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Brasil
Este es apenas uno de los ejemplos más espectaculares de la verdadera explosión de consumo masivo en Brasil y en algunos otros países de América Latina, que viene siendo documentada y estudiada de modo pionero, por el Instituto Fernand Braudel de Economía Internacional. Asociado a la Fundación A. Alvares Penteado, el Instituto tiene como Director Ejecutivo a mi amigo Norman Gall. Neoyorkino de pura cepa, nacido y crecido en una de las áreas de mayor vitalidad popular de la “Capital del Siglo XX”, Norman se volvió un paulista integral, ciudadano de Higienópolis empeñado en mejorar la vida de los adolescentes de la periferia con ideas prácticas como los Círculos de Lectura. Lo conocí hace casi 30 años, en Washington. Él preparaba entonces un estudio sobre el programa brasileño de energía nuclear. Me fascinó su cultura enciclopédica sobre economía internacional y luego descubrimos afinidades en la pasión por el abordaje de la llamada historia global, la riqueza humana de América Latina, la música, nuestro origen común de descendientes de inmigrantes criados en ambiente de metrópolis, él en el Bronx, yo en el Brás. Justamente por haber escapado a la burocratización del conocimiento en la universidad y haber optado por “vivere pericolosamente” , sin seguridad económica pero en contacto con la realidad empírica de los más diversos países del continente, él preservó una originalidad y frescor de inteligencia que lo ubican siempre “delante de la curva”. Esto es, en vez de llover sobre mojado y repetir lo que todo el mundo dice, él está constantemente identificando historias nuevas que suceden frente a las narices del “establishment” universitario y periodístico pero pasan casi desapercibidas. Fue así cuando comenzó a escribir, en los años 60, sobre la frontera agrícola, entonces en el inicio de su marcha inexorable para el oeste. A él se deben también algunas de las primeras investigaciones sobre las comunidades de pobres inmigrantes bolivianos y peruanos, muchos clandestinos, trabajando en las pequeñas industrias de confecciones operadas por coreanos en el Bom Retiro. El trabajo mereció un consagrante artículo de Vargas Llosa, que se conmovió con historias que le hicieron recordar la suerte de su propia madre en Los Ángeles. Es de este mismo tipo el programa que el Instituto desarrolla sobre instituciones para consolidar la democracia de masas en América Latina. Para esto, Norman dispone, en carácter personal, de una ventaja comparativa inigualada entre nosotros: una riquísima red de amigos intelectuales y hombres públicos, en países latinoamericanos que la media de los brasileños desconoce por completo. De este programa forma parte una investigación sistemática sobre la democratización del consumo, sobretodo en las periferias paupérrimas de las grandes ciudades. De acuerdo a lo que es apropiado a un instituto con un nombre tan prestigioso, se parte de la observación de Fernand Braudel acerca de la continua expansión del número de consumidores como una de las tendencias estructurales de largo plazo en el avance de la civilización. Curiosamente, en la Inglaterra de comienzos de la Revolución Industrial, en el siglo XVIII, sucedió algo similar a nuestra actual experiencia: la demanda comenzó a crecer, a pesar de la caída de la renta real. La razón fue idéntica a la de hoy: la diversificación y, principalmente, el abaratamiento de la oferta de los artículos de consumo, debido a la producción en escala industrial. Una de las observaciones interesantes del estudio es que, en Brasil, hasta fines de los 80’, cerca del 75% del consumo de bienes perdurables era monopolizado por las clases adineradas. El éxito del Real en poner fin a la inflación crónica, desencadenó un proceso que impulsó a los pobres – a las clases C, D y E, de los análisis de “marketing” – a saltar para el 42% del consumo nacional. Entre 1999 y 2003, por ejemplo, la participación de los pobres en el mercado de tarjetas de crédito se elevó de 10% a 21% y el uso de tarjetas en los supermercados creció en el orden de 1.250% en cinco años! Hoy en día, 85% de los hogares brasileños poseen heladera y 89% tienen televisión. Los modelos más baratos de autos corresponden al 70% de las ventas, de las cuales el 75% son financiadas. La transformación de viviendas precarias en casas de material, por el trabajo de los propios moradores, hizo que las favelas (asentamientos irregulares) urbanizadas se tornasen demasiado caros para familias que ganan menos de dos salarios mínimos por mes. Los más pobres están obligados a ocupar la “periferia de la periferia”, zonas de condiciones sanitarias y de seguridad de alta peligrosidad, erróneamente generalizadas a la periferia como un todo. Esta, a pesar de los pesares, se benefició de las inversiones en infraestructura de algunas administraciones, entre las cuales se destacó la del recordado Mario Covas, que destinó al área el 70% de sus gastos. El balance nacional reproducido por la PNAD del IBGE de 2001 es que la proporción de casas brasileñas con electricidad alcanzó el 96% y las que disfrutan de la recolección de residuos al 83%. El fenómeno no está restringido a las zonas metropolitanas de Brasil. Ciudades como Lima y La Paz presentan una tendencia similar, al tiempo que el movimiento parece haberse estancado en Buenos Aires y Caracas. La realidad latinoamericana es multiforme y no se presta a generalizaciones simplistas. Poco conocemos aún de esta realidad que se transforma frente a nuestros ojos. Cuántos de nosotros hemos visitado la “periferia de la periferia”? Qué sabemos de la existencia cotidiana de nuestros coterráneos, que allí intentan extraer alguna alegría de sus vidas apretadas? Qué es lo que explica el misterio de la explosión del consumo masivo, apenas la oferta de productos modestos y baratos? Qué sucede del lado de la demanda, del empleo, de la renta? Será que el comportamiento político sorprendentemente conservador de partidos como el PT, originario de la antigua periferia del ABC no refleja este fenómeno? Esto es lo que el Instituto Braudel se propone investigar in loco, convencido de que de la respuesta a estas preguntas va a depender la consolidación y perfeccionamiento de la democracia de masas en Brasil y en América Latina. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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