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La tímida vuelta del temor a la inflación
Una oportunidad que
no se repetirá tan pronto

por el Embajador Rubens Ricupero

Las negociaciones comerciales van mal pero, en el mundo real de la economía, hace mucho tiempo que las exportaciones e importaciones no se portan tan bien. En Ginebra, en la Organización Mundial de Comercio, no se consiguió hasta ahora delinear ni siquiera un modelo genérico, sin números o fechas, que permita proseguir con las negociaciones el año que viene, luego de las elecciones americanas. No es gran cosa pero hasta este poco parece mucho. En el ALCA, ni la versión ambiciosa y desequilibrada de los primeros tiempos, ni la más leve y reciente, concentrada en el acceso a los mercados, logran avanzar.

Si las circunstancias fuesen otras, se diría que la culpa era de la desaceleración de la economía, de la contracción del comercio, de la caída de las cotizaciones. Esto fue verdad en 2001 y, en menor grado, en 2002. A partir de 2003, con todo, el comercio comenzó a ganar fuerza de nuevo, creciendo un 4,7%. El año pasado, América Latina tuvo exportaciones record: saldo comercial de U$S 41 billones, sólo comparable a 1984, un saldo en cuenta corriente de U$S 6 billones, el primero en medio siglo, las exportaciones del MERCOSUR creciendo un 18% y las de Brasil en más de un 20%. Este año, se juega con la hipótesis de la expansión del comercio de un 7,5% en volumen y mucho más en valor, gracias a los precios altos del petróleo y otras materias primas. Hasta el momento, los resultados brasileños en las exportaciones vienen confirmando la expectativa.

Cómo explicar, entonces, el desencuentro entre el ritmo de las negociaciones y el del comercio real? En parte, porque el avance más lento de la negociación refleja el atraso de las percepciones y del efecto de la recuperación económica en el nivel del empleo. No es un secreto que sólo ahora y gradualmente el desempleo va cediendo en los Estados Unidos, mientras continúa resistiendo en Europa. Aún cuando se crean vacantes en sectores nuevos, estas no compensan las pérdidas debido a la desviación industrial hacia China o a la transferencia de servicios a la India, al menos no en los lugares alcanzados. En segundo lugar, las negociaciones sólo van a producir resultados prácticos de aquí a cinco o seis años, teniendo en cuenta el tiempo de implementación. En este sentido, ellas preparan y condicionan el escenario de la competitividad del mediano plazo y es natural que los gobiernos se armen de cierta prudencia al posicionarse para un futuro incierto.

Es preciso no olvidar el contra-estímulo, para las negociaciones, proveniente de las elecciones en los EE.UU. y de la expansión europea. Tampoco ayudan las amenazas de distintos grados de actualización: el conflicto sin perspectivas de solución en Irak y entre Israel y los palestinos, el barril de petróleo próximo a los fatídicos U$S 40 la unidad, la elevación (inestable) de muchas “commodities”, el fin del ciclo de los intereses bajos, la vuelta tímida del temor a la inflación.

No obstante estos fantasmas que rondan, las expectativas con relación a la economía mundial continúan siendo positivas , dentro de la franja de crecimiento del 4,6% calculada por el FMI, sobretodo debido al relativo vigor de la recuperación americana. Lo que más anima es la contribución a la expansión mundial del crecimiento de los países en desarrollo, del 4,8% en 2003 y estimada en 5,4% para este año. Es verdad que las cifras representan, en buena medida, la sombra gigantesca proyectada por la China y la India. Excluyendo los dos monstruos asiáticos, los números se encogen a 3,4%, en 2003 y 4,4% en 2004, todavía bastante decentes. Aún la determinación del gobierno chino, de derramar agua fría en la caldera hirviendo, no altera en sustancia el panorama pues lo que se pretende es traer el ritmo del 8,5% al 7%, lo que para nosotros suena como un sueño inalcanzable.

De acuerdo a lo que mostró Angus Maddison, gran historiador del crecimiento, a lo que nuestros ojos asisten es a la re-emergencia de dos ballenas, responsables, en 1.500, por la parcela mayor del producto mundial y que vuelven a la superficie luego de una larga y profunda inmersión durante la expansión de Occidente. La ola hawaiana que ellas levantan ofrece un mar propicio para muchos surfistas: Japón, que está saliendo de la postración gracias a las exportaciones para China, los EE.UU., que aumentaron sus ventas a los chinos de modo astronómico, Corea del Sur, los países del Sudeste de Asia, para los cuales el mercado chino comienza a suplantar el americano, el comercio entre los asiáticos, que los protege de la volatilidad mundial. Tiene razón el presidente Lula: se está delineando una nueva geografía del comercio. Para japoneses y americanos, los mercados de las economías emergentes se aproximan al 50% de sus exportaciones e importaciones.

Con el éxito en el crecimiento de la economía y del comercio, surge una mayor capacidad de afirmarse en el escenario internacional. La India, símbolo en el pasado de estancamiento, al punto de inspirar el neologismo Belindia, hoy hace que Bélgica represente, en esta palabra compuesta, el elemento de crecimiento bajo, mientras ella se describe a sí misma como “shining”, la India que reluce. Es este sentimiento de auto confianza y afirmación, basado en la realidad del desempeño, que explica el surgimiento de alianzas y coaliciones de influencia creciente en las deliberaciones económicas, hasta aquí limitada al comercio pero que mañana podrá extenderse a otros dominios. Brasil se ha destacado en el origen de algunas de estas iniciativas como el G-20 o el grupo África del Sur-India-Brasil.

La gran reunión cuatrienal que la UNCTAD – Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo – realizará en San Pablo a mediados de junio, será este año la única gran conferencia económica de la ONU en el mundo y la mayor en Brasil desde la Cúpula de la Tierra, de Río, en 1992. Esta se dará dentro del contexto externo descrito en este artículo y deberá ser caracterizada por el reconocimiento de la nueva geografía del comercio y de la madurez de la auto-confianza de los países en desarrollo. Esta marcará también el 40º aniversario, tanto de la UNCTAD, como del Grupo de los 77 y de China, que reúne los países en desarrollo en los foros económicos. Será una oportunidad decisiva y sin pronta repetición para la proyección internacional de San Pablo y de Brasil. Será, sobretodo, el escenario para que nuestro país demuestre que es una fuerza constructiva y moderadora en el sentido de transformar los cambios en el mundo real de la economía en resultados prácticos en las negociaciones, que nos ayuden, a nosotros y a los otros, o a consolidar el progreso ya alcanzado o a reencontrar el camino olvidado del desarrollo acelerado y estable.

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