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Sobre el plebiscito del agua
por Carlos Zapiola
Aunque
la campaña electoral comience en su faz publicitaria recién al despuntar
octubre, puesto que esta semana tuvo media sanción legislativa acortar
la misma a treinta días, todos sabemos que ya estamos en ella.
En estos días se está hablando mucho sobre los porcentajes que tienen
los partidos según las diferentes encuestadoras, se han publicado
valores sobre imagen y popularidad de candidatos y hasta quien cree que
va a ganar la elección, dato que no aporta nada pero que si se tiene un
espacio y no se sabe con qué llenarlo, también es útil.
De un tema que también se vota el 31 de octubre casi no hay menciones.
Es decir, las hay desde el punto de vista político, desde claras
definiciones de ensobrar la papeleta del Sí, no poner nada que es
equivalente al No, hasta decir por parte de Larrañaga que el tal como
firmó votará, pero que no obliga a nadie de su partido a hacer lo mismo.
En verdad no obligan a nadie ni siquiera los que ensobran, puesto que el
ciudadano puede no introducir esa hoja en su sobre de votación.
De cualquier forma, el tema quedó instalado en si tiene efectos
jurídicos hacia el pasado, si las concesiones caen o no automáticamente,
si hay que pagar indemnización para que lo concedido vuelva a ser
estatal. No son discusiones vanas, puesto que las posibilidades de
aprobación del plebiscito son enormes. Si bien algo así como 3 de cada
10 uruguayos en julio no sabía de qué se le hablaba al referirse al
tema, más de la mitad de los que alguna idea tenían estaban dispuestos a
votar a favor de la reforma, y un quinto en contra.
Partiendo de estos valores nos encontramos con cifras no muy parecidas a
las del plebiscito de ANCAP cuando faltaban tres meses para llevarse a
cabo el mismo en cuanto a conocimiento, pero otra vez de nuevo, la
voluntad del uruguayo es que lo estatal debe privar en los servicios
esenciales sobre lo privado.
Si las concesiones han actuado mal o bien, si hay o no que
indemnizarlas, si efectuaron las inversiones prometidas o le deben a la
sociedad o al Estado las mismas, es algo que se dirimirá en los próximos
meses. Es un debate abierto, con posiciones encontradas, poca voluntad
política de acuerdos y quizás una piedra en el zapato para el gobierno
que emerja de las urnas en octubre –como creemos-, en noviembre –como
puede suceder-.
Lo más difícil de este plebiscito parece ser acercarse al valor real que
alcanzará el Sí, marcar la tendencia de qué ventaja logra entre esos
uruguayos desinformados, que en principio, y aún decidiendo casi todos
su apoyo a mantener el texto constitucional tal cuál está, no
alcanzarían a frenar su modificación. LA
ONDA®
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