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 El papel oculto de la vitamina C,
y su relación con las células tumorales
por el Dr. Juan Carlos Vera

Con más de diez años en el estudio de la vitamina C, el doctor en biología celular y molecular Juan Carlos Vera, profesor del Depto. de Fisiopatología de la Fac. de Ciencias Biológicas de la Universidad chilena  de Concepción, declaro a la Revista Bioplanet que viene realizando un trabajo de investigación sobre la incidencia de la vitamina C en las células tumorales, que podrá ampliar sus funciones conocidas. La investigación contradice (al menos en parte) las propiedades asta ahora conocidas de este compuesto

La historia del escorbuto es clásica, con marineros que morían víctimas de la enfermedad en los largos viajes del siglo XVI al XVII, pues su dieta no contemplaba frutas o verduras, ricas en vitamina C. “Se dice que la vitamina C es la panacea”, explica el doctor Juan Carlos Vera, director del Area Biología Celular y Molecular del Doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad de Concepción. “Se cree que lo cura todo... el resfrío, el cáncer, la degeneración del sistema nervioso, los problemas cardíacos” y hasta hace poco investigadores estadounidenses observaron que, cuanto menores son los niveles de vitamina C en la sangre, mayor es la posibilidad de tener úlceras y cáncer en el estómago. Vera insiste “...se habla de la vitamina C como un agente citotóxico para células tumorales’, hay investigadores que proponen que uno debiera tomar vitamina C para matar células tumorales. Ahora, ¿qué hay de realidad en esto?. La verdad es que muy poco..."

Biodisponibilidad, transporte y reciclaje
Una palabra clave para el doctor Vera y el grupo de 12 estudiantes de doctorado y pre grado que dirige, es biodisponibilidad, ya que somos una de las pocas especies incapaces -junto con el salmón coho- de sintetizar vitamina C, por lo que nuestro organismo tiene que obtenerlo de la dieta. Esto implica que para que llegue a la sangre (que es desde donde se distribuyen todos los nutrientes al resto del organismo) tiene que ingresar a través del intestino “y por eso la biodisponibilidad resulta esencial -apunta Vera. Si no ingresa a muestro sistema intestinal no podríamos obtenerla. Al cruzar esta barrera, entra a la sangre y tiene que pasar a todas las células y tejidos del organismo... y eso es lo que estamos estudiando, cómo ingresa a las células, cómo se controla este ingreso, el mecanismo de retención en el interior de las células, para que lo utilicen las células y de qué modo podemos intervenir estos procesos farmacológicamente”.

En el laboratorio se estudian distintos sistemas, entre los cuales están las células intestinales -que son las primeras en tener contacto con la vitamina C -, las células endoteliales de vasos sanguíneos periféricos y cerebrales, células renales, células del hígado y células tumorales de mama, próstata y leucemia.

Un punto importante en la investigación es la entrada a la célula de la vitamina C, traspaso que es posible gracias a la acción de moléculas de proteína de la membrana celular llamadas transportadores. Se han encontrado dos familias de transportadores distintos para la vitamina C. Aquí surgieron algunas preguntas fundamentales como por qué existen transportadores distintos o si todas las células tienen los mismos transportadores. “La respuesta es que cada célula expresa más de un transportador, pero no expresan todos al mismo tiempo y distintas células expresan distintos transportadores. De hecho, cuando uno comienza a estudiar una célula no sabe cuál de estos transportadores está presente o cuánto hay de cada transportador”.

Junto con determinar qué transportadores son expresados en determinadas células y estudiar sus propiedades funcionales, se está trabajando en ciertas patologías como el cáncer. Es aquí cuando surge una característica inesperada y es que las células tumorales acumulan más vitamina C con relación a las células normales. “Entonces el problema asociado es la parte negativa de la vitamina C y su posible papel como protector de los tumores. Este es un problema de suma importancia, ya que si las células tumorales tienen más vitamina C que la normales, entonces son mucho más resistentes a tratamiento antitumoral, por ejemplo, con radiación”

Este fortalecimiento de las células tumorales está asociado a la propiedad antioxidante de la vitamina C, ya que participa en los procesos celulares de defensa contra el estrés oxidativa.

El planteamiento fundamental en este sentido es que “si la vitamina C es un antioxidante y provee a la célula con una determinada capacidad para resistir al estrés oxidativa, entonces eso significa que al sacar este antioxidante de la célula, se puede volver muy sensible al estrés oxidativa. El fin de todo esto es que queremos obtener células sin antioxidante de modo que cuando sean tratadas con agentes antitumorales mueran rápidamente”.

Entonces, ¿cómo se adapta una célula a la capacidad de obtener mayor vitamina C? Aumentando la cantidad de transportadores a nivel de membrana y también la cantidad de ciertas enzimas intracelulares, que en la práctica corresponden a reductasas de vitamina C, que son las que permiten que dentro de la célula se revierta el ciclo de oxidación de la vitamina C y ésta se mantenga en su estado reducido. “La vitamina C útil a la célula -señala Vera- es la reducida, por eso las reductasas juegan un papel tan importante. Aquí el concepto central es el reciclaje de la vitamina C, ya que la información disponible indica que las células acumulan cantidades muy elevadas de vitamina C, a niveles de 100 veces más elevados que en la sangre, lo que sugiere que la función básica protectora de la vitamina C ocurre a nivel intracelular”.

El problema es cómo disminuir el contenido de vitamina C en la célula tumoral sin afectar el contenido de las células normales. “Desgraciadamente, de acuerdo a lo que nosotros hemos visto en nuestros estudios, los mismos componentes que participan en la obtención de la vitamina C para las células normales, son aquellas que lo hacen para las células tumorales. Lo que pasa es que hay más transportadores y hay más reductasas. Por el momento no es fácil discriminar entre ellos” comenta el investigador. Una estrategia posible es disminuir el contenido de vitamina C en todo el organismo con una dieta adecuada libre de vitamina C, ya que una caída temporal del contenido de vitamina C no afecta mayormente a un individuo.

Una propuesta novedosa
Lo que hasta el momento se ha realizado a este respecto son estudios con voluntarios, personas normales sometidas a dietas libres de vitamina C en forma controlada. Esto porque aún hay controversia con respecto a las propiedades de la vitamina C, ya que sólo recientemente se está obteniendo información básica para entender cuál es su metabolismo en un individuo normal. Los resultados han demostrado que es posible obtener una caída drástica de la vitamina C, a un 20% de su nivel inicial, recuperándose rápidamente luego de suplementación con dietas conteniendo
vitamina C.

“Sabemos, y sobre eso tenemos experimentos claros al respecto, que cuanto más vitamina C tiene una célula, más resistente es al tratamiento antitumoral. Estamos hablando de células tumorales cultivadas in vitro y sometidas a tratamiento con agentes citotóxicos que matan las células. Hemos observado que si estas células tienen vitamina C en su interior, sobreviven al tratamiento, y cuanto más tienen, más células sobreviven” puntualiza el investigador.

El problema del tratamiento con agentes citotóxicos es que no distingue entre células normales y tumorales. Por ello el uso de una droga antitumoral está limitada a utilizar dosis muy controladas.

Junto con la vitamina C se está trabajando con otro antioxidante, el glutatión, que es una molécula muy abundante en todas las células y que interactúa con la vitamina C, siempre con la idea de disminuir su concentración en la célula. Para ello se ha estado trabajando con productos naturales, como la quercetina y la genisteína, que son inhibidores de los transportadores de vitamina C y están presentes en el vino, el tomate, el té, los tomates y el poroto de soya (ver recuadro). “Además utilizamos un compuesto que se describió hace mucho tiempo atrás que se denomina BSO que inhibe la síntesis de glutatión en la célula y por lo tanto afecta el metabolismo de la vitamina C” agrega Vera. En la misma línea de identificar compuestos que sean capaces de modificar los antioxidantes celulares, se ha encontrado que anti-inflamatorios como la aspirina disminuye la vitamina C en la célula.

El investigador agrega que todo el mundo está pensando que la vitamina C “sirve para proteger”, pero el grupo investigador está centrado en ir en la dirección contraria. “Si sirve para proteger ¿no sería interesante que nosotros disminuyéramos su contenido en la célula para disminuir la protección? Esa es nuestra idea”

Esto se contrapone con el concepto, ampliamente difundido, de consumir megadosis de vitamina C para aumentar las defensas antioxidativas del organismo. Resultados de estudios de suplementación recientes muestran que una deficiencia de vitamina C se correlaciona con un aumento del riesgo de desarrollar, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares. Este riesgo disminuye al lograrse niveles normales de vitamina C en el organismo, pero no se observa efecto alguno en individuos suplementados a niveles supranormales de vitamina C.

Los conceptos desarrollados en el laboratorio son el fruto de un trabajo multidisciplinario que ha implicado la colaboración de numerosos investigadores. Fundamental al desarrollo de esta investigación ha sido la participación de la doctora Coralia Rivas, actualmente trabajando en Concepción en el proyecto, del Dr. Francisco Nualart, del Departamento de Biología Celular de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Concepción, y los doctores Alejandro Reyes e Ilona Concha, del Instituto de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral.

En busca de inhibidores
Una parte importante en la búsqueda de reducir la entrada de vitamina C a la célula se encuentra en identificar nuevos inhibidores específicos de los transportadores de vitamina C, es decir, moléculas pequeñas que sean capaces de unirse a los transportadores y los bloqueen inhibiendo la entrada de vitamina C a la célula.

El grupo dirigido por el Dr. Vera ha identificado una familia de inhibidores, la gran mayoría de los cuales son compuestos de origen natural. Entre estos compuestos que son muy eficientes inhibidores del transportador de vitamina C están la genisteína y quercetina.

“Estos compuestos están presentes en el poroto de soya, en el vino, el tomate y en el té. Son los antioxidantes naturales de los que habla la gente y se dice que debe beber té todo el tiempo porque aumenta sus defensas antioxidativas. El vino es rico en este tipo de componentes, y se dice que si uno quiere aumentar sus defensas antioxidativas tiene que beber vino. Todos conocemos sin embargo los efectos negativos del vino y además la posible acción antioxidante de estos compuestos es muy pequeña por problemas de biodisponibilidad”.

La propuesta más simple, según el investigador, es que si uno quiere encontrar antioxidantes naturales, es correcto buscarlos en el té, en los tomates, en el poroto de soya y en las frutas. Por ello recomienda tener una dieta balanceada con frutas y verduras, porque aunque ellos tienen todos estos compuestos antioxidantes como la genisteína y la quercetina que son inhibidores de los transportadores de vitamina C, lo que es más importante es que ellos son muy ricos en vitamina C.

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