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Encuestas, análisis y el yo no
le erré en nada el 27 de junio
por
Carlos Zapiola
El título refiere al caos
producido por las diferentes lecturas que se dan a lo ocurrido el 27 de
junio.
En primer lugar digamos que no hubo empresa encuestadora que no marcara
que el partido más votado era el EP-FA-NM, el segundo el Partido
Nacional y el tercero el Colorado.
Bien. En segundo lugar se habla del porcentaje de concurrentes a votar.
Se manejó que iba a ir el 62, 56, 54, 50. Jamás se dudó que se estaba
hablando del total de los habilitados, y que todas las encuestas se
basaban en los porcentajes sobre los 2.471.000 ciudadanos que estaban en
condiciones de votar.
Solamente nosotros sostuvimos y, lo hicimos desde nuestra encuesta de
abril, que la votación era más baja que la de abril 99, y que votaría,
como ocurrió el 45 % de los habilitados.
Los grandes popes de los análisis, los que poseen cámara y micrófonos
dispuestos a escuchar lo que dicen, ahora manejan que evidentemente votó
el 50 % de los uruguayos que viven en el país, y por ello acertaron la
cantidad de gente que votaría. Esto no nos afecta más que en la idea que
manejamos siempre: no hacemos pronósticos sino estado de situación al
día de la encuesta, y no decimos gre gre.... Esto lleva a los que hacen
pronóstico a tratar de acomodar el cuerpo para no quedar “tan mal” en
este momento. Y al que no lo hace a leer como tiene ganas.
Los analistas, politólogos y opinólogos con salida en medios, olvidan
otra vez que esta elección no es de voto obligatorio, y que 45 % no es
mucho ni poco: es 45 % del electorado, no otra cosa. No hay que comparar
esto con la elección de EE.UU. donde para Presidente, de manera
voluntaria vota un porcentaje aproximado, o la bajísima votación que
hubo en muchos países europeos para el Parlamento, que llegó a no pasar
el 20 %.
Comparemos lo comparable y dejemos de lado lo que nada tiene que ver con
Uruguay y su historia electoral.
Otro de los factores que ha contribuido al caos analítico en estos días
es que “las encuestas se equivocaron, porque nadie marcó el porcentaje
de votos que obtendría ni el Partido Nacional ni el EP-FA”. Allí no
importa si alguien adelantó la tendencia de quienes serían los dos
ganadores en las primarias de los partidos tradicionales, aunque
marcaran idénticos o diferentes valores a los obtenidos por estos.
Tampoco si alguien indicó el orden de los grandes grupos del EP en su
votación o la cantidad aproximada de votos que lograrían. Esto es de
difícil lectura para un lego, y de los aciertos de los colegas
competidores es preferible no hablar. Nadie dice que uno solo dijo
–nosotros- que Canelones lo ganaba el EP y votaba igual que el promedio
nacional de habilitados. Nunca lo van a decir.
Se ha hecho un gran juego de presentación de acierto de resultado de la
única boca de urna de junio –no se hizo el mismo cuando la única fue la
nuestra en diciembre con el Referéndum, pero los valores políticamente
significaban en principio otra cosa-, y de la Proyección de Resultado
posterior que no marcó ajustadamente el resultado verdadero, pero como
no cambió el orden de los partidos, salvo un especialista, nadie se da
cuenta lo que decía el analista que trabajó en Canal 4 el 27 de junio,
en El Observador el 30/11/2003: “En general la sociedad, los actores y
el periodismo cuando hablan de “boca de urna” confunden dos cosas. Las
encuestas de boca de urna propiamente dicha o encuestas post-voto en
general, que son entrevistas a votantes a la salida del local de
votación o en otro lugar luego de haber votado (su casa, por ejemplo);
estas técnicas son indicativas, manifiestan una tendencia y pierden
utilidad cuando los resultados son reñidos. La otra cosa son los
escrutinios proyectados, es decir, la presentación de un resultado final
de las elecciones a través de la proyección del resultado de un conjunto
de circuitos. Esta técnica es de una precisión asombrosa y es la
utilizada en la difusión de los resultados.
La confusión ha llevado a algunos desaciertos de actores enojados con
los resultados”. Sostenía el martes 22 En “En Perspectiva” que el margen
de error era de 1 % cuando mucho. Y fue mucho mayor que eso, y si se
hubiese dado en un marco de elecciones nacionales con Vázquez entre 49 a
51 según manejara podría ser el caos total y n serio problema de
credibilidad hasta para la propia elección.
Otra confusión ha sido que ahora muchos analistas adjudican “la
victoria” al Partido Nacional, y se olvidan que si bien llegó al segundo
lugar y a un porcentaje cercano al que obtuvo la Nueva Mayoría, lo hizo
con lucha interna muy fuerte, que de aquí en más el haber completado la
fórmula con el ex Canciller de Lacalle y ex Ministro de Industria de
este gobierno de Batlle hasta octubre de 2002, le va a complicar la
vida. Pero la vida se la complicaba llevara a Abreu, Ana Lía o Heber.
Porque siempre parte del Partido iba a sentir que no era la mejor
formula.
El tema para el Partido Nacional pasa ahora y esta es otra de las partes
del caos, por su campaña electoral con respecto a octubre. Le será –lo
hice a propósito además-, recordado todo ese pasado ligado al gobierno.
Debe buscar el voto frontera con el EP-FA, del no definido, del que fue
blanco y se había ido.
Pero eso le será tironeado por el lacallismo. El que no quiere el cambio
que pretende Larrañaga, y si logra que haya un acuerdo entre ambos
sectores –el diálogo entre Larrañaga y Lacalle está cortado y éste
nombró un triunvirato para negociar-, virará el partido hacia la
derecha, cerrando las posibilidades de pasaje de gente que busca
renovación y cambio, dejándole todo el espacio del mismo a los
frentistas. ¿Achicando las posibilidades de victoria en el balotaje?.
Si se escucharán horrores que hay quienes sostienen que Larrañaga puede
ganar en primera vuelta.
El discurso anti frentista hablará de la tupamarización del EP, pero
diciembre indicó que Sanguinetti no pudiera ser candidato y junto con
Lacalle sean las dos figuras más rechazadas por la opinión pública para
votarles. Consecuencia: se armó un bloque anti Lacalle en el Partido y
terminó venciéndole.
El nuevo escenario que anticipábamos nacía con la consolidación de las
fórmulas presidenciales ya fue parido. El Partido Colorado tomó
conciencia de su derrota en octubre y apostó a una figura junto a
Stirling que quizás a nadie importe “quemar”, y que si como hombre de
Interior y mayoría dentro del único departamento donde logró no ser la
tercera fuerza, es capaz de lograr apoyos que es difícil vislumbrar
alcance. Salvo, y nada menos, que el discurso de Larrañaga se vaya al
centro y a la izquierda, y pierda, aunque queden en el “bloque
tradicional”, los votos que el coloradismo –o lo rosado que es lo que
parece que ya está tomando forma electoral- recupere, sean o no votantes
del 27 de junio.
Vientos de cambio soplan en el país. Sea quien sea el próximo Presidente
deberá pactar con rivales de hoy. Conste que esto lo escribimos en La
ONDA del 16 de diciembre de 2003. Larrañaga, jugando un discurso neo
wilsonista, no puede caer en el error de Ferreira Aldunate de 1971,
cuando votó en el lema tradicional en el que fue mayoría, dividió los
votantes por el cambio y consiguió que el triunfador fuese el
continuismo.
El EP-FA-NM no puede dormirse en los laureles de diciembre, que nadie
sabe si son todos suyos o no, como quedó demostrado que son cosas que no
se pueden comparar el referéndum y las primarias, no puede quedarse en
las lamentaciones del 28 de junio por lo que dejó de hacerse y por
ponerse una meta que no necesitaba alcanzar y menos aún cambiar de
discurso a mitad de camino porque alguien diga que esto se debe a que
Arana y ADEON, y la baja militancia y el BID, y no llegó a 8.000 votos.
Esta historia recién comienza y va a marcar su final en octubre o
noviembre, con mayorías parlamentarias por el cambio y un Presidente
obligado a entenderlo o a complicarse la vida cinco años.
Y no le voy a pronosticar cuando termina y con quien de Presidente.
LA
ONDA®
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