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Exposición de 350 obras arte
Historias desde la estética
contemporánea uruguaya |
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Antonio José de Sucre
Una vez mas la historia de
Latinoamérica en la novela
Harold Alvarado Tenorio |
Antonio
José de Sucre
Una vez mas la historia
Latinoamérica en la novela
por Harold Alvarado Tenorio
La novela de Eduardo
Delgado ‘Por los senderos del sur’ retorna a un tema literario
abandonado: las guerras de Independencia en la Nueva Granada y sus
regiones vecinas. Centrada en la campaña libertadora del Sur (Ecuador y
Perú) y en el enigmático asesinato de Antonio José de Sucre, el más
notable militar patriota luego de Simón Bolívar, el autor se enfrenta al
carácter épico de la materia y a las circunstancias de época con buen
estilo, armado de un cuerpo investigativo que, aunque discutible, sin
embargo da credibilidad a buena parte de los personajes históricos que
pululan en la novela.
En la literatura colombiana no hay antecedentes exitosos con respecto a
esta temática. Se debe dejar de lado ‘El general en su laberinto’ de
García Márquez, pues este texto se detiene más en los últimos días de
Bolívar. Delgado, aunque también tiene como clímax los últimos momentos
de otro general legendario, hace una inmersión audaz en la odisea de las
batallas, los movimientos de tropas, las marchas por caminos de montaña.
Resuelve también, con acierto, y echando mano de los recursos de la
moderna novela policíaca, el misterio que ha rodeado, desde el 4 de
junio de 1830, al asesinato del gran Mariscal de Ayacucho. Desde luego,
muchos lectores, sobre todo colombianos y ecuatorianos, divergirán del
resultado, por el peso que tiene el episodio en la tradición.
Pero debe entenderse que es una novela y no un ensayo histórico. El
lector debe abordarla como una ficción, así su materia prima esté
constituida por hechos conocidos y ampliamente controvertidos. Lo que
importa aquí es la lógica de los argumentos, el oficio del escritor y la
consecuencia en la solución del enigma.
Algo más debe abonársele a ‘Por los senderos del sur’: el retrato de
Sucre, que trata de alejarse del arquetipo del hombre sin tacha,
poniendo en evidencia sus relajadas costumbres sexuales que, para
deleite de los lectores, se resuelven en relatos de encuentros amorosos
que contienen buena dosis de erotismo. Este recurso airea la novela y le
da más credibilidad al personaje histórico.
Aquí, sin embargo, se queda a medio camino. Sucre compartió buena parte
de la crueldad que caracterizó a los militares de aquella gesta. Es de
sobra conocida la carnicería que propició en Pasto el 22 de diciembre de
1824. Este trágico episodio explicará por qué los habitantes de Pasto
sintieron un odio profundo hacia Sucre, hasta el punto de que una de las
hipótesis que se manejó como explicación del asesinato en Berruecos fue
que se trató de una venganza ejercida por familiares de familias
pastusas enlutadas. Como se sabe, la historia de Colombia está llena de
este tipo de venganzas.
En la novela la crueldad de Sucre se minimiza y los crímenes de Pasto
apenas se mencionan de pasada. Tal vez porque el autor se toma una
licencia que lo obliga, al colocar como personaje principal de su relato
a una mezcla de militar e intelectual pastuso, quien además es persona
de confianza e incluso confidente del general sacrificado. No resultaría
creíble si el lector adquiere conciencia de la ferocidad con que Sucre
trató a los habitantes de Pasto.
A la dificultad inherente a la épica del tema y a la naturaleza
histórica de la novela, Eduardo agrega una complicación adicional:
remite al lector a unos documentos de época escritos por un testigo de
los acontecimientos, unos viejos papeles recuperados por el autor. Es
una voz del pasado que conlleva, por lo tanto, el uso de un lenguaje
arcaico, del castellano escrito en la primera mitad del Siglo XIX. Este
problema adicional también se resuelve, casi siempre con acierto, aunque
el habla contemporánea del autor lo traiciona de vez en cuando.
Expresiones como turista, sicarios profesionales, células clandestinas,
y otras por el estilo, saltan a la vista y debilitan la narración.
La calidad de la novela se ve afectada por el deficiente trabajo
editorial. El lector esperaría, cuando un texto proviene del Grupo
Editorial de la Universidad del Valle, que el resultado fuese impecable.
Pero no. Erratas en exceso, palabras partidas, errores groseros de
ortografía, signos de puntuación en lugares insólitos e incluso cambios
de vocablos que trastocan por completo el sentido de una expresión (por
ejemplo, ‘aguardiente cetrero’, donde debe decir ‘aguardiente cerrero’.
Pese a estos problemas el autor ha hecho un buen trabajo. ‘Por los
senderos del sur’ es una novela valiosa, que enfrenta dificultades de
las que logra salir bien librada, que se lee con interés creciente y
que, por el tema y por su carácter histórico, dará pie a buen número de
controversias LA
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