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Cultura para el desarrollo
por el Prof. Bernardo Quagliotti de Bellis

Es claramente claro que en este período pre-electoral, en todos los discursos y discursotes que se ofrecen al público uruguayo, ansioso de unos cambios importantes en muchos campos, el tema CULTURA no se cita, ante lo cual la relación funcional y política entre la cultura y el desarrollo viene arrastrando una singular dificultad al parecer compleja. 

Dificultad conceptual, operativa y, en la práctica, de formulación de políticas concretas. Para los candidatos a todo nivel, parece ser que la CULTURA  -en términos generales-  no es un objetivo de inversión modernizadora, lo que la descarta a priori en el horizonte del desarrollo. Según los silencios  que los actuales candidatos hacen del tema CULTURA, las inversiones en nuevos planes y mayores inversiones,  (nivel  de los docentes, sueldos, gastos en infraestructura, materiales didácticos,  edificios seguros, etc.) les resulta un tema con económicamente improductivo, tienen la esperanza que no crea que la inversión sería ruinosa. 

Ruinosa resulta, cuando no se la considera como la base fundamental para el desarrollo, Ahí está el caso sucedido en la Universidad de la Plata, con el lamentable porcentaje de calificación en un 5% al test que los docentes plantearon a un alto número de cursantes en la Facultad de Abogacía; y quien tiene algo de memoria, recordará los lamentables resultados en las respuestas dadas por quienes participaban en aquellos programas que en Uruguay algunos canales de TV presentaban.  En Argentina, sucedía con el ahora “ciudadano”  Silvio Soldán.

REFLEXIONAR EL CAMBIO
Ante tal situación, hay que comprender que la relación entre CULTURA Y DESARROLLO ha cobrado una apariencia retórica. Lo cierto es que existen dos posiciones, de alguna manera dicotomía  s:   para los países industrializados la cultura es el horizonte de llegada más razonable en la búsqueda del bienestar. 

Esa diferencia la ha marcado Alvin Toffler, en el intervieu realizado, con relación a    diferencia existente  -en el campo  CULTURA-DESARROLLO, entre Estados Unidos y Europa. 

Como consecuencia, las políticas culturales públicas  (de la que carece Uruguay)  se encuentran disociadas en dos horizontes de objetivos: a) la cultura como retorno del bienestar por un lado, y  b) la cultura como factor de incorporación a un mayor desarrollo por otro. La crisis de evolución se expresa en la ausencia de metodologías capaces de compatibiliza ambos horizontes, de superar el apego a la estricta dependencia del crecimiento económico (Pedro Vives,1993)

El cambio radica en considerar que las políticas culturales,  más que la simple cultura en abstracción, son las llamadas a incorporar objetivos de desarrollo. Los cursos de “post-grado” a donde pueden concurrir solamente jóvenes de cierta clase económica social  -o bien por las escasas becas que en Uruguay se reciben- se realizan en centros culturales del exterior desarrollado  y ofrecen a las sociedades del denominado “tercer mundo”, abiertas posibilidades de acceso a un mayor y actualizado conocimiento, salvando vacíos de los sistemas educativos causados por carencia de recursos. Pero, es oportuno aclarar y determinar  que la falta de recursos, en países como el nuestro, se debe a la marginación en que se ha colocado a la CULTURA en la agenda  “programática”  de los planes nacionales, cuando ella en sí debería ser considerada como una acción a ser realizada por el Estado, no importa quien ocupe el poder,  Las políticas culturales en Iberoamérica precisan aun una reflexión estratégica. 

EL COMPROMISO DE ACAPULCO EN PLENO OLVIDO
Los Jefes de Estado del entonces denominado “Grupo de los Ocho” (Argentina, Brasil, Colombia, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela), hace 17 años, emitieron en 29 de noviembre de 1987, el documento “Compromiso de Acapulco para la Paz, el Desarrollo y la Democracia” ,del cual rescato en este artículo, el Punto  donde señalaron  “la necesidad del proceso de integración y la reafirmación de la identidad cultural de la región, así como de procurar que LA INTEGRACIÓN CULTURAL impulse el desarrollo global y la modernización de nuestras sociedades”.

Un año después, se reunieron en México del 27 al 29 de julio de 1988, los Ministros de Educación del “Grupo de los Ocho” con el fin de dar seguimiento al “Compromiso de Acapulco”. En esa oportunidad encararon varios aspectos de la integración en los campos de la educación y la cultura, entre ellos los referidos a: 1)industrias culturales; 2) indicadores culturales; 3) banco de datos culturales; 4) protección y restauración del patrimonio cultural; 5) formación de administradores culturales; 6) cultura popular; 7) actividad editorial. 

“LA DECLARACIÓN DE URUGUAY”, EN PLENO OLVIDO
Dentro del mismo marco de la “Cumbre de los Ocho”, en una segunda reunión realizada en Punta del Este del 27 al 29 de octubre de 1988, los Jefes de Estado emitieron la
“Declaración de Uruguay”, que en uno de sus párrafos se refirieron a la integración cultual y educativa, estableciendo mecanismo para intensificar la integración cultural y educativa entre los pueblos  -partiendo de una política nacional de educación”.
 

Tal buena intención de los Estados Iberoamericanos respecto a la importancia de la cultura para el desarrollo,  reconociendo además  la importancia de la interrelación entre  lengua española y la portuguesa, (que pronto se encuadró en un marco evaporizado de intenciones)- se reiteraron como relleno en las agendas continentales de los Presidentes y Ministros de Educación, las reuniones cumbre de Guadalajara en 1991; Madrid, 1992; Bahía, 1993: Cartagena de Indias, 1994; Bariloche, 1995; Santiago y Viña del Mar, 1996; Caracas, 1997 y, para no seguir citando lugares,  donde se apoyaron “sacras intenciones integracionistas”, en la reciente Cumbre de Guadalajara. 

A su vez, para no estar excluidos en la historia de los “olvidos iberoamericanos, en 1995, el Consejo Mercado Común (MERCOSUR) adoptó la decisión de crear la Reunión de Ministros de Cultura del área, que busca y busca y sigue buscando, las mejores estrategias para una integración auténtica de estos pueblos iberoamericanos, marginados  -cada instante más-  en el concierto internacional. 

Del 2 al 4 de febrero de 1996, los representantes oficiales de los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, suscribieron un proyecto de “Protocolo de Intercambio Cultural” que incluye apartados temáticos sobre programas y proyectos regionales, patrimonio cultural, intercambio y capacitación de recursos humanos, telemática, investigación de temas históricos y culturales comunes, y legislación especializada. 

SIN DIALOGO INTERCULTURAL NO HAY DESARROLLO INTEGRAL
Todo sigue igual. los resultados del nivel educativo en Uruguay –particularmente; y en el continente, lo señalan claramente el “rencking” logrado en los programas televisivos. se está asistiendo a un proceso indecoroso de cambio en el lenguaje del castellano heredado a un "chabaquismo" rioplatense,( más argentino que uruguayo) que nos separa y diferencia cada día más a esa patria grande que fue el sueño de los libertadores y hoy es el espacio de conquista de los grandes grupos económicos internacionales. 

A esta situación, se suma la falta de diálogo sincero, sin vergüenzas, entre intelectuales y políticos , al menos respecto a una visión de desarrollo sostenible y progresivo. Hay que tener muy en cuenta que la diversidad de caminos y, también de metas, aparece como el gran tema del siglo XXI. 

Lo que aparece así obrando en la modernidad presente, es un paso a los extremos: del desencantamiento y pesimismo radical, del encantamiento y optimismo absoluto. Las desilusiones generan la desaparición de las esperanzas: las de la realización de un progreso continuo, de la conducción de un cambio radical globalmente positivo. 

No se puede vivir pensando , melancólicamente, “esperemos el mañana, que todo será posible”. Actualmente –como en la era del Renacimiento-  no pueden existir criterios de lo imposible. La fe en la razón  -sabia e instrumental-  ha dejado de conocer la incertidumbre. 

Bibliografía:
Harvey, E.: El diálogo intercultural, base del desarrollo continental

Fernando Vicario: La cooperación cultural, una asignatura pendiente de evaluación

Síntesis: De la dimensión cultural del desarrollo a la cooperación cultura

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