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El cine y las elecciones
presidenciales de EEUU
por Oribe Irigoyen
EL VOTO HISPANO Y LA "BUSH
PRODUCTIONS"
Que el presidente hable español es importante, pero más importante
todavía es que hable hispano, concluyó ante la prensa Sharon Castillo,
vocera del presidente George Bush en su campaña de reelección en las
presidenciales de noviembre en Estados Unidos ( "El País" de Montevideo,
24/6/2004 ).
Parece un chascarrillo o un juego de palabras, pero no. La propia Sharon
Castillo se encargó de aclarar el concepto: "hablar hispano" significa
tratar los temas importantes para los hispanos, como la pequeña empresa
o el plan para la vivienda.
No ha trascendido si su adversario demócrata John Kerry "habla hispano"
o sabe el "hola, mouchachous!", pero se asegura que ambos, con "ous" o
sin ellas, apuestan con enormes sumas y libran una reñida batalla por
ganar el voto hispano en estados claves - Florida, Nuevo México, Arizona
y Nevada -.
Es que la mayor minoría, con una participación récord de 7.000.000 de
votantes en los próximos comicios, un millón más que en el año 2000,
tendrá un papel determinante en noviembre de 2004. Así lo asegura el
reciente barullo de los mass media estadounidenses.
EL VOTO HISPANO
Bush lleva ventaja sobre Kerry en ese tema hispano parlante. Creció en
el Texas del que fuera gobernador rodeado de la comunidad hispana, su
médico y su abogado son latinos - pintorescos datos "a la americana"
difundidos en su campaña electoral -, puede considerarse de la familia
hispana a diferencia del norteño John Kerry, afirman sus voceros con
fuerte tufo a Guerra de Secesión.
Pero más importantes que esos tuteos familiares son los datos de que, en
virtud del voto hispano de Florida y de los buenos oficios no muy santos
de su hermano gobernador de ese estado, Bush llegó a la presidencia con
una ventaja estatal de 537 votos m s o menos escandalosa, y que en el
estado de Nuevo México perdió por muy poco: 368 votos. (*)
Súmese la circunstancia de que en el año 2000 consiguió el 38 % de los
votos hispanos. Y el no menos importante dato de que esa comunidad
electora, tradicionalmente votante demócrata, ha ido virando su
preferencia según Sharon Castillo. La vocera republicana recordó que los
resultados de las elecciones del 2000 y las de medio mandato del 2002
demostraron que cada día el Partido Republicano va ganando más votos en
la comunidad hispana y los demócratas van perdiendo. Entonces, es
posible que Bush resulte reelecto y que EEUU y el mundo padezcan por 4
años más la montaña rusa política del vaquero texano.
LA "BUSH PRODUCTIONS"
Identificando a Sadham Hussein con el terrorismo, George Bush emprendió
la guerra contra Irak por la suya, dejando de lado a la ONU y
arrastrando a
otros países en la aventura. Pensando en su reelección publicitó la
victoria en términos que el senador demócrata Robert Byrd calificara
como típica de una producción de Hollywood para mejorar su imagen. El "New
York Times" siguió los pasos del senador, calificó de "Bush Productions"
a dicha operación presidencial y reveló que su concreción contaba con
grandes especialistas: Karl Rover para los guiones, supervisado por Dan
Bartlett, director de Comunicaciones de la Casa Blanca; Scott Sforza,
ex-productor de la cadena ABC, estaba a cargo de los escenarios y
mensajes subliminales; el prestigioso cámara Bob DeServi fue cedido por
la cadena NBC y el veterano Greg Jenkins de Fox News era el encargado de
hacer los preparativos previos con un pequeño equipo: preparar los
escenarios, reclutar actores y extras, elegir ángulos de cámara, ensayar
con Bush horas antes y ver cómo aparecia en la imagen.
Las instancias de maquillaje a lo Hollywood fueron diversas, pero la más
famosa y que provocó el enfado público del senador Byrd fue el aparatoso
descenso de Bush en helicóptero sobre la cubierta del "Abraham Lincolm"
con la pancarta "Misión cumplida" a sus espaldas. Una secuencia fílmica
rodada a 50 quilómetros de la costa estadounidense por el precio de un
millón de dólares.
Todo muy glamoroso, pero el frente publicitario de Irak traía cada vez
peores novedades.
EL FACTOR INTERNO
Los especialistas más curtidos sobre política de EEUU aseguran que, por
tradición y en forma reiterada de más del 80% de los casos, en las
elecciones o el apoyo a la gestión de un presidente, a los efectos de la
opinión pública y votante de ese país, lo que cuenta es el factor
interno. Existe un ejemplo clamoroso con el caso del presidente Nixon.
Cuando en el plano internacional llega al máximo de éxito de su gestión
con el tratado de paz y de reducción de armas nucleares y misiles con la
URSS, el escándalo de Watergate provoca su renuncia.
El concepto y el ejemplo vienen a cuento. Esos signos de buenaventuranza
hispana hacia George Bush surgen en momentos en que su imagen fuerte
internacional se hace añicos, ante los ojos estadounidenses.
El empantanamiento de la paz en Irak, el incendio creciente de atentados
iraquíes contra el ocupante y sus aliados, los soldados norteamericanos
muertos y heridos, la armas de destrucción masiva de Hussein buscadas
con lupa que no aparecen y la denuncia de las vejaciones, humillaciones
y torturas inferidas por el ejército estadounidense a sus prisioneros,
delatan una situación demasiado parecida a la guerra de Vietnam para la
gran potencia del norte. Han deteriorado al máximo aquella radiante
imagen de triunfador sobre el Mal, absoluto y con mayúscula, que George
Bush tenía en el exterior. Y Bin Laden tan campante en los andurriales
del planeta.
No se sabe si esas dos imágenes de George Bush, al igual que en el dios
latino Jano, pueden coexistir sin llegar a mayores conflictos de
ruptura. Si la imagen Sharon Castillo y su hispanidad se impone y Bush
gana las elecciones, se supone que publicitada por el mismo equipo
"cineasta" encabezado por Karl Rove. O si predomina el glamour derretido
del vaquero victorioso en Irak, con el mismo equipo recolector de votos.
Y pierde. Noviembre lo dirá .
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(*) - Las elecciones
presidenciales de Estados Unidos no son directas. El resultado
de las urnas en cada estado determina la distribución de un
número de representantes o electores, fijo para cada estado,
según los votos de cada partido. Esos representantes o electores
eligen el presidente en segunda instancia.
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