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Unión Europea y América Latina:
posibilidades y opciones

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

La negociación de un acuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea seguirá siendo lenta. Ello es causa, por  un lado a que en la agenda de ampliación de la UE el entorno de los países de Europa Oriental  y otros países de la cuenca del Mediterráneo tiene prioridad. También incide el hecho señalado por  una simple regla de economía política: si la agenda se congela los sectores afectados pueden organizarse y operar más efectivamente que si el horizontes se desplaza de manera continua. 

Por otro lado, se debe considerar  que el diálogo se ha circunscrito tan solo a las relaciones comerciales.  A criterio del economista y jurista francés Hubert Julienne, “en esta área, varios de los intereses de ambas regiones son conflictivos”.”Varios intereses convergentes crean, adicionalmente, buenas posibilidades para ampliar la cooperación en los sectores financiero, industrial y tecnológico”; por lo cual el consultor citado, indica que ser hace necesario y urgente, la presentación de iniciativas concretas, apoyadas por una firme voluntad política, tanto de los dirigentes europeos como de los iberoamericanos.  

Política agrícola común: factor de conflicto
Desde  las dos últimas décadas, principalmente, ambos espacios económicos vienen demostrando interés en fortalecer sus relaciones políticas, aunque tal dinamismo no parece haberse extendido a igual ritmo en el ámbito económico, pues en gran parte el tema Política Agrícola Común (PAC) se ha convertido en un invariable factor de conflicto, que desde la perspectiva de nuestra región sudamericana –en particular-  genera serio efectos negativos y que se presenta como un asunto difícilmente negociable para la Comunidad Europea, dado la importancia que el mismo tiene en el esquema de integración europea. 

El estancamiento del diálogo, a su vez intermitente, con el propósito  de encontrar una aceptable solución a todos los aspectos relacionado al ámbito comercial, se debe a la asimetría del interés que cada región confiere al  tema. Desde el punto de vista iberoamericano, todo lo relacionado al comercio, se presenta como un punto prioritario en sus relaciones con el espacio europeo,  que representa el segundo mercado de exportación para nuestra región. 

En cambio, por el lado europeo, el aspecto comercial no parece figurar   aun en     un lugar trascendente, visto que Iberoamérica ha perdido gravitación comercial tanto en el plano interregional como mundial. Respecto al campo de los productos agrícolas, la Comunidad Europea realizó un respetable esfuerzo para lograr la autosuficiencia, tanto que se presenta como un destacado exportador de diversos productos agrícolas, al igual que en bienes  manufacturados. 

En un informe publicado por IRELA (Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas),  se indica que: “En la medida en que las relaciones entre ambas regiones se reducen al campo comercial, la asimetría de intereses existente en este sector, coloca a América Latina en una posición débil de solicitante, en un momento en que las relaciones económicas se basan cada vez más en el principio de la reciprocidad. Esta actitud reivindicatoria no surte los efectos deseados debido a que las relaciones comerciales de la CE son muy jerarquizadas, ya que América Latina, por razones tanto económicas como políticas, ocupa un lugar marginal en esta jerarquía”. 

La crisis financiera como principal obstáculo
Un severo análisis indica que el principal obstáculo de carácter económico que impide alcanzar una auténtica cooperación política y económicas mutuamente beneficiosa para ambas regiones (CE y AL), lo presenta la crisis financiera de los países iberoamericanos.
 

El citado informe de IRELA, indica a su vez que, “por otra parte, la cooperación financiera en materia de deuda externa podría ser una de las vertientes de una nueva forma de cooperación económica, sustentada por intereses comunes, en la medida que tanto América Latina como Europa están afectadas por la crisis de la deuda, si bien en diversos grados.” 

En los comienzos de la crisis de la deuda iberoamericana, la reacción de los bancos europeos no se diferenció a la actitud adoptada por sus homólogos estadounidenses. A juicio del economista Hubert Julienne, “ la menor vulnerabilidad de los bancos europeos con respecto a los estadounidenses se debe a diversos factores. Algunos son preexistentes al estallido de la crisis de la deuda, como la diversificación de sus créditos exteriores o el mayor porcentaje de préstamos de bancos europeos que se benefician de una garantía pública . En cambio, otros son posteriores, como el aumento de las provisiones riesgo-país y una diversificación de sus préstamos aún mayor”.  

En opinión de la politólogo mexicana  Dra. Esperanza Durán, “América Latina ha atribuido constantemente sus dificultades de balanza de pagos a condiciones externas adversas, en particular al proteccionismo de los países industrializados, a las altas tasas de interés y a la caída de los precios de sus exportaciones tradicionales.”  Como consecuencia, en un clima de crisis económica resulta lógico que los países iberoamericanos buscaran y continúen procurando aumentar drásticamente sus exportaciones, afirmar las relaciones comerciales con la Comunidad Europea, así como otras áreas industrializadas y, más recientemente, con el protagonismo que viene  adquiriendo el bloque asiático; incluso algunos países de otras regiones en desarrollo como África u Oriente Medio. 

Diálogo Unión Europea-Grupo Río
Desde la reunión que se realizó en Río de Janeiro en octubre de 1995 a la actualidad, se insiste en crear medidas de fomento de la confianza mutua. Sin embargo, es necesario ir salvando las diferencias que marcan las experiencias históricas  -profundas y recientes-  entre  Europa e Iberoamérica. 

La primera , indica la experiencia de un continente (Europa) que sufrió a lo largo de su historia, largas guerras entre sí que luego convirtió en hecatombes internacionales. El otro, (Iberoamérica) luego de las guerras de independencia, si bien prolongadas y generalizadas, sólo sufrió pocos conflictos entre vecinos, que la diplomacia supo superar. 

La otra experiencia es que Europa se encuentra en un estado avanzado, ampliado y sostenido de integración económica y política; en tanto Iberoamérica no ha superado etapas en el proceso de cooperación económica, a pesar de guardar en su historial una extensa lista de siglas de organismos creados con tal fin que han ido fracasando. El MERCOSUR, recientemente en acuerdo con la Comunidad Andina (CAN) se presenta como el más promisorio de los proyectos. México, luego Chile, han jugado en solitario sus respectivas partidas en el tablero de las relaciones económicas con Estados Unidos y la Unión Europea. 

Manuel Marín (ex Vicepresidente de la Comisión Europea) afirmó ante el Grupo de Río (28/setiembre/1995)  que, “las relaciones entre la UE y América Latina están entrando en una nueva fase, en la que más allá de los aspectos económicos y del comercio, están interesados en las cuestiones de la seguridad y la confianza mutua, así como lo relacionado con los derechos humanos y la democracia”.  

La intensificación del diálogo político  -a nivel técnico, ministerial y presidencial- que recientemente ha tomado más cuerpo puede robustecer los vínculos existentes de cooperación, tomando en cuenta que las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio avanzarán tan solo gradualmente. Los técnicos de IRELA reconocen que la Unión Europea deber, forzosamente, dar prioridad a amplios acuerdos comerciales y que, un convenio comercial con el MERCOSUR implica el debate de una serie de cuestiones altamente sensibles para ambas partes  -particularmente en el sector agrícola-  que tendrá que ajustarse a las nuevas reglas multilaterales OMC para tales acuerdos. 

En la coyuntura actual, tanto los países de la Comunidad Europea como los integrados en el bloque MERCOSUR-CAN (puede sumarse a Chile y México) necesitan potenciar y diversificar sus relaciones económicas. Ambas regiones (Europa e Iberoamérica) están confrontadas al problema del desempleo, de la pérdida de competitividad, de la competencia comercial y de la carrera tecnológica. 

Todo indica pues, la necesidad del diálogo profundo, que presente diversas variables positivas en todos los campos de la cooperación (política, económica, cultural, tecnológica, etc.), donde   existe un potencial de intercambios provechosos, en la medida que se reconozca que existen intereses convergentes entre ambas regiones.           

Transformaciones globales: una asociación estratégica
Más allá de los aspectos concernientes a su relación, Europa e Iberoamérica podrían extender el debate a múltiples cuestiones de índole global con el fin de definir su papel futuro en la escena mundial y la forma de promover, mediante la acción conjunta, sus propios intereses. 

La concreción de alguna forma de asociación estratégica birregional, permitiría estar en condiciones para participar ante una probable evolución de las tendencias económicas internacionales, que sin lugar a duda alguna, diseñarán   nuevos bloques con poder económico, militar y político, como el se viene conformando entre China, India y otros países asiáticos. 

Iberoamérica, conjuntamente con Europa  -sin marginar  a Estados Unidos -    deben  construir algún tipo de consenso efectivo respecto a la gestión de la globalización , el único instrumento para poder actuar con estrategias más efectivas en cuanto al futuro, que indudablemente concretará un nuevo ordenamiento del sistema internacional.

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