|
“El único indio bueno es el indio muerto”
El Ejército de Estados Unidos se curtió en cien años de guerras de exterminio contra los pueblos indios, hasta consumar el primer genocidio planificado de la historia. Baste recordar la afirmación del general Philip Sheridan, en 1875, de que “el único indio bueno es el indio muerto”. Esta frase será repetida después de 1963 por asesores militares de Estados Unidos en Latinoamérica, que entrenaban a las fuerzas contrainsurgentes haciéndoles gritar que “el único comunista bueno es el comunista muerto”. Y en 1930, en la guerra contra Sandino en Nicaragua, un soldado invasor posó sujetando, a modo de trofeo, la cabeza cortada de un campesino, muestra del trato que daban a la población civil. En 1996, el Pentágono admitió la existencia de una serie de manuales de instrucción de la Escuela de las Américas, en Panamá, con secciones sobre torturas, asesinatos y chantajes para combatir a los enemigos. Vietnam fue escenario de los mayores crímenes perpetrados por un ejército después de 1945. Para quebrar a la resistencia, el Ejército estadounidense recurrió a torturas, ejecuciones sumarias y exterminio de civiles. En My Lai, soldados norteamericanos asesinaron a más de 200 civiles, crimen que se quiso ocultar y dio lugar a una mascarada mediática similar a la presente, que no cambió nada la guerra. La isla-prisión de Co Song fue lo más próximo a un campo de exterminio de vietnamitas. En 1972 se supo de la matanza de 5.000 civiles en el delta del Mekong y en 2001 el ex senador Bob Kerrey admitió su participación en aquellas carnicerías. Pero el episodio más inicuo fue los bombardeos salvajes contra la población civil, los más atroces sufridos por un país desde la Segunda Guerra Mundial. Entre 1965 y 1972, Estados Unidos lanzó unos 16 millones de toneladas de explosivos, equivalentes a 720 bombas de Hiroshima. El empleo de armas químicas y napalm afectó a 1,3 millones de personas y a 10 millones de hectáreas de tierra y sigue produciendo víctimas, pues centenares de miles de niños han nacido con deformaciones. El general Curtis Lemay había resumido, en 1964, la estrategia militar de Estados Unidos: “Haremos retroceder Vietnam a la edad de piedra”. La invasión de Somalia, en 1992, provocó una insurrección popular, debida, en gran medida, al trato inhumano dado a la población por las tropas norteamericanas, incluyendo asesinatos, torturas y violaciones, como recogió un informe de la ONU. En Irak, Afganistán y Guantánamo, el Ejército de Estados Unidos se ha limitado a continuar con una larga tradición de crímenes y abusos. La contratación de mercenarios para interrogar y torturar a prisioneros privados de protección es otra prueba del desprecio que le merecen los vencidos. Un último apunte: Hannah Arendt definió el fascismo como la aplicación a las poblaciones europeas de las prácticas del imperialismo. Hoy, al menos, esas prácticas se conocen y denuncian. Fuente:AIS a_zamora_r@terra.es LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |