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El hecho político de la semana
por  Carlos Zapiola

Si usted esperaba que le dijera que fue la aparición de datos de una empresa internacional, dando a conocer resultados al 7 de agosto que no hacen más que repetir los que venimos manejando desde la tercer semana de julio, está equivocado.

Tampoco lo es que a más de dos meses de las elecciones todas las empresas encuestadoras que han aparecido en los últimos días confirmen lo que ya le adelantamos: que el EP-FA-NM estaba hace rato en el 51 %.

Nunca olvide que una encuesta es un cuadro de una película que vamos viendo como se modifica mes a mes, que nunca puede ser muy diferente del anterior, pero que difícilmente sea idéntico al mismo.

Aquí el director de fotografía (quien encuesta) tiene tanto que ver con el producto final como el Director de la película (en este caso el analista), que es quien le dará forma y contenido a través de su análisis a los datos recogidos.

Por ello no podemos aceptar que solamente los sociólogos tengan derecho a hablar y opinar sobre las encuestas, ni que los trapos sucios o las discusiones sobre qué valor tiene las cifras que publica cada empresa sea algo que debe dilucidarlo alguien “de afuera”: ni la Facultad de Ciencias Sociales ni una empresa de investigación de Mercado u Opinión Pública sirven de árbitros para zanjar conflictos internos.

Hay un debate sobre el tema que está mal planteado y por tanto es imposible que se encuentre un final para él: las encuestas son malas así las avalen mil certificados de calidad si el día de la elección concurre el 45 5 de los habilitados y no el 60 % como se había adelantado. Son malas si se hacen con metodologías equivocadas que no representan nada, o son inventos de cerebros que están poniéndose al servicio de otros intereses. Son malas aunque los datos a los que arriben y muestren puedan parecer lógicos si se saltean íntegros departamentos donde tradicionalmente vota bien un partido –aunque éste esté deshecho y con serios problemas de comunicación con la gente- o zonas donde los valores que se consiguen le hacen aparecer, escribiendo pronto y muy mal “menos mal que”.

Pero el tema de la semana es el gran lío que causaron las declaraciones de Jorge Batlle, el Presidente, diciendo que su Partido Colorado iba a votar muy mal. Y con la mente en la campaña, sin reflexionar, se oyeron voces descalificantes de sus opiniones de quienes le acompañan hoy en el gobierno del país. Sus compañeros de Partido, que no de grupo, salieron a la palestra pública a hablar desde castillos en el aire (disculpen pero 900.000 colorados por estos años no hay) hasta comentar que como el Presidente siempre se equivoca en los pronósticos eso hacía fortalecer las ilusiones, y de paso le pegamos un poco a las encuestas, mostrando resultados que son dos semanas anteriores a otros y no entendiendo por qué razón es que el coloradismo está tan bajo hoy (en el piso, pero con actitudes como ésta pidiendo al ascensorista que lo lleve al subsuelo).

Dos meses y medio son muchos para que uno haga campaña, pero no alcanzan, por mejor que la misma se maneje, para dar vuelta un resultado si entre el partido que le sigue y el mío hay al menos 15 % de diferencia y no solamente no doy una imagen de unidad sino que demuestro estar buscando culpables de la derrota.

El día que se reflexiona, se consiguen visitas de figuras internacionales de peso a los líderes partidarios, se busca una línea de confrontación con la izquierda y trata de imaginarse cómo serán los caminos a transitar juntos con el líder nacionalista si Vázquez finalmente no logra acceder a la Presidencia el 31 de octubre.

Lo de colgar la información en la página web de Presidencia y luego retirarla, así sea porque el momento adecuado de hacerlo era cuando el reportaje se difundiera y no adelantarse al mismo, es parte de esta tragicomedia que vive hoy el Partido Colorado.

Pero eso sí, antes de terminar por hoy. Solemos hacer análisis desde Montevideo, aún teniendo delante los valores nacionales: y esto es un gran error. Es del mismo grado que llevó a aquel matemático granadino que trabajó en Canal 10 junto al Instituto de Estadística de la Facultad de Ciencias Económicas en 1994, con un modelo que nunca le había fallado en su vida, a pronosticar el triunfo del EP-FA el día de la elección nacional.

El 31 de octubre además de voto a Presidente, se eligen senadores. Pero además se eligen diputados: esos señores que cobran sueldos todos los meses, que representan al departamento en mejor o peor medida, a los que en Montevideo conocemos por ser líderes importantes en sus partidos, pero en el interior es el vecino de enfrente o de la otra manzana desde hace años. Y ese vecino termina arrimando votos a un candidato nacional, pero primero se suele votarlo a él. Y esto muy pocas veces se tiene en cuenta. En Uruguay no hay corte de boleta o de hoja de votación. Si lo hubiera, quizás ...

Quizás, pero la realidad indica otra cosa. Y un partido muy golpeado en cuanto sus candidatos a la Presidencia no concitan la atención ciudadana, pueden crecer y mucho, por esa puja “chica” –adjetivo no descalificativo- por las bancas parlamentarias.

Octubre está cerca. Que ya tres empresas nos sigan en mostrar que Vázquez está muy cerca de la Presidencia puede estar augurando un final menos reñido que el que se esperaba hace un par de meses.

A ello contribuye una errática campaña de Larrañaga, apostando al cambio y juntándose en un acto de unidad con los blancos que la ciudadanía ya no apoya, y debiendo recurrir a esos despistados colorados que se autodefinen como la única opción distinta, con una fórmula solamente del interior –la cuna no marca de dónde es una persona políticamente-, y que no disputa el espacio del centro porque son el centro ¿?.

Escribíamos hace poco que seguramente el nuevo Parlamento sería tripartito. Los errores de estos días le dan aire al Partido Independiente, para pelear al menos una banca en Diputados, proveniente de descontentos colorados.

No es hora de escribir sobre cuál será la composición del nuevo Parlamento. Faltan muchas cartas por jugarse. Pero parece muy dudoso que los colorados no alcancen al menos tres bancas senatoriales, lo que es votar muy mal.

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