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Empleo: del temor al desafío,
en el presente importa estar en
movimiento y no en cualquiera...

por Rafael Iraburú

Hoy no es día para hablar de números, sino de situaciones humanas ante el flagelo que en economía hoy nos conmueve: el desempleo.

¿Será posible que nuestra capacidad de dirigirnos a nosotros mismos como personas que vivimos en comunidad es tan pobre porque nos es extremadamente difícil el trasponer las máscaras que nos cubren, utilizadas por nuestros deseos como por nuestros temores, que impiden el poder vernos como en realidad somos?

La pregunta es tan larga como su proyección. Parto de una asunción: la del momento que nos toca vivir, máxime si es difícil y crítico. Momento en que la desesperación, como su consecuencia inmediata, la depresión, parece ser el final del descenso. A ello debemos abocarnos, a enfrentarlo y detener la caída. Porque podemos.

El mundo atraviesa un proceso que culminará o devendrá, mejor dicho, en un cambio de civilización. Pero hay que vivir el momento y sus sinsabores; situémonos, pues, en la consideración de la persona desempleada.

En todos los países, con diferentes gradaciones, apreciamos un significativo avance en el desempleo, pese a que en muchos casos se da una mejora sostenida en diversos aspectos de la actividad económica, tanto de las empresas como de las naciones.

Al focalizar más la lente en el estudio del desempleo, surgen con marcada nitidez varios factores, de los que hoy resaltaremos tres: edad, conocimiento y función.

La franja etaria más vulnerable es aquella comprendida entre los 35 a los 49 años; la carencia o escasez de conocimientos al igual que los puestos de mandos medios son particularmente sensibles tanto a la pérdida de empleo como, y singularmente, a la dificultad para volver a obtener otro trabajo similar.

Cabe, pues, el visualizar las vías que tornen posible un desempeño independiente y lucrativo lo que traducido representa el poner en marcha nuestra propia empresa.

Resultan obvias las primeras salvedades a esta propuesta: dificultades burocráticas para establecerse, carencia o desinformación sobre posibles apoyos crediticios, desconocimiento de aquellos productos que puedan ser colocados al exterior, bien como la acotación, en cantidad y capacidad de gasto, del mercado local, etcétera.

Las dificultades no las desconocemos, existen; sólo que no hay un camino de retorno salvo el enfrentarnos con nosotros mismos y con los hechos.

Debemos buscar, sin remilgos, en nuestra esfera societaria más cercana, barrio, distrito, aldea, información directa de cómo capacitarnos para emprendimientos micropersonales. A ello, sumarle esfuerzos comunitarios para buscar que otros se sumen a nuestra idea o bien averiguar cuáles otras propuestas existen que no pueden aun ser llevadas a cabo por carecer de tal o cual elemento, sea este monetario o instrumental, artesanal bien como especializaciones que quizá uno tenga y pueda aportarla al bien común.

Sin duda esto no da en lo inmediato, dinero pero nos prepara y prepara un mañana mejor. A su vez y a medida que avanzamos en la obtención de información como tenemos tiempo, podemos procesarla internamente y convertirla en conocimiento.

Por ejemplo, la búsqueda de mercados, ante el acotamiento del local, lleva o llevará, sí o sí, a la búsqueda de regiones cercanas y hermanas, argentinas y brasileñas, con las que o bien negociar directamente o bien sumar esfuerzos.

En esta materia, en lo que a emprendimientos grupales de bajo perfil se refiere, tanto en la Argentina como en el Brasil hay una muy rica experiencia en la materia y bien que podemos facilitarnos la labor aprendiendo de los mismos y estableciendo, por qué no, a través de las intendencias –que mantienen a su vez conexión con la sección uruguaya del Mercosur- contactos importantes para la obtención de las metas propuestas.

Todo está en comenzar. Todo está en salir: abrir la puerta y no tener empacho en que nos vean caminar sin rumbo fijo, en apariencia, y quizá sin aquel traje o aquel conjunto que “nos indicaba” como “ocupados”. Dejemos esas cuestiones para otra ahora, que en el presente importa estar en movimiento y no en cualquiera sino en uno que dará, a la postre, réditos de todo tipo.

A su vez, el Uruguay tiene en el cooperativismo una experiencia muy importante que está directamente a nuestro alcance y no cuesta dinero aprender sobre el mismo. Basta con caminar un poco y atrevernos a preguntar. Ese paso, el atreverse, será definitorio en una nueva etapa de nuestras vidas.

Vivimos en un mundo de incertidumbres pero es que la vida misma lo es.
¿O acaso no nos sorprende de tanto en tanto, nos guste o no?

Por cierto que, repito, no rehuyo ninguna de las estrecheces que el desempleo puede traer y trae, sin duda. Pero de lo que hablo es de no quedarse uno postrado. Poder podemos, pero no debemos. No por nosotros mismos y no, menos todavía, por aquellos que están junto a nosotros, en la forma y tipo de relación que fuere.

Muchas veces de una situación crítica, extrema, comienza, verdaderamente, nuestra propia vida. Aquella donde desplegaremos lo mejor de nosotros mismos.

Todo está en empezar. Y este es un buen momento. Hagámoslo.

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