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María Teresa Ocaña : “Picasso es autor de dos de las imágenes emblemáticas de
la cultura del siglo XX sobre la guerra y la paz”

María Teresa Ocaña : “Picasso es autor de
dos de las imágenes emblemáticas de la
cultura del siglo XX sobre la guerra y la paz”

Hasta el próximo 26 de septiembre se puede visitar en el Museo Picasso de Barcelona la exposición «Picasso, guerra y paz». La muestra, comisariada por María Teresa Ocaña, presenta trescientas setenta piezas que muestran la reflexión constante de Picasso sobre la guerra y la paz a lo largo de todo el siglo XX. 

La exposición también incluye el audiovisual Incontrare Picasso (1954), de Luciano Emmer, cineasta y amigo personal del artista, que trata sobre la creación de la capilla laica de la Guerra y la Paz en Vallauris (Francia).

Maria Teresa Ocaña, directora del Museo Picasso de Barcelona y comisaria de la exposición, ha explicado que ”Picasso, guerra y paz” es una muestra pensada para el Fórum y ha recordado que Picasso es autor de dos de las imágenes emblemáticas de la cultura del siglo XX sobre la guerra y la paz: el Guernica y la paloma de la paz.

Ocaña ha destacado el papel de Picasso como testimonio excepcional del siglo XX. Sus obras y su paleta cromática reflejan el dilatado período histórico que vivió, de la desesperación a la esperanza, del gris al azul, de la Europa continental a la Europa Mediterránea. La exposición muestra, según su comisaría, el posicionamiento permanente de Picasso en favor de la paz y las libertades.

El regidor de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Ferran Mascarell, y el director del programa del Fórum Ciudad, Jordi Carbonell, también han destacado el papel de Picasso como defensor de la libertad. Según Mascarell, “Picasso fue un constructor de la cultura de la paz. Fue un artista comprometido, un reivindicador de la paz. Ahora, Barcelona, el Museo Picasso y el Fòrum quieren contribuir a esta reflexión. Esta será, sin duda, una de les grandes exposiciones que se podrá contemplar en la ciudad”  

La exposición «Picasso, guerra y paz» recoge aquellos momentos, entre finales de los años treinta y principios de los sesenta, en los que Pablo Ruiz Picasso se hace eco en su obra de su horror por los estragos que causan las guerras, que se pone de manifiesto especialmente a partir de los años de la Guerra Civil española, con el encargo que le hace el gobierno de la República de la realización de la pintura Guernica, para el Pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, y en todas las obras que giran en torno a ella, que se han erigido en emblema del sufrimiento humano. 

A partir de Guernica se pone de manifiesto en sus obras una nueva simbología en la representación humana, concretamente en la caracterización de Marie-Thérèse Walter y de Dora Maar, protagonistas en la vida y en la obra del artista durante estos años, que asumen identidades contrapuestas y muy vinculadas a las posiciones de Picasso frente a la guerra y la paz. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1943 y 1944, Picasso pinta una serie de naturalezas muertas en las que, a través de la presencia de cráneos, exorciza la tristeza y pesimismo de estos años de guerra, marcados por la muerte de amigos y allegados y por la aparición de un mundo cruel y violento, en el que las premisas que conocía y comprendía se están desmoronando.

En este periodo, Picasso también realiza la escultura L’homme au mouton “El hombre del cordero”, de 1943, encarnación del Buen Pastor cristiano y reminiscencia de la tradición mediterránea, así como una cincuentena de dibujos sobre este tema, que supone una larga reflexión en torno al poder del arte frente al terror que nos remite por su humanismo al contexto de la guerra, en la que el cordero encarna a la víctima y el pastor se erige en paladín de la paz y de la tolerancia. 

Finalizada la guerra, en el verano de 1946, se instala con Françoise Gilot en Antibes e inicia una serie de bodegones en los que los protagonistas de la fauna mediterránea alumbran una felicidad y un sosiego nuevos que dotan a estas obras de un elemento mágico.

Faunos, centauros, ninfas y sátiros aparecen en las obras de este periodo. El fotógrafo Michel Sima le regala una lechuza, símbolo de Antibes y de la diosa Palas Atenea, que el artista incorpora a varios bodegones, en los que aparece posada encima de una silla, y que será uno de los elementos que aunará, como lo hace la diosa Palas Atenea, la sabiduría y la victoria de la paz sobre la guerra. Su adhesión al partido comunista francés en octubre de 1944 marca una intensa actividad en favor de una decidida defensa en pro de la libertad y de la paz, que queda plasmada en su obra de este momento y que adquiere una dimensión definitiva con su participación en los Congresos de la Paz de Wroclaw (1948), París (1949) y Londres (1950), en los que sus dibujos y litografías de palomas se convierten en emblema de la paz mundial.

Además de su participación ya mencionada en los Congresos de la Paz, Picasso emprende en 1945 la realización de los grandes paneles titulados La Guerra y La Paz, que en 1954 serían instalados en la capilla del castillo de Vallauris y que tienen un extenso trabajo preparatorio.

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