto, me acuerdo, por
ejemplo, en 1959, y hace muchos años de esto que como se dio
también en Uruguay, la lucha por la defensa de los trabajadores
en el tema de las carnes.
Yo vivía en un barrio que se
llamaba Villa Madera y estaba cerca de los mataderos. En ese año
se decide entregárselo a la Corporación Argentina de
Productores, que eran todos los oligarcas de entonces. Hay una
especie de rebelión de ese frigorífico que era realmente inmenso
con miles de trabajadores y toman el frigorífico a lo cual las
Fuerzas Armadas van, lo tiran abajo, pero mientras preparaban,
acapaban en un lugar que era nuestro territorio de juego. Lo
conocíamos, por tanto, palmo a palmo. Entonces íbamos de noche a
hostigarlos porque estábamos cerca y éramos solidarios. Ese hilo
histórico, pues, estaba presente en los barrios. Eso se dio.
Después con la huelga de los ferroviarios, también.
O sea, ese hilo histórico nutría
el carácter de lo nacional, de identidad, todo eso los militares
buscaron eliminarlo, sistemáticamente. Y en alguna forma lo
lograron, porque la sociedad en la que hoy vivimos y en algunos
aspectos está tan fraccionada, porque en mi interpretación ese
hilo lo cortaron en muchos pedazos. Entonces hay que ver cómo lo
atamos y un poco se remite un poco a la pregunta que vos me
hacías si me animaba la venganza. En alguna forma tiene que ver
con eso y revalorizando los valores fundamentales que antes
mencionara. En la intención siempre está presente, tengo diálogo
con jóvenes y está un poco apuntado a eso: que memoricen sean
curiosos, cuestionadores y críticos, que no se resignen. Que no
tomen esto como algo inmanente que no podrá ser cambiado,
mejorado.
– Tú sabes que Max Horkheimer, uno de los
fundadores de la Escuela de Frankfurt, hacia el final de su
vida, escribió y habló sobre lo que él consideraba el “anhelo de
Justicia”. Aquello por lo que vivir. Ese anhelo de Justicia que
pese a que no se lograra en su propia vida, había que continuar
porque la vida
que quedara pudiera lograrlo. Y también
decía Horkheimer que hay un pasaje de la Biblia que unos
tradujeron como “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, y que una
alumna suya, presentó una tesis en la cual sostuvo que su
traducción de dicho pasaje debía ser la siguiente: “Ama a tu
prójimo, él es como tú”.
Entonces, como vamos terminando
esta primera conversación, en lo positivo y trascendente de tu
búsqueda, en tanto procuras surcir, resarcir, reformular,
reformar ese colectivo y que tú lo dices clarito: la defensa de
los valores más caros al ser humano, solamente decir esto y
dejar que seas tú quien termine esta primera nota que trata
justamente del diferente, del otro, del excluido. Al que uno
buscan eliminar porque les molesta, porque en realidad la
molestia son ellos mismos pero como no se permiten mirarse al
espejo, proyectan su hediondez en el otro. Como aquel maestro de
máquina que transfería su mugre con la psicóloga (¿?) y luego
volvía a la máquina a descargar su estructural vacío
existencial.
Pero trasciende lo tuyo, y ojalá
que lo tuyo sea lo de ustedes, los demás sobrevivientes. El
hecho de continuar y continuar buscando lo humano.
- Si uno perdiera esa lucecita,
no tendría sentido mi vida, porque no veo como alternativa a esa
lucha, el regodearse en las propias miserias de uno, si bien uno
las tiene y también a veces lo hace, pero no como sentido vital
esa búsqueda y no magnificada, no. Algo bajito, cotidiano y con
el ejemplo de humildad que me dieron muchos compañeros.
En mi organización, yo pertenecía
al peronismo de base y a las Fuerzas Armadas Peronistas, estaba
muy presente ese hecho de la humildad. No al vanguardismo, a la
conducción de las grandes masas, a un apostolado. No. Era una
actitud en la vida. No lo pongo como confrontación con otras
organizaciones sino nuestra característica y aquello que yo
rescato.
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