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¿Y ahora? La segunda etapa electoral
Individuo y comunidad socio-política
por el prof. Bernardo Quagliotti de Bellis

Con relación a las recientes convocatorias que los partidos políticos uruguayos realizaron para elegir internamente en cada uno de ellos el candidato a la puja presidencial del próximo mes de octubre, la mayoría creyó que resultaba una novedad desafiante decir que vivimos una época de transformaciones; que el Uruguay debe encarar serias transformaciones y muchos de esos candidatos , introdujeron en sus discursos frases mágicas a favor del cambio, que indudablemente el país requiere si desea continuar con vida histórica. Hablaron de cambios sin explicar claramente las estrategias a seguir. Todo, una sumatoria de palabras. Unos más, otros menos. 

Luego del acto electoral, muchos dirigentes se asombraron por la baja concurrencia ciudadana a las urnas, en tanto la hermosa rambla iluminada por un sol invernal-primaveral, se colmaba con ciudadanos que, indiferentes a la puja política,  por considerarla, quizás, una mera repetición de promesas incumplidas,  aprovechaban un día de paz y descanso. 

¿Al fin y al cabo, el actual  Presidente de la República no hizo   lo mismo, totalmente indiferente a la convocatoria,  no molestándose a colocar un sobre CON LISTA SECRETA  (colorada, se supone) de   cualquier candidato de su sector,,o en blanco si quisiera? Ni María Castaña lo iba a saber.. En cambio,  su presencia afirmaba una actitud democrática   -máxime-   cuanto  el Sr. Batlle pregonó   años,  respecto a la necesidad de realizar elecciones internas,  pues consideraba que ello significaba  un acto político saludable para las internas de  los partidos políticos  y sus simpatizantes. 

Una epoca de transformaciones
El acto del domingo 27 de junio       me dejó la impresión que  no hay   -como antes-    clases orientadas  , aunque en algunos sectores sí,  y en otras    estratificadas e impermeables; que actúan por mero entusiasmo, sin tener programas serios y bien fundamentados, invariables por otra parte.  Sin lugar a dudas todos los componentes de la sociedad, en cualquier país del planeta ,  han advenido al mundo de las   exigencias a un  cambio de situaciones, aunque hasta ahora solo aumenta   una triste y  profunda desorientación en la materia. 

Evidentemente que todo ello ha convulsionado al ser humano y junto con el mundo de la tecnología y la posibilidad potencial que la globalización otorga a algunos pequeños grupos a acceder a las riquezas que van en aumento , una multitud cada día más pobre desborda  las fronteras nacionales, causando    una tumultuosa transformación. Esto se comprueba en toda Iberoamérica, en Estados Unidos,  en Europa,  que aún  no logra unificarse políticamente,    Pronto Asia conformará otro escenario. No  cito a  Africa. pues la mayoría de sus países no integran culturalmente  el sistema  democrático, salvo su Cono Sur. 

Hace 44 años, en un simposio realizado en la ciudad de El Salvador, tuve la oportunidad de leer un libro del Profesor mexicano Dr. Marcelo F.Planiol, donde en su capítulo “Individuo y comunidad”, expresa: “En esta época decisiva de nuestra historia, se desplaza el poder político, cambia la dirección del poder legislativo; los gobernados llegan a ser gobernantes o legisladores Comienzan los cambios;   cuidemos con sus perfiles”. 

Considero que  la mayor inquietud   a esta altura de los tiempos, es que, después de tantas experiencias vividas en procura de darle una  buena y positiva  orientación  a favor de un    cambio histórico,  los pueblos no han encontrado  aún el camino que los conduzca a una nueva etapa que comprenda y otorgue una gama de soluciones  a los problemas que padecen. 

Estamos en los inicios de este siglo XXI y carecemos de fórmulas aceptables y consensuadas (las recientes campañas en Uruguay lo demuestran) pues no se profundizaron y definieron  serias y confiables fórmulas o estrategias de  contenido social y político. No se ha anunciado en profundidad  la necesaria   trasmutación de valores obsoletos y distanciados de la realidad mundial actual ; no se ofrecen  expectativas que ayuden a  variar la situación que la sociedad uruguaya está viviendo. Esta confusa situación, obliga al sector políticos a reflexionar nuevas propuestas con urgencia, considerando nuevos principios   como verdades inmanentes,  que deben ser  pilares,  sostén, para la construcción del nuevo orden nacional y mundial   que es necesario y urgente realizar. 

Nuevas estructuras sociales para los tiempos nuevos
Esta necesidad de formar nuevas estructuras sociales para los tiempos nuevos, exige seriedad y responsabilidad, pues es muy  importante discernir u orientar una nueva etapa histórica, que elimine la     improvisación que, tan solo sirve para  malgastar tiempo y apoyada por el decir demagógico conduce a  equivocar   los caminos. El hombre aspira a la libertad, pero para que ésta no sea perturbadora, la comunidad impone la justicia. En ese equilibrio, entre la comunidad que busca la justicia y el individuo que aspira la libertad, está el ordenamiento que un pueblo necesita para conformar una vida comunitaria normal. El Uruguay lo necesita más que nunca. 

El político, no debe olvidar  que él es el principal protagonista y responsable de la orientación y seguridad de su comunidad. El ciudadano es el gran actor  y a él    debe dirigirse  la preocupación de la clase política dirigente, con el fin de que con imaginación, buen ejemplo, trascendentes  proyectos y equilibradas conductas , haga de la comunidad una armonía que viva dignamente. 

En esta etapa vivida el pasado 27 de junio y la próxima del último domingo de octubre,  en Uruguay está en juego no sólo un problema de política económica, sino algo  estructural  en lo social : educación, pobreza, trabajo, que en su conjunto  afecta el mundo de los valores.

Nuevas utopías  deben eliminar el desaliento que al mundo de hoy lo acosa:  la desesperanza, el “estrés” (tan de moda); donde pareciera que en el tiempo y en el espacio ya no existen remansos de paz hoy (que le diga Bush & Co. ) Todo es lucha cruenta entre los hombres. Todo se condensa en la impresión real de una  grave crisis, por no decir una decadencia y bancarrota. Se vive un presente  que carece de porvenir

En Uruguay la escala de valores que nos servía de cartabón, se ha venido derrumbando desde hace un tiempo. Así lo señalan, diariamente, los informativos radiales y televisivos. Se encuentran ejemplos en las pantallas de cines y TV.  (¡Pobre generaciones futuras!) 

Es de esperar que en estos dos meses -a octubre- las plataformas de los partidos políticos uruguayos  no improvisen; que formulen sus principios basados en una  seria reflexión. Las nuevas pautas tan reclamadas desde hace décadas por el pueblo uruguayo, deben  imponerse como en la leyenda del pájaro azul, en nuestra interioridad. No podemos repetir lo falso ni manejarnos en base a  tanteos..

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