|
Cultura para el desarrollo
Dificultad conceptual, operativa y, en la práctica, de formulación de políticas concretas. Para los candidatos a todo nivel, parece ser que la CULTURA -en términos generales- no es un objetivo de inversión modernizadora, lo que la descarta a priori en el horizonte del desarrollo. Según los silencios que los actuales candidatos hacen del tema CULTURA, las inversiones en nuevos planes y mayores inversiones, (nivel de los docentes, sueldos, gastos en infraestructura, materiales didácticos, edificios seguros, etc.) les resulta un tema con económicamente improductivo, tienen la esperanza que no crea que la inversión sería ruinosa. Ruinosa resulta, cuando no se la considera como la base fundamental para el desarrollo, Ahí está el caso sucedido en la Universidad de la Plata, con el lamentable porcentaje de calificación en un 5% al test que los docentes plantearon a un alto número de cursantes en la Facultad de Abogacía; y quien tiene algo de memoria, recordará los lamentables resultados en las respuestas dadas por quienes participaban en aquellos programas que en Uruguay algunos canales de TV presentaban. En Argentina, sucedía con el ahora “ciudadano” Silvio Soldán.
REFLEXIONAR EL CAMBIO Esa diferencia la ha marcado Alvin Toffler, en el intervieu realizado, con relación a diferencia existente -en el campo CULTURA-DESARROLLO, entre Estados Unidos y Europa. Como consecuencia, las políticas culturales públicas (de la que carece Uruguay) se encuentran disociadas en dos horizontes de objetivos: a) la cultura como retorno del bienestar por un lado, y b) la cultura como factor de incorporación a un mayor desarrollo por otro. La crisis de evolución se expresa en la ausencia de metodologías capaces de compatibiliza ambos horizontes, de superar el apego a la estricta dependencia del crecimiento económico (Pedro Vives,1993) El cambio radica en considerar que las políticas culturales, más que la simple cultura en abstracción, son las llamadas a incorporar objetivos de desarrollo. Los cursos de “post-grado” a donde pueden concurrir solamente jóvenes de cierta clase económica social -o bien por las escasas becas que en Uruguay se reciben- se realizan en centros culturales del exterior desarrollado y ofrecen a las sociedades del denominado “tercer mundo”, abiertas posibilidades de acceso a un mayor y actualizado conocimiento, salvando vacíos de los sistemas educativos causados por carencia de recursos. Pero, es oportuno aclarar y determinar que la falta de recursos, en países como el nuestro, se debe a la marginación en que se ha colocado a la CULTURA en la agenda “programática” de los planes nacionales, cuando ella en sí debería ser considerada como una acción a ser realizada por el Estado, no importa quien ocupe el poder, Las políticas culturales en Iberoamérica precisan aun una reflexión estratégica.
EL
COMPROMISO DE ACAPULCO EN PLENO OLVIDO Un año después, se reunieron en México del 27 al 29 de julio de 1988, los Ministros de Educación del “Grupo de los Ocho” con el fin de dar seguimiento al “Compromiso de Acapulco”. En esa oportunidad encararon varios aspectos de la integración en los campos de la educación y la cultura, entre ellos los referidos a: 1)industrias culturales; 2) indicadores culturales; 3) banco de datos culturales; 4) protección y restauración del patrimonio cultural; 5) formación de administradores culturales; 6) cultura popular; 7) actividad editorial.
“LA DECLARACIÓN DE
URUGUAY”, EN PLENO OLVIDO Tal buena intención de los Estados Iberoamericanos respecto a la importancia de la cultura para el desarrollo, reconociendo además la importancia de la interrelación entre lengua española y la portuguesa, (que pronto se encuadró en un marco evaporizado de intenciones)- se reiteraron como relleno en las agendas continentales de los Presidentes y Ministros de Educación, las reuniones cumbre de Guadalajara en 1991; Madrid, 1992; Bahía, 1993: Cartagena de Indias, 1994; Bariloche, 1995; Santiago y Viña del Mar, 1996; Caracas, 1997 y, para no seguir citando lugares, donde se apoyaron “sacras intenciones integracionistas”, en la reciente Cumbre de Guadalajara. A su vez, para no estar excluidos en la historia de los “olvidos iberoamericanos, en 1995, el Consejo Mercado Común (MERCOSUR) adoptó la decisión de crear la Reunión de Ministros de Cultura del área, que busca y busca y sigue buscando, las mejores estrategias para una integración auténtica de estos pueblos iberoamericanos, marginados -cada instante más- en el concierto internacional. Del 2 al 4 de febrero de 1996, los representantes oficiales de los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, suscribieron un proyecto de “Protocolo de Intercambio Cultural” que incluye apartados temáticos sobre programas y proyectos regionales, patrimonio cultural, intercambio y capacitación de recursos humanos, telemática, investigación de temas históricos y culturales comunes, y legislación especializada.
SIN DIALOGO
INTERCULTURAL NO HAY DESARROLLO INTEGRAL A esta situación, se suma la falta de diálogo sincero, sin vergüenzas, entre intelectuales y políticos , al menos respecto a una visión de desarrollo sostenible y progresivo. Hay que tener muy en cuenta que la diversidad de caminos y, también de metas, aparece como el gran tema del siglo XXI. Lo que aparece así obrando en la modernidad presente, es un paso a los extremos: del desencantamiento y pesimismo radical, del encantamiento y optimismo absoluto. Las desilusiones generan la desaparición de las esperanzas: las de la realización de un progreso continuo, de la conducción de un cambio radical globalmente positivo. No se puede vivir pensando , melancólicamente, “esperemos el mañana, que todo será posible”. Actualmente –como en la era del Renacimiento- no pueden existir criterios de lo imposible. La fe en la razón -sabia e instrumental- ha dejado de conocer la incertidumbre.
Bibliografía: Fernando Vicario: La cooperación cultural, una asignatura pendiente de evaluación Síntesis: De la dimensión cultural del desarrollo a la cooperación cultura LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |