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"Pelota
vasca", un documental polémico
Su estreno presente en Montevideo en sala Cinemateca 18, integrando el ciclo "Viva la diferencia", donde se exhibe hasta el miércoles 28, provoca una peculiar reflexión luego de vistas sus imágenes. Una reflexión impregnada de ironía y paradoja acerca de propuestas, intenciones y resultados de quien - el artista Julio Medem - realiza una obra que intenta profundizar en la historia y la realidad complejas del País Vasco y su afán de independencia, incluyendo su arista más violenta, el proceso terrorista de la ETA. Y obtiene como respuesta la diatriba y no el reconocimiento a su afán profundizador del ser vasco y su anhelo de independencia. Es verdad, y no puede ser de otra manera, que el tema del País Vasco, y en particular el de la ETA, resultan muy urticantes para la sociedad española. En parte y por un lado, aparece la mala conciencia del Estado español con su historia de discriminación e injusticia hacia una región, una minoría y una cultura. Una mala conciencia que puede comprender de algún modo al conjunto de los españoles. Por el otro lado, el tema está distorsionado por la acción terrorista y su creciente horror demencial. La distancia oceánica entre España y Uruguay, y en buena medida, el alejamiento pasional en relación con las aristas más polémicas del caso vasco, permiten quizá a un espectador uruguayo una visión más fría de las imágenes y su contenido. Incitarlo a esta reflexión signada por aquellas ironía y paradoja.
UN CINEASTA VASCO Y SU POETICA Esa preocupación temática y estilística, que comprende un elevado arraigo en el paisaje, usos y costumbres de una región y su gente para la metáfora libre, audaz y expresiva, se vuelca con sus constantes personales en este documental La pelota vasca, la piel contra la piedra ( 2003 ).
ACERCAMIENTO CANDENTE Es por esa búsqueda hacia las raíces profundas de su contenido fílmico, que Medem combina secuencias metafóricas - el paisaje, usos y costumbres ancestrales, deportes de elevada reciedumbre, pelota vasca, remo, etc - junto con el material sustancial que integra el documental: los testimonios. Esos testimonios superan la cincuentena y comprenden a numerosas personalidades vascas y españolas: políticos, entre ellos Felipe González, historiadores, académicos, intelectuales, víctimas y familiares de víctimas de ETA, esposas de etarras detenidos, analistas y gente del común, jóvenes y viejos, etc. Imágenes metafóricas, costumbres ancestrales, paisaje y testimonios a favor y en contra de ETA. Entre las opiniones a favor o neutras en el sentido de explicar o justificar el proceso degradante del terrorismo, aparece algún dirigente político vasco. Todo ese conjunto de entrevistas plantean un enorme debate, una suerte de polifonía opinante que supera la dimensión meramente informativa, evita lo didáctico y desde luego, la propaganda. Hay un juego dialéctico en la forma por la cual Medem juega con las frases de uno u otro entrevistado hasta completar un concepto o confrontarlo. Ese manejo de las imágenes, carentes de maniqueismo y por el contrario provistas de un elevado poder de persuasión y de elocuencia visual, alcanzan un convincente perfil para definir la identidad vasca, su historia y cultura, procuran demostrar la legitimidad de las ansias de independencia y a la vez, analizar el proceso del terrorismo. En su conjunto, el documental opera como un profundo acercamiento a la densidad de un tema que divide a los españoles. Y en su complejidad de múltiples puntos vistas contrapuestos o concordantes, también implica un apasionado llamado al diálogo, más allá de las pasiones ajenas a este que pudiera despertar y en definitiva, despertó.
ALGO SUCEDE CAMINO DE EUSKARI Lo peor es que el debate suscitado por ellas llega a un punto muerto, petrifica en una equidistancia estéril su ulterior desarrollo fuera del film, termina por no conformar ni convencer a partidarios y detractores de ETA y por deslizamiento involucra de igual modo en esa quietud al pueblo vasco y sus aspiraciones. Con lo que termina por recoger el descontento general. Esta visión montevideana, por cierto, no diluye la ironía y la paradoja no pasionales que suscita La pelota vasca. Lo que no deja de ser irónico y paradójico. Es un decir. LA ONDA® DIGITAL |
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