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El Dr. Sanguinetti está molesto: “El FA ha En la última semana el ex presidente de la República, ha dado entrevistas a la prensa internacional. Primero fue a El Comercio de Perú y el pasado domingo al periodista Jorge Elías de La Nación de Argentina, donde aseguró que “difícilmente el Frente Amplio llegue al 50% en la primera vuelta”. “Creo que habrá una segunda vuelta”, indicó. -¿Sigue siendo muy fuerte la percepción de la crisis? -Desde 1985 hasta 1999, Uruguay creció ininterrumpidamente un 3,8 por ciento anual. En 1985, el 46 por ciento de la población estaba bajo la línea de la pobreza; en 2000, sólo el 15 por ciento. La mortalidad infantil había sido del 30 por mil y en 2000 era del 14 por mil. En ese momento irrumpió la situación regional, de modo que este gobierno ha tenido que vivir bajo el signo de la crisis.
-Que empezó en 1998 en Brasil. -Empezó con la devaluación brasileña, con toda la turbulencia que generó. Luego se dio el estancamiento en Brasil, la Argentina, Paraguay y, más tarde, en 2002, la crisis de la Argentina, que arrasa a la región. Y la arrasa muy rápidamente. Cuando empiezan a producirse los problemas, aquí no se creyó que fueran tan turbulentos. Se produjo una fenomenal caída económica que totalizó en el período 17 puntos del PBI (Producto Bruto Interno). La crisis, naturalmente, tuvo su repercusión social: se duplicó la situación de pobreza y se generó la pérdida de ingresos consiguiente, pero también se comenzó a salir rápidamente. El segundo semestre de 2003 ya era bastante positivo y el año terminó con un crecimiento de más tres sobre la base de un crecimiento de más ocho o más siete. En 2004 sigue la expansión, hasta tal punto que vamos a terminar el año con un crecimiento de entre un siete y un ocho por ciento del PBI; con un nivel de exportaciones análogo al del 98, que fue el año récord uruguayo, y con una recuperación, incluso del mercado laboral, bastante importante.
-¿Es una exageración hablar del milagro uruguayo? -Sí, las palabras simplifican mucho. Pero hay una recuperación muy rápida que se basó sobre la confianza que logró el país pese a las dificultades. Primero, porque no se pesificaron las deudas. Segundo, porque se respetaron las cajas de ahorro y las cuentas corrientes.
-Uruguay recibió ayuda externa, pero evitó imitar a la Argentina. -Se trató de no caer en la situación argentina, porque se estaban viendo las consecuencias. Eso se pudo evitar por una ayuda externa muy fuerte que vino por la buena historia. Siempre se había cumplido y, por último, se hizo un canje voluntario de deuda. Toda la deuda pública se negoció rápidamente, ganando plazos. No se pidieron quitas para no deteriorar el crédito. Se pensó que lo más importante era recuperar la confianza. Y así fue. Naturalmente, las consecuencias sociales llevarán tiempo, pero todo dependerá del ritmo y de la sustentabilidad del crecimiento económico. Ahí está el nudo de la cosa.
-El nudo, en realidad, es la creación de empleo. -Está subiendo el empleo, pero todavía no ha tenido repercusión porque quizá no sea suficiente. Uruguay es un país moderado en la reacción, tanto para el pesimismo como para el optimismo. Va entrando lentamente y después le cuesta salir. La Argentina, en eso, quizá sea más rápida. En la situación política nos encontramos con una crisis que generó un gran descontento, un gran mal humor. Eso se proyectó sobre el gobierno y aún persiste.
-¿Qué falló? -Aún no les ha llegado a todos. Es natural, pero los sectores vinculados a la exportación están trabajando bien, los vinculados a la actividad agropecuaria también, los vinculados a la actividad portuaria y de servicios han mejorado sustancialmente. Basta ver el IVA: si recauda hoy un 20 por ciento más que el año pasado es porque la gente está consumiendo más. Los salarios, como consecuencia de la devaluación de 2002, aún no han recuperado su poder de compra. Esto ha beneficiado a la oposición. Por eso mismo, el favoritismo sigue teniéndolo el Frente Amplio. Y se pensaba que hasta podía tener más del 50 por ciento en las elecciones.
-¿Lo duda? -La última encuesta fue la de las elecciones internas, a fines de junio. No eran elecciones competitivas entre los partidos. El Frente Amplio llegó al 42 por ciento y el resto, el 58 por ciento, fue para los partidos tradicionales. A raíz de eso, el Frente intenta una operación política de recentramiento y anuncia como ministro de Economía al senador economista que venía cuestionando, Astori.
-¿Cree que se trató de un golpe de efecto, no más? -El tema es si puede ser creíble o no, porque todos los días se vive una contradicción. Hace unas semanas, los legisladores del Frente hicieron una ley de "perdonazo" de deudas y Astori votó en contra. Astori elogió el canje voluntario de deudas que hizo el gobierno; después, el doctor Vázquez dijo que había que negociar quitas. En el referéndum de diciembre para la asociación de la Ancap (Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland) con capitales privados, Astori fue uno de los corredactores de la ley con los partidos tradicionales; el Frente lanzó el referéndum y finalmente lo ganó, oponiéndose a la asociación.
-¿Fue un mérito del Frente o un error de los partidos tradicionales? -Estamos en una situación de grandes contradicciones. Nos encontramos con un Partido Blanco que en la interna mostró un cambio de liderazgo, de Luis Lacalle a Larrañaga, lo cual le ha dado cierto brío, y con un Partido Colorado que ha sufrido los embates de la crisis, pero se presenta con un candidato que fue ministro del Interior de este gobierno y del anterior, Stirling, una persona de muy buena imagen, muy creíble y muy confiable.
--¿Por qué no aceptó usted la candidatura? -Yo podría haber sido el candidato de mi partido, pero ya venía pensando desde que salí de la presidencia que había que buscar otras opciones. Nunca fui partidario de las reelecciones directas ni de la persistencia. Dos presidencias a lo largo de tantos años ya son muchas.
-Entre los blancos, Larrañaga no ha subido mucho en las encuestas desde que ganó la interna. -La interna tiene un efecto óptico. No hay voto obligatorio, como en la elección nacional. Votó el 50 por ciento del electorado, la mitad. Entonces, seguro: ¿quién se revaluó? El que tenía la competencia más fuerte. El Frente ya tenía candidato. Entre los blancos había una gran puja entre el líder anterior, Lacalle, y el desafiante. Eso hizo que el porcentaje de votación de los blancos fuera mayor. Difícilmente el Frente Amplio llegue al 50 por ciento en la primera vuelta. Creo que habrá una segunda vuelta.
-¿Habrá, en ese caso, una alianza rosada entre blancos y colorados, como en las elecciones anteriores? -De hecho, la ciudadanía la hace más allá de lo que digan los dirigentes.
-Si sucede eso, ¿Larrañaga sería apoyado por los colorados, entonces? -No sabemos. Se verá después de octubre. Las cifras tienen sus variantes, no son una verdad revelada.
-¿Por qué Vázquez genera tanto rechazo? -No es Vázquez, sino el Frente. El movimiento tupamaro obtuvo el 36 por ciento en las internas.
-En el gobierno argentino hay ex montoneros. -En el gobierno argentino todos han venido actuando dentro del viejo peronismo. Acá no estamos hablando de alguien que simpatizó con los tupamaros, sino de los señores que secuestraron y mataron. Son los líderes; no simples simpatizantes. La diputada Lucía Topolansky, esposa de Mujica, dijo que Astori es un ministro para 60 días.
-En el exterior, al menos, se da casi por descontada la victoria de Vázquez. -No es la primera vez. El Frente viene siendo favorito desde hace varias elecciones. Hay actitud de expectativa. Han tratado de generar tranquilidad y se ha montado un fantástico doble discurso.
-¿Es un discurso populista? -Tiene una retórica populista.
-¿Lo percibe la gente? -Yo diría que mucha sí y que mucha no, como pasa siempre. El que está todavía enojado por la crisis no está dispuesto a entrar demasiado en análisis y no quiere votar a todo lo que se parezca al gobierno, sea el Partido Colorado, por ser del gobierno, sea el Partido Blanco, porque colaboró.
-¿Las críticas son contra Batlle o contra el Partido Colorado? -Están los dos ingredientes.
-No es el primer país en el que los partidos tradicionales atraviesan una crisis. -Eso no va a pasar acá. La fuerza histórica preservará a los partidos tradicionales. No creo que entren en una declinación. Lo que sí es verdad es que los partidos doctrinarios de izquierda fueron creciendo, lo que fue generando un cambio cultural.
-A su juicio, ¿qué lugar debería ocupar Uruguay en el mundo? -Por sus dimensiones económicas, Uruguay debe aspirar a una inserción en un mundo en el que no va a controlar las acciones. Tiene que tratar de sobrevivir, progresar y desarrollarse dentro de la gran revolución científica y tecnológica que vivimos. Y esto que digo para Uruguay, con toda modestia, lo digo en un sentido más amplio para toda América latina. Un país como Uruguay debe tener una inserción internacional que pase por círculos concéntricos en su región, ligado a la Argentina y Brasil. En segundo lugar, debe seguir mirando el mundo. La asociación con la Argentina y Brasil en el Mercosur debe servir para proyectarse hacia afuera, no para encerrarse en un nuevo cerco neoproteccionista, como si fuera una fortaleza.
-Se habla más del Mercosur político que del Mercosur económico. -Ese es el error. No se puede poner la carreta delante de los bueyes. El Mercosur político no va a resolver los temas económicos. El Mercosur económico tiene que consolidarse y, si se consolida, lo político vendrá sobre la marcha.
-Se habla mucho, también, de las coincidencias ideológicas entre los presidentes del Mercosur, incluido potencialmente Vázquez. -Es ingenuo. No nos va a dar más fuerza ni más estabilidad si, después, cualquiera de nuestros gobiernos adopta disposiciones que alteran el comercio y genera reacciones en los empresarios.
-¿Cómo define al gobierno de Kirchner? -El gobierno argentino aún no se puede definir ni categorizar. Ha ido definiendo pragmáticamente la situación. Y eso es lo que podemos ver con un nivel de aceptación bastante razonable. No cabe discutir modelos. No lo asocio con el Frente Amplio, que tiene focos distintos que chocan ideológicamente.
-¿Se puede gobernar con los índices de popularidad? -Se puede gobernar con la popularidad y se puede gobernar con la impopularidad. Ha habido grandes gobiernos impopulares y malos gobiernos populares. Los fenómenos vinculados a las encuestas, más la omnipresencia de los grandes medios de difusión, especialmente la televisión, generan una suerte de monstruo sin cabeza que es la opinión pública. No es la ciudadanía. La democracia representativa y su cuerpo electoral son la base del gobierno. Pero hoy se elige un gobierno y, mañana, las encuestas le quitan la legitimidad. Más que nunca tenemos que cerrarnos en los códigos de la estructura constitucional. Las encuestas, bienvenidas, pero en su lugar. Si no, son la abolición de la democracia representativa. Los países no se gobiernan con encuestas ni con asambleas. LA ONDA® DIGITAL |
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