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En aras de un mañana mejor,
o cómo no incurrir en viejos errores

por Héctor Valle

El pasado viernes 27 de agosto, el Profesor Walter Cancela, tuvo a bien publicar un artículo en el Semanario Brecha, intitulado “La deuda interna” en el cual, y  a propósito de “las presiones para al menos dar una respuesta a la situación de sobreendeudamiento generalizado de empresas y familias. Las "soluciones de mercado" no parecen resolver el problema”, el economista y docente, luego de historiar tanto el origen como describir un “capitalismo sin capital” sin dejar de lado las responsabilidades que a su criterio se advierten en tal proceso, presenta su idea preliminar en torno a este tan difícil tema. 

Vale, desde el vamos, destacar la valentía del profesional, al asumir con su firma una opinión fundamentada, a sabiendas que sería inmediatamente puesta a contraluz por parte de tirios y troyanos. 

Como también un ciudadano común puede –y debe- afrontar estos temas, es que paso a exponer una serie de consideraciones al respecto, toda vez que ha despertado en mí la obligación, aunque más no sea en el decir público, de asumir mi responsabilidad, pequeña pero intransferible, ante la aparición de una idea que aunque bien animada, juzgo inoportuna e improcedente. 

Vayamos, pues, a la parte expositiva de la tal solución, sin quitar ni agregar nada, invitando a aquellos lectores que aun no hayan leído esta nota, a visitar el sitio del semanario en cuestión, el que generosamente la ofrece libremente: www.brecha.com.uy 

Dice el profesor Cancela en la primera parte de su escrito, lo siguiente: 

EL ORIGEN. El universo de deudores es muy diverso, tanto desde el punto de vista de su naturaleza (familias, empresas) como de las razones que explican su situación. Vamos a detenernos en el endeudamiento empresarial, no porque el de las familias no sea importante sino porque involucra aspectos que tienen que ver directamente con las posibilidades de la inversión, factor señalado por casi todos como el decisivo para intentar la solución de los problemas de empleo.  

Este punto habré de abordarlo a posteriori, porque lo considero de especial importancia en el meollo del problema que enfrenta el Uruguay. 

Seguidamente, como dijera al inicio, el economista continúa con su habitual ponderación y solvencia describiendo la situación empresarial en cuanto a endeudamiento, signando especial atención, lo cual es cierto, en la existencia de un capitalismo sin capital, como consignáramos al inicio, e ingresando en el capítulo de las responsabilidades, para arribar a su idea de solución que seguidamente reproducimos en su totalidad: 

LAS SOLUCIONES. Si el sobreendeudamiento de las unidades productivas es la contracara de la falta de capitalización, su solución no puede ser prolongar la agonía con los consiguientes costos para la sociedad. Sin embargo, la pretensión de hacer efectivos los créditos en sus condiciones originales (ejecuciones) podría llevar, en la mayoría de los casos, a la destrucción de unidades productivas que podrían ser viables o, en el mejor de los casos, a una concentración de la propiedad inconveniente desde varios puntos de vista: de la competencia en el mercado, del empleo y de sus efectos sobre la cohesión social y económica del país. 

A fin de rescatar las actividades viables, incluyendo las capacidades acumuladas por trabajadores y empresarios y la capacidad productiva de los activos, deberían buscarse instrumentos que permitan transformar todo o parte de la deuda de cada empresa en capital. Para esto, podría ser útil la figura del fideicomiso, pensado desde la perspectiva del Uruguay "productivo", o sea del interés de la sociedad de recuperar capacidad productiva y no desde la perspectiva del Uruguay "rentista" que ha conducido a esta situación. Descargar toda la responsabilidad en el deudor no sólo sería injusto; sería ineficiente desde el punto de vista social, e inconveniente, aun desde el punto de vista del acreedor. 

Fideicomisos con esa finalidad se podrían constituir a partir de "fideicomitentes" (los acreedores) que colocarían sus derechos como aporte patrimonial al fondo, obteniendo a cambio títulos representativos de su participación (cuotapartes), un "fiduciario" que podría ser una agencia especializada, preferentemente de carácter público e independiente con responsabilidad política efectiva frente al soberano, siendo el beneficiario los cuotapartistas. 

Esos fondos fiduciarios deberían tener la magnitud suficiente como para justificar el costo de calificación de los títulos de participación emitidos y permitir cierta "profundidad de mercado" para los mismos. Los créditos incorporados a los fondos deberían corresponder a empresas con negocios viables de sectores diversos, evaluados por profesionales acreditados y responsables técnicamente por el proyecto. El fiduciario debería contar con servicios de supervisión de la gestión de negocios de las empresas capitalizadas por el fondo (síndicos), de forma de representar correctamente los intereses de los "accionistas" (cuotapartistas del fondo). 

Estos fideicomisos emitirían, como se dijo, títulos representativos de cuotapartes en el fondo que, originalmente, serían entregados a los titulares de los créditos. Éstos se convertirían así en cuotapartistas de un fondo indiviso, participando en los beneficios totales del fondo a prorrata de su participación. En tanto esos títulos cuenten con la calificación necesaria, pueden ser negociados en el mercado secundario a fin de convertirlos en liquidez, dependiendo su valor de consideraciones sobre la rentabilidad del fondo en su conjunto y no de una empresa en particular. 

Cualquiera sea la solución, si no apunta a resolver el problema básico de descapitalización empresarial y permanencia del riesgo moral, dentro de un tiempo estaremos enfrentados nuevamente a él y, lo que es peor, no habremos podido fortalecer la anémica tasa de inversión que muestra la economía desde hace más de cuarenta años. 

Pues bien, el Uruguay, a ojos vista, ha sido barrido, sin duda y ostensiblemente, desde el año 2002, por una plaga de langostas que no tiene su alimento en el campo sino en los activos financieros, públicos y privados.

 

Asimismo, nuestro país, luego nosotros los uruguayos, padecemos, quien más quien menos, pero todos sin excepción, en una falta de asunción de responsabilidades, públicas y privadas, que han conducido, por la inacción de muchos, y por la acción rapaz de algunos, a la peor crisis económico-financiera del Uruguay en el siglo XX y obviamente en lo que va de este incierto, pero ineludible, siglo XXI.

 

Restablecida la democracia se tuvo en consideración una de las ideas del líder nacionalista Wilson Ferreira Aldunate, respecto a lo que luego dio en llamarse Corporación Nacional para el Desarrollo, si bien en los hechos, jamás cumplió ni el menor atisbo de lo deseado por el hoy recordado dirigente político.

 

La Corporación, para decirlo tibiamente, es uno de los grandes agujeros negros de nuestro sistema.

 

A su vez, iniciemos la lectura crítica de esta valiente ponencia del ciudadano Cancela:

 

Cuando al inicio de su artículo, detalla que va a detenerse en el endeudamiento empresarial, “no porque el de las familias no sea importante sino porque involucra aspectos que tienen que ver directamente con las posibilidades de la inversión, factor señalado por casi todos como el decisivo para intentar la solución de los problemas de empleo”, no puedo menos que discrepar enfáticamente con esta apreciación.

 

¿Por qué? Por varias razones:

 

1-     Porque una y otra vez, el tema del endeudamiento de las familias se dispara “hacia un momento posterior”, siendo este el “nunca jamás;

2-     Porque sabido es, las instituciones financieras, a través en no pocos casos de colaterales de los bancos, son quienes están por detrás de este “universo” en el cual, habida cuenta de la permisividad oficial, es posible cobrar tasas tremendas que si fueran llevadas al ámbito bancario, estarían penalizadas como de usura. Luego: se permite distenderse a través de quién? De la persona física, de bajos recursos y débil defensa;

3-     Con tales atributos, por un lado estas empresas lucran a mandíbula batiente, en tanto el Estado mira para otro lado y no asume la emisión encubierta de moneda que la existencia misma de los plásticos y otros sistemas de crédito al consumo representa;

4-     Un aspecto crucial en el ámbito de un sistema capitalista: si no hay consumo menos puede haber inversión. Es decir: si el consumidor tipo, o si quieren para no hacerlo tan aritméticamente, si las franjas socioeconómicos de consumidores en el Uruguay, son, en su gran mayoría, cuasi inexistentes en su capacidad operativa, ¿quién va a querer invertir en nuestro país?;

5-     Esto es: la inversión antes que venir, despierta su interés, si ve un mercado o una sumatoria de mercados en donde la ecuación rentabilidad/seguridad, tiene un exponente superior al cero y cercano al dígito internacionalmente ponderado como apropiado, en el sector que fuere;

6-     Por tanto, sin consumidores no sólo no hay inversión sino que las empresas fenecen y el Estado cruje, como cruje hoy el nuestro, por los cuatro costados.

 

Establecido este punto, para mí crucial, prosigamos con la lectura de la solución propiamente dicha que ofrece Walter Cancela.

 

Dije antes de la triste experiencia de la Corporación Nacional para el Desarrollo y aquí, en esta solución no se dice que se redimensionará la existente Corporación sino que, a resultas de la idea de crear un fideicomiso (con un sistema operativo bastante similar al que hoy supuestamente debiera brindar la Corporación), promueve lo que yo entiendo por crear otro organismo, cuando dice: “un fiduciario que podría ser una agencia especializada, preferentemente de carácter público e independiente con responsabilidad política efectiva frente al soberano, siendo el beneficiario los cuotapartistas.

 

En fin, volvemos a desatender los aspectos esenciales y disparadores de la falta de emprendimientos en nuestro país, tratado ya el monumental y escandaloso hecho que conmoviera –y conmoverá por muchos años a nuestro país- con la eclosión en el 2002 de la crisis financiera antes la falencia, estructural, de cifras siderales en millones de dólares.

 

Aquí falta hablar de lo obvio: políticas productivas con sentido social; ampliación de la base distributiva con incentivo y generación de emprendimientos sectoriales que vayan atendiendo tanto la desocupación como la carencia misma de horizontes productivos en lo empresarial y naturalmente en lo que a exportaciones se refiere.

 

No podemos ni debemos caer nuevamente en lo financiero, en el dibujo docto pero falto de sustrato ético, si de moral se habla, que desatiende una vez más y para siempre, a la persona humana.

 

La sociedad tiene un compromiso consigo misma y es de la responsabilidad. Y responsabilidad social no comienza generando “ofertas para el mercado secundario” sino facilitando emprendimientos para el microempresariado.

 

No volvamos, términos más, términos menos, a una nueva “compra de carteras”. Por favor, no.

 

Yo como el que más, deseo que sea 2 de marzo del 2005. Pero cuando leo lo que hoy leí y con ustedes comento, quedo sumamente preocupado. Busquemos ser creativos pero desde lo solidario, siempre. Incluso en lo económico-financiero. Porque no sólo se puede sino que se debe. Nos lo debemos todos.

 

Veamos de mejorar estas ideas. Es posible y aun hay tiempo.-

 

hectorvalle@adinet.com.uy

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