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Las tres razones para que Paraguay deje el MERCOSUR y el enojo de Estados Unidos
por las negociaciones del MERCOSUR y la UE

Las derivaciones de la cumbre de Guadalajara han seguido nutriendo el debate sobre los las distintas instancia de integración que están planteadas en el Continente.  Pongamos atención en estas tres: Estados Unidos "está enojado" y "se siente esquizofrénico" frente a las negociaciones del MERCOSUR y la UE, que podrían resultar en un TLC en octubre próximo, estimó Nancy Birdsall, presidenta del Centro para el Desarrollo Global y ex vicepresidenta del Banco Interamericano de Desarrollo

Simultáneamente  en Montevideo el embajador Juan Francisco Rojas, Secretario General de la ALADI declaró que en las “negociaciones internacionales, vemos todavía como la Ronda de Doha tiene dificultades para arrancar, conocemos toda la problemática que están enfrentando muchos países latinoamericanos para acometer la negociación del ALCA”.

Por el otro lado, el relacionamiento con la Unión Europea, del cual Chile y México ya son asociados, y el MERCOSUR, pareciere en vías de asociarse también. No así los países de la Comunidad Andina, como tampoco los países centroamericanos que no consiguen una respuesta favorable por parte de la Unión. Se les acusa de déficit de integración, esa sería la gran excusa para no negociar un Acuerdo de Libre Comercio con estos países, tanto o más que los otros, necesitaría un acceso a mercados mucho más oportuno y mucho más abierto y transparente en estos momentos al mercado europeo”. 

Desde Paraguay una nota de Armando Rivarola en el diario ABC color fundamenta que “hay tres razones por las cuales el Paraguay debía formar parte del MERCOSUR. A lo largo de los años, las tres han variado radicalmente.

A la primera razón llamémosle "determinismo geopolítico". Hubo un tiempo en que cualquier visión seria de desarrollo del país, pobre y encima mediterráneo, pasaba necesariamente por una alianza con sus grandes vecinos, especialmente el Brasil, aun si en el proceso tuviese que renunciar a algunos de sus intereses.

La segunda razón es estratégica. Al principio el MERCOSUR se presentaba como una herramienta de inserción económica y política al mundo, del que habíamos quedado tan lejos y aislados luego de 35 años de dictadura.

La tercera razón es puramente comercial. Era más fácil y seguro comerciar con nuestros vecinos, y efectivamente el Brasil pronto se convirtió en nuestro principal mercado.

Para empezar, la globalización ha hecho trizas cualquier parámetro geopolítico del pasado. Se puede dar un ejemplo concreto. El Paraguay negocia su participación en el ALCA a través del MERCOSUR y lo hace así no porque le convenga, sino casi por solidaridad con sus grandes vecinos, en virtud del determinismo del que hablábamos. Porque la negociación se hace fundamentalmente sobre la base de los intereses del Brasil, y en menor medida de la Argentina, y los intereses del Paraguay en esta negociación son muy diferentes a los de ambos. 

Brasil pretende proteger sus industrias automotriz, informática, aeroespacial, etc., mientras que el Paraguay no tiene nada que proteger. Al contrario, le interesa eliminar barreras, no crearlas. Eso teóricamente lo ubica en una situación ideal, porque tiene mucho que ganar y muy poco que perder. Supongamos entonces que el Paraguay decidiera negociar por separado su ingreso al ALCA. No solo podría hacerlo, porque probablemente Estados Unidos estaría encantado de quebrar su principal foco de resistencia (por motivos que no tienen nada que ver con ideologías antiimperialistas, como muchos creen, sino de resguardo de grupos empresariales muy poderosos, y no precisamente paraguayos), sino que probablemente obtendría tratos muy ventajosos.

En cuanto a la segunda razón, tal vez el MERCOSUR fue importante para una mayor legitimación política del país, pero seguro que no económica. Había dos modelos posibles para el MERCOSUR. Uno abierto, pujante, competitivo, otro cerrado, avaro, proteccionista. Al Paraguay le convenía mucho el primer modelo.  

De esa forma el bloque podría haberse convertido en una plataforma de lanzamiento hacia afuera. La economía paraguaya podría haber buscado mecanismos de complementación con las de sus vecinos, para entrar en los mercados mundiales con mayor fuerza y posibilidades. Lamentablemente, se impuso el segundo modelo. El MERCOSUR se ha convertido en una plataforma, pero para adentro, un mercado cautivo del Brasil y la Argentina. Hoy día el Paraguay no es ni siquiera libre de negociar por sí mismo convenios comerciales con terceros. Es el único de los cuatro países que ha tenido que elevar sus aranceles aduaneros para adecuarse al bloque, lo que significa que, técnicamente, culpa del MERCOSUR, la economía paraguaya es hoy más cerrada, menos competitiva, más aislada que antes.

Finalmente, tampoco tiene ya fundamento la razón comercial. Primero porque el Paraguay no ha incrementado globalmente su comercio exterior, sino que lo ha trasladado al MERCOSUR, volviéndose más dependiente que nunca del Brasil (otro error estratégico). Segundo porque tanto el Brasil como la Argentina han demostrado tanta mezquindad (las últimas medidas brasileñas son solo un ejemplo de lo que ha venido ocurriendo permanentemente), que tampoco ha resultado cierto eso de que es más fácil y seguro comerciar con los vecinos.

Si ya no hay razones para permanecer, ha llegado la hora de salir.

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