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Sociedad civil y los desafíos
de la gobernabilidad

por
el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Uruguay atraviesa por una profunda crisis de gobernabilidad debido a que si bien en general se ha logrado una democracia representativa, aun no se consolida una democracia participativa. La gran distancia entre las demandas de los diversos actores sociales y la capacidad de la clase política para satisfacerlas se manifiesta en una urgencia de modernizar el estado, de cambiar los modos de hacer política y de crear nuevos instrumentos de participación... 

Sociedad civil: el marco de las nuevas preguntas
Una creciente preocupación invade a la llamada clase política de Uruguay. Si bien existe la expresión ciudadana que puede concurrir libremente a las convocatorias cívicas y emitir su voto frente a las alternativas que se presentan, a la vez se expande la sensación del aumento de vacíos y distancias entre los electos y los electores; entre el mundo de los códigos y símbolos en los cuales emerge el lenguaje político y la realidad de la “cultura propia” donde los diversos segmentos de la sociedad se afanan por construir sus identidades y avanzar en sus propósitos. 

La “cultura cívica” aun se encuentra con relativa debilidad, tras el largo período de gobiernos militares. Lo expreso en plural, por cuanto durante casi dos décadas Uruguay sufrió un “gobierno colegiado militarista”, no como en Chile donde el UNO mantenía bien o mal “su política”.  No obstante ello, la democracia ha resistido fuertes pruebas institucionales: falta de políticas adecuadas  en diversas áreas,  descuido y errores en política internacional, ceguera política ante la pobreza crítica que el Uruguay nunca había sufrido, utopías como la “Torre de las Comunicaciones” o desvaríos como el proyectado puente Colonia-Buenos Aires dejando en la marginalidad  los grandes  temas que hacen al futuro del país  -como así fue en tiempos que han pasado-  como la educación y  la salud. Sumemos  graves acusaciones contra magistrados, directores de bancos del Estado, ministros; pruebas ante las cuales el sistema, felizmente ha salido fortalecido, aunque todos los hechos citados (y otros que   guarda el silencio ) , han dejado una sensación frustrante en el ciudadano como individuo. 

 “La democracia se ha salvado, pero mi entusiasmo democrático no”, me comentó en la mañana de hoy un alumno. ¡Tengamos cuidado!.  ¡Que el viento no termine en temporal ¡           

La llamada “clase política”
La llamada “clase política, se siente perturbada por los datos entregados por diversas encuestas; por drásticos  cambios que se han sucedido  respecto a quien se mantuvieron como líderes, recordados pero desplazados de sus puestos de decisión; del surgimiento de nuevos actores sin experiencia y de otros que tan sólo se preocupan por mantener el “sillón”, que carecen de agilidad, de imaginación para saber percibir las inquietudes emergentes y los verdaderos intereses societales, los cuales articulan sus discursos en la movilidad que la democracia permite y requiere para ser tal. Justamente, es en ese campo donde la participación de la sociedad civil se hace válida y necesaria.  

Me pregunto : ¿tiene hoy la “clase política” la capacidad de escuchar y entender las nuevas demandas y tendencias que se despliegan en la sociedad? ¿Qué le falta a los partidos políticos para constituirse en entidades modernas eficientes y articuladas con las sensibilidades, análisis y búsquedas de la sociedad donde actúan?. Si la tendencia inevitable de la modernidad es la fragmentación de intereses sociales y proyectos sectoriales ¿dónde concurre la autoridad política para constituir el escenario de los consensos y el marco básico de “lo común”?  

En una reciente reunión del Consejo de GEOSUR, el sociólogo Helios Jaguaribe, opinaba que conforme a los más recientes análisis, realizados varios países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Venezuela, Uruguay, Chile) apuntan al “desencanto” de vastos ciudadanos, de hombres y mujeres, en cuanto a que éstos no encuentran cauce de tratamiento, que su opinión no es tomada en cuentan, por más “marchas piqueteras”, huelgas, ocupaciones de locales de trabajo, etc. Como conclusión, el grupo allí debatiendo amistosamente, consideró que esta amplia y profunda pérdida de respetabilidad generan condiciones que favorecen la desobediencia civil de intereses sectoriales, en detrimento del orden y del interés público. 

Lo verdadero es que desde la perspectiva de los contenidos del desencanto, se alimenta, especialmente a las jóvenes generaciones, en la carencia de entusiasmo ante propuestas de las dirigencias políticas consideradas reiterativas y gastadas. Modelos que han muerto. Lo real es que actualmente hay una tensión, incrementada por la distancia, entre los responsables de conducir y hacer política y un sentido común de diversos universos sectoriales. 

En estos segmentos no predomina un racional político sólido ni una maximalización utópica: sólo rige una intuición capaz de advertir sobre la urgencia de hacer transformaciones profundas en el Estado, en los modos de hacer política y en la construcción de escenarios de negociación ante los múltiples desafíos del mundo emergentes.  

Globalización y desorientación del Estado-nación
En el marco de la globalización de la economía y el desdibujamiento del Estado-nación como éste fue concebido desde el siglo XIX, los gobiernos encuentran dificultades  para definir con autonomía sus políticas públicas. Algunos analistas indican que la facultad de definir esas políticas ha sido “secuestrada o expropiada por los organismos internacionales que imponen sus propias politicas” .  

Muchos factores influyen para desorientar al Estado-nación: en lo económico   las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, del Banco Interamericano de Desarrollo, del Banco Mundial; en lo comercial el cinismo de las grandes corporaciones internacionales que aprovechan la corruptela de ciertos sectores de aquél Estado-nación; la presencia de poderes fácticos; la amenaza del narcotráfico, o la corrupción. Éstos y otros menores, ponen en riesgo la gobernabilidad y la eficiencia de la democracia y, hasta pueden amenazar su propia estabilidad,   

La expresión “sociedad civil” da cuenta de un universo más amplio y a la vez más “movedizo donde los intereses se cruzan, se articulan en determinadas circunstancias, se hacen transversales a partir de una interacción de las aspiraciones ciudadanas en su paso de lo individual a lo colectivo. 

Entre la sociedad civil y el Estado hay una distancia significativa en tanto se fragmentan y hacen más heterogéneos y sofisticados los intereses de ciudadanos y grupos sectoriales. El Estado, como ha dicho Alain Touraine, se estructura en torno del concepto de unidad, es la unidad nacional por la ley”. Es la institucionalidad formal y de unidad pactada que la sociedad y los individuos se obligan a respetar. La sociedad civil es, por esencia, el mundo de la diversidad. Y en tanto la democracia se amplía y profundiza esa diversidad se incrementa. 

La realidad uruguaya de hoy
Es tal el  escenario donde el papel de los partidos políticos uruguayos  presentarán sus  presentarán sus   propósitos para asumir el nuevo gobierno. El ,papel de los partidos políticos es irremplazable y requiere de una acción oportuna, eficiente y de sensibilidades sutiles para aceptar las aspiraciones de “la gente de la calle”, sin desviar la vista de los “niños de la calle”, que también palpitan su ansiedad, aunque no puedan votar. 

Lo que Uruguay y su pueblo requiere es de un sistema político que procesa lo que viene de la sociedad y los individuos para llevarlo al Estado. De éste debe retornar convertido en política, sostenidas por  decisiones válidas para todos.

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