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Se estrena el viernes 6 de agosto
"Whisky" uruguayo de noble cepa

por Oribe Irigoyen

Fue noticia internacional, acontecimiento en Montevideo y motivo de orgullo de los uruguayos en mayo del 2004. Whisky, segundo largometraje de ficción de los cineastas Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll ( 25 Watts ) había ganado dos importantes premios en el Festival de Cannes: el de FIPRESCI, organismo que reúne a los críticos de cine de todo el mundo, y el premio "Mirada Original", concedido por el jurado oficial de la sección 

"Una cierta mirada" de dicho festival.
Este viernes 6 de agosto, el acontecimiento vuelve a concretarse con el estreno comercial de la película en Montevideo.
 

TRES SOLEDADES
La exhibición días pasados, en pre-estreno para la prensa especializada e invitados, permite apreciar hasta qué‚ punto Rebella-Stoll dan un paso adelante  en madurez artística con este segundo largo de ficción, con respecto a su muy exitoso debut de 25 Watts. 

Su línea argumental parte del propio título del film que tiene mucho que ver con la propia propuesta temática. La palabra "whisky" suele ser pedida por los fotógrafos a sus clientes que posan para una foto. Porque al pronunciarla de modo inevitable se esboza una sonrisa. Que vence timideces y embarazos o sugiere contento y felicidad sean auténticos o artificiales, de regocijo real o alegría simulada de un  ánimo por el suelo. De eso trata la película, del juego de apariencias para mostrar tres pequeños seres solitarios. 

El film relata la historia de dos hermanos judíos, cincuentones y fabricantes de medias que hace muchos años que no se ven. Uno vive en Montevideo ( Andrés Pazos ) y es dueño de una pequeña empresa nada floreciente. El otro reside en Brasil (Jorge Bolano ) y es exitoso en el mismo ramo. Su visita está  motivada para cumplir en Montevideo una ceremonia religiosa con motivo de la muerte de la madre de ambos. El montevideano convence a su empleada de confianza ( Mirella Pascual ), con quien mantiene una estricta relación laboral signada por el silencio y la rutina, que simule ser su esposa. Se trata de dar al visitante una imagen de prosperidad y felicidad. En el transcurso de los días, las simulaciones y sus tensiones, los sentimientos escondidos y

resentimientos no expresados, la compleja relación entre los  tres protagonistas y su diversidad emocional, develar en las pequeñas miserias, mezquindades y torpezas de los tres personajes captados a través de pequeños detalles cotidianos y situaciones triviales. En los que no importan el fracaso o el éxito material de tres soledades distintas pero igualmente fracasadas como seres humanos. 

HUMOR SUTIL, CORROSIVO Y MELANCOLICO
La fórmula de comedia dramática, con su humor absurdo y funambulesco, que tanto rédito diera a Rebella-Stoll en 25 Watts para describir a sus coetáneos, madura en esta oportunidad con rasgos más sutiles, corrosivos, melancólicos y depresivos. Expuestos a su vez con una expresión formal perfectamente acorde con esa maduración en términos de cine. 

De algún modo, Rebella-Stoll ajustan cuentas con sus mayores, acaso padres, por sus falencias humanas y por el mundo que han legado. Arrojan una mirada corrosiva y de humor negrísimo hacia la cotidianidad de esos seres empantanados en la incomunicación, la represión y el ensimismamiento personal, sumergidos en la rutina y la  melancolía desvitalizadas. 

Es ante todo una comedia de silencios, más que de  diálogos. Estos muchas veces son repetitivos y triviales, de una absurda inexpresividad, mecanicidad y rutina para el caso del montevideano y su empleada, que provocan la risa del espectador, reacción cómplice o desconcertada acorde con el sin sentido propuesto - el glorioso nonsense británico -. La contrapartida del hermano visitante, en apariencia más comunicativo, dicharachero y removedor de la relación patronal de los otros dos, no hace más que complementar la mirada de los realizadores. En el conjunto de los tres protagonistas se procesa un mundo relacional donde todo es sutileza y sugerencia expresivas, discreción y delicadeza humorísticas, hasta culminar en la emoción soterrada y melancólica por donde se cuela una singular humanidad - la visión de los autores hacia esos seres - que redime o coloca en justos términos de comprensión tanta corrosión crítica. 

As¡ como Rebella-Stoll pintaron la aldea juvenil en 25 Watts con rasgos universales que motivaron el éxito del film ante los más diversos públicos, algo similar ocurre con la aldea de los mayores montevideanos mostrada en Whisky. Si se tiene en cuenta la resonancia obtenida ante la crítica y el público en Cannes y otros lugares, Israel por ejemplo, donde ya se exhibió y el público reaccionó en similares instancias de risa que los montevideanos en el pre-estreno, según declararon los autores en conferencia de prensa posterior. 

LIMPIDEZ FORMAL
En buena medida, quizá  ese rasgo de universalidad alcanzado por Whisky con su pequeña historia montevideana - aspecto muy a destacar en Rebella-Stoll por su reiteración -, se deba también a la propia fórmula estilística propuesta por los autores que revela su maduración artística como cineastas. 

El estilo formal se concentra en los tres personajes, en buena medida los aisla del mundo exterior, acorde con la propuesta temática de soledad y represión. No aparecen casi personajes secundarios - sólo hay una pareja de recién casados ( Daniel Hendler y Ana Kats ) de alguna importancia en las secuencias de Piriápolis, fugaces apariciones de dos o tres empleadas de la fábrica de medias con muy breves líneas de diálogos -. Los exteriores son calles desiertas, las escenas con viandantes o extras son escasas y los mismos no abundan - partido de fútbol, cena en restaurante, escena en club nocturno -. Las imágenes poseen un cierto grado de abstracción centradas en el trío protagónico. 

De igual modo, la película está  jugada a la cámara quieta, a las escenas largas pautadas por abundantes primeros planos de actores o sugestivos detalles de decorados, muebles, etc., con una soberbia búsqueda del encuadre sin alardes como esencial elemento expresivo. Posee un firme y elocuente manejo del montaje a los efectos del tiempo narrativo, uno de sus mejores logros. Insiste en la reiteración de escenas para expresar la rutina y represión de los personajes, en particular las secuencias de la fábrica donde tal repetición opera como una suerte de silencio visual en un film en que el silencio es fundamento dramático. A lo largo de su desarrollo las imágenes crean sugerentes instancias de suspenso que no es policial, sino intriga emocional o búsqueda del humor, al estilo del maestro Ernst Lubitsch y de su consagrado discípulo Billy Wilder, cuya influencia o conocimiento se percibe en la película. Del mismo modo en que los europeos creen ver en ella al fin‚s Aki Kaurismaki en versión sudamericana. Ese tipo de influencia culmina en un notable final abierto, con varios hilos sueltos - el contenido de una carta, la reacción del personaje femenino y su posible ruptura con la rutina, etc.-, que el público habrá  de resolver o no, según esperanza o pesimismo. 

Desde luego, película de actores Whisky tiene tres excelentes intérpretes, Mirella Pascual de extraordinaria revelación cinematográfica, Jorge Bolano de espléndida solidez de recursos y sobre todo Andrés Pazos, el empresario montevideano vestido de portentosos gestos y casi sin palabras. Ellos son la efigie visible de un gran equipo de actores y técnicos uruguayos, entre los Bárbara Alvarez en el logro de la luminosidad y colorido, sea de apastelados ocres tersos o de frías tonalidades azules, acompañando el derrotero cotidiano del trío. Al comando de tanto talento, Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, autores junto con Gonzalo Delgado Galiana de un muy cuidadoso y fecundo libreto, alcanzan una madurez artística prometedora del mejor futuro cinematográfico.

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