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"Pelota vasca", un documental polémico
Los peligros de la objetividad
por Oribe Irigoyen

Se titula La pelota vasca, la piel contra la piedra. Es un documental rodado por el cineasta vasco Julio Medem. Provocó una  esperada polémica en España en oportunidad de su estreno. Motivó largos y encendidos comentarios de los medios de prensa de ese país en su contra. Fue acusado de ser lo que no es: una apología del terrorismo de ETA.   

Su estreno presente en Montevideo en sala Cinemateca 18, integrando el ciclo "Viva la diferencia", donde se exhibe hasta el miércoles 28, provoca una peculiar reflexión luego de vistas sus imágenes. Una reflexión impregnada de ironía y paradoja acerca de propuestas, intenciones y resultados de quien - el artista Julio Medem - realiza una obra que intenta profundizar en la historia y la realidad complejas del País Vasco y su afán de independencia, incluyendo su arista más violenta, el proceso terrorista de la ETA. Y obtiene como respuesta la diatriba y no el reconocimiento a su afán profundizador del ser vasco y su anhelo de independencia.     

Es verdad, y no puede ser de otra manera, que el tema del País Vasco, y en particular el de la ETA, resultan muy urticantes para la sociedad española. En parte y por un lado, aparece la mala conciencia del Estado español con su historia de discriminación e injusticia hacia una región, una minoría y una cultura. Una mala conciencia que puede comprender de algún modo al conjunto de los españoles. Por el otro lado, el tema está  distorsionado por la acción terrorista y su creciente horror demencial.    

La distancia oceánica entre España y Uruguay, y en buena medida, el alejamiento pasional en relación con las aristas más polémicas del caso vasco, permiten quizá a un espectador uruguayo una visión más fría de las imágenes y su contenido. Incitarlo a esta reflexión signada por aquellas ironía y paradoja.    

UN CINEASTA VASCO Y SU POETICA
Lo primero es lo primero, es decir, hay que comenzar por Julio Medem. Su obra es una de las más personales, creativas y polémicas del cine español actual. Nacido en San Sebastián, realizador de películas de ficción como Vacas ( 1991 ), La ardilla roja ( 1992 ), Tierra ( 1994 ), Los amantes del círculo Polar ( 1998 ), Lucía y el sexo ( 2001 ), Julio Medem propone siempre una poética de fuerte raigambre en su tierra ( el País Vasco ), en el imaginario euskaro y sus mitologías, a través de un lenguaje muy personal y elocuente.    

Esa preocupación temática y estilística, que comprende un elevado arraigo en el paisaje, usos y costumbres de una región y su gente para la metáfora libre, audaz y expresiva, se vuelca con sus constantes personales en este documental La pelota vasca, la piel contra la piedra ( 2003 ).    

ACERCAMIENTO CANDENTE
El documental intenta un acercamiento a un tema candente que se centra en buena medida en el grupo terrorista ETA, pero que se abre hacia un contenido mucho más abierto y más complejo: involucra la historia y la cultura del pueblo vasco, y en particular intenta perfilar la identidad del ser vasco, en un paisaje que comprende España y Francia, su anhelo de independencia, sus conflictos para obtenerla, de los que ETA es su expresión más violenta.    

Es por esa búsqueda hacia las raíces profundas de su contenido fílmico, que Medem combina secuencias metafóricas - el paisaje, usos y costumbres ancestrales, deportes de elevada reciedumbre, pelota vasca, remo, etc - junto con el material sustancial que integra el documental: los testimonios.    

Esos testimonios superan la cincuentena y comprenden a numerosas personalidades vascas y españolas: políticos, entre ellos Felipe González, historiadores, académicos, intelectuales, víctimas y familiares de víctimas de ETA, esposas de etarras detenidos, analistas y gente del común, jóvenes y viejos, etc. Imágenes metafóricas, costumbres ancestrales, paisaje y testimonios a favor y en contra de ETA. Entre las opiniones a favor o neutras en el sentido de explicar o justificar el proceso degradante del terrorismo, aparece algún dirigente político vasco.    

Todo ese conjunto de entrevistas plantean un enorme debate, una suerte de polifonía opinante que supera la dimensión meramente informativa, evita lo didáctico y desde luego, la propaganda. Hay un juego dialéctico en la forma por la cual Medem juega con las frases de uno u otro entrevistado hasta completar un concepto o confrontarlo. Ese manejo de las imágenes, carentes de maniqueismo y por el contrario provistas de un elevado poder de persuasión y de elocuencia visual, alcanzan un convincente perfil para definir la identidad vasca, su historia y cultura, procuran demostrar la legitimidad de las ansias de independencia y a la vez, analizar el proceso del terrorismo.    

En su conjunto, el documental opera como un profundo acercamiento a la densidad de un tema que divide a los españoles. Y en su complejidad de múltiples puntos vistas contrapuestos o concordantes, también implica un apasionado llamado al diálogo, más allá  de las pasiones ajenas a este  que pudiera despertar y en definitiva, despertó.    

ALGO SUCEDE CAMINO DE EUSKARI
Desde la calma de cierta antípoda uruguaya distante del arrebato mediterráneo de los españoles, algo sucede con las imágenes de La pelota vasca que mella tanta preocupación valiosa del autor. Para un espectador montevideano, por encima de la pareja y sólida calidad de todas las secuencias del documental, muchas de ellas convencen, otras no. Acaso el excesivo número de entrevistas desgastan o reiteran la propuesta de Medem, haciendo perder tensión e interés en la misma. En realidad, un reparo menor dentro de la riqueza del film. Más factible resulta otro reparo posible: que Medem en un plausible y enfervorizado afán de ecuanimidad u objetividad frente al problema de la ETA, confrontando de modo constante las opiniones de los entrevistados, queda preso de una neutralidad que conspira y disuelve su discurso. De tal modo, que las diversas opiniones se diluyen entre sí como posiciones inamovibles e impermiables, sin que el director medie, permanece al margen sin hacer una síntesis conceptual, ni dar su punto de vista como vasco, artista o individuo. 

Lo peor es que el debate suscitado por ellas llega a un punto muerto, petrifica en una equidistancia estéril su ulterior desarrollo fuera del film, termina por no conformar ni convencer a partidarios y detractores de ETA y por deslizamiento involucra de igual modo en esa quietud al pueblo vasco y sus aspiraciones. Con lo que termina por recoger el descontento general.    

Esta visión montevideana, por cierto, no diluye la ironía y la paradoja no pasionales que suscita La pelota vasca. Lo que no deja de ser irónico y paradójico. Es un decir.

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