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Iberoamérica, la región
que nunca se desarrollará

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Por supuesto, que nunca es mucho tiempo.; Y el desarrollo  está lejos de ser un concepto firmemente establecido, bien definido. Por tanto, cuando designo a un conjunto de países como los que nunca se desarrollarán, no intento en realidad hacer una profecía, sino un ataque al paradigma o estructura mental que considera al desarrollo desde determinado punto de vista. Sin embargo , con respecto al futuro de los países de Iberoamérica, se puede afirmar con absoluta seguridad que nunca se desarrollarán, en el sentido que actualmente se le da a ese término. 

¿Qué significa para nosotros el desarrollo? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos  que algunos países son desarrollados  y otros no ? Para la mayoría de las personas , tales términos combinan ciertos aspectos de la modernización, la industrialización y la occidentalización; afirmando las más de las  veces que el desarrollo económico (o peor aún, el simple crecimiento económico) es lo único que importa. 

Desarrollo y ecología
Cada vez estamos más conscientes del desperdicio y de la destrucción ecológica que entraña nuestro modo de vida, al tiempo que nuestros métodos científicos y técnicos nos indican que muchos recursos esenciales (
el agua potable: el tema del momento)  y la capacidad de muchos ecosistemas para soportar nuevas agresiones (pesca) se están acercando a su límite. Sin embargo nos creemos desarrollados.
 

Al ir en pos del desarrollo (definido como el aumento de la productividad y del ingreso “per capita”, mediante la industrialización y la creación de una sociedad de consumo, hemos logrado generalizar nuestra dependencia con respecto a métodos de producción, vivienda, transporte y aun esparcimiento que consumen materiales y energía en forma intensiva, Es así que hemos contribuido a crear en todo el mundo una revolución de esperanzas crecientes”. 

Se puede afirmar que nuestra comprensión del desarrollo adolece de serias fallas y que lo que designamos con ese concepto no es una meta deseable o alcanzable para la humanidad. 

¿Por qué los países de iberoamérica nunca alcanzarán el “desarrollo”?
La razón más inmediata por la cual Iberoamérica no puede aspirar a desarrollarse, en el sentido del término que se acepta hoy en día, es
la situación demográfica. Debido a la minúscula capacidad humana de comprender lo complejo, el control de la mortalidad se introdujo en Iberoamérica  -como en muchas otras partes del mundo-  sin introducir al mismo tiempo el control de la natalidad. Como resultado de ha dado la explosión mundial de la población. Iberoamérica tiene la mayor tasa de crecimiento demográfico de las principales regiones del mundo: 2,6% anual. Esto significa que su población actual se duplicará antes de 30 años, a menos que comience a subir su tasa de mortalidad.
 

Por otra parte, las principales ciudades de Iberoamérica crecen a una velocidad dos o tres veces superior a la de la población global, debido a la corriente migratoria rural. La consecuencia es que muchas ciudades iberoamericanas duplicarán su población en el plazo  -increíblemente corto-  de 7 a 10 años. (Los censos oficiales de Uruguay señalan claramente tal situación). Por otra parte, como algunos analistas den la materia han señalado, no se trata de un proceso de urbanización, sino de la ruralización de las zonas urbanas. Ello se debe a que muchos de los migrantes rurales   -en general analfabetos y sin adiestramiento-  les resulta imposible obtener empleos en el sector moderno. Al carecer de la influencia de un régimen de trabajo moderno, su cultura rural permanece casi intacta. 

Como hace ya tiempo que los barrios más pobres de las ciudades están repletos y se desbordan, los inmigrantes más recientes han establecido barriadas miserables y asentamientos ilegales que rodean las ciudad; zonas de pobreza que llevan nombres “originales”:  pueblos nuevos en Perú; colonias perdidas o ciudades proletarias en México; favelas en Brasil; ranchos en Venezuela; villas miserias en Argentina; y en nuestro país “cantegriles”. 

En el conjunto de Iberoamérica, casi la mitad de la población tiene menos de 15 años, aunque Argentina y Uruguay son excepciones notables. Esto significa que la tasa de dependencia (cociente entre el número de dependientes y de productores) es muy alta.  Presento una comparación: en Iberoamérica cada 100 habitantes en edad de trabajar (entre 15 y 65 años) deben producir no solo  lo necesario para mantenerse, sino para mantener a otros 100 o más menores de 15 o mayores de 65 años que dependen de ellos para su subsistencia. Como contra cara, en Suecia o Estados Unidos, desde disminuyó el ritmo de de crecimiento demográfico y la proporción de jóvenes es más baja, cada 100 personas en edad de trabajar sólo deben producir para 50 0 60 dependientes. 

La situación actual del empleo en Iberoamérica arroja tintes aún más oscuros sobre el anterior sombrío indicador. Ejemplos muy cercanos son de pleno conocimiento. la situación de Uruguay, Argentina y Brasil. 

Iberoamérica reclama cambios  radicales y veraces
Dado que la escasez de capitales, energía y divisas; de capacidad organizativa y técnica, la industrialización tan citada en el discurso político y en los debates académicos de las reuniones Cumbre. no puede crear , en modo alguno, la cantidad de empleos necesaria para que Iberoamérica aproveche su recurso más valioso: su gente.  Y, si no se les dan empleos remuneradores, tampoco puede confiarse en que las masas conserven su esperanza de un futuro mejor  que, si no es es para ellos por lo menos para sus hijos. que desde hace algún tiempo es el débil hilo que mantiene unidad a la sociedad iberoamericana. 

No estoy prediciendo el derrumbe de la sociedad en Iberoamérica. Su adaptabilidad y su capacidad de aceptar lo inaceptables están más que demostradas. Si bien es posible que aumente la frecuencia de los estallidos violentos, también aumentarán los niveles de represión para sofocarlos.  Lo que predigo es el empeoramiento gradual pero continuo de las condiciones  -de suyo trágicas-  en que viven la mayoría de los iberoamericanos: nutrición inadecuada, altas tasas de mortalidad infantil, alta morbilidad general; viviendas y servicios  públicos deficientes; brechas cada vez más amplias entre ricos y pobres; inflación incontrolada y un aumento de la hostilidad entre las clases sociales. 

A ello habría que agregar los problemas de la contaminación, del abastecimiento de agua, de la deforestación y la erosión. Temas todos,  que cada día   se agravan más. Indudablemente que esas tendencias, no conducen hacia el desarrollo.

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