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Una mirada desde la economía
¿Dónde está el negocio?
por Rafael Iraburú
Mirar
a lo lejos sin observar lo cercano, como política de Estado, tanto en lo
económico como en lo geopolítico es, cuando menos, un desatino. No sólo
porque sea una opinión –en este caso la nuestra- sino porque, y
esencialmente, los hechos lo confirman.
El Uruguay de los últimos años ha cambiado la óptica desde la cual se
percibe. Es así que, al perseguir un hipotético flujo comercial con
México, obteniendo, de momento, pedidos a nuestros pedidos, trabas en la
práctica –ejemplo: la carne- se deja de lado lo regional. Más aun: en
lugar de operar en círculos concéntricos, desde la generación misma de
polos productivos con inserción en zonas compartidas con aquellas
naciones limítrofes al Uruguay, tomando como eje de la acción al
productor local, a la persona, para, desde la colina, mirar en puntas de
pie hasta donde la nube caiga, se pierde, y ya llevamos años, relación
humana y su consecuente efecto productivo dinamizador de lo
socioeconómico.
Es así que, la política económica guarda directa relación con el manejo
de lo financiero y no, centralmente, con la generación de políticas de
generación de la producción nacional, más allá del reforzamiento de sus
áreas vitales –léase, sector agropecuario-, desde la perspectiva del
empresario tipo cual es el poseedor de una micro o pequeña empresa.
Si bien es cierto que el intercambio con México ha aumentado, lo cierto
es que importa no sólo desagragar tal intercambio por items sino y antes
bien, ver en lo que hace a la visión política que debiera tener el país,
qué factores humanos están cierto priorizados en tal comercio. Y,
además, qué políticas de sostenimiento de proyectos productivos están
implementándose en todo el territorio uruguayo, a través de sus regiones
más características, de forma tal de irradiar un futuro bienestar que
únicamente sobrevendrá de una visión que propenda a reinsertar al hombre
y a la mujer en el medio rural.
Los números, aunque altos, si están desfasados de lo humano son factores
de incidencia en lo especulativo y, por ende, anecdótico para la vida
misma de un Estado- Nación. Hay que ir, inevitablemente, a una dimensión
humana, que de eso se trata la economía y no –desde la óptica
economicista- objetos de uso y cambio en políticas que tienen su
epicentro de fundamentación, muy lejos de nuestras respectivas
comunidades.
Luego, la mirada debe ver a su correlato humano y, concomitantemente,
buscar, en lo cercano, en lo próximo al ojo, qué podemos hacer por
levantar un país que, en lo industrial y en su composición otrora
fundamental: la micro y pequeña empresa, está postrado.
La lógica del mercado es cero. La lógica de los pueblos es su propia
sustentación como agrupamientos humanos donde la vida digna tiene su
momento y ocasión de ser. Por tanto, convengamos, debemos ir, más
temprano que tarde, a un rediseño de qué entendemos por esencial en
economía política y qué proyectos son dignos de ser estudiados, creados
y sustentados de cara, en el corto y mediano plazo, a un renacimiento de
la acción económica y productiva en el Uruguay, hoy cuasi inexistente.
El negocio, así lo creemos, está al alcance de la mano. Falta, claro
está, querer verla. LA
ONDA®
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